Por Magda Olguín

Comenzó el 2024 con grandes cambios y malas noticias en nuestro entorno, con el fallecimiento de personas importantes en la capital Tolteca, pero, sobre todo, a nivel personal creo que para todo este año será de grandes cambios que nos brindarán fortaleza y crecimiento.

Cuando hablamos de la muerte, la mayoría de las veces nos referimos a ella como algo aterrador y en algún momento de la vida solemos tenerle miedo. Sin embargo, es lo único que tenemos seguro y certero el día de hoy…

El fallecimiento de mi querida Fernanda Niño esta semana me hizo reflexionar sobre el tema, al asistir a su funeral y homenaje me di cuenta de que, efectivamente, no te llevas nada, pero si siembras grandes cosas cosechas mil más.

La muerte es un tema profundo y universal que ha intrigado a la humanidad a lo largo de la historia ya que es parte inherente del ciclo natural de la vida. Nacemos, crecemos, vivimos y eventualmente morimos. Aceptar la muerte como una parte natural de la existencia puede ayudarnos a apreciar más plenamente la vida que vivimos.

La conciencia de la mortalidad puede dar un significado más profundo al tiempo que tenemos. Nos impulsa a valorar cada momento y a aprovechar las oportunidades para vivir una vida plena y significativa.

Muchos reflexionan sobre el legado que dejan detrás. ¿Cómo seremos recordados? ¿Qué impacto hemos tenido en los demás y en el mundo? Estas preguntas pueden motivarnos a vivir de manera auténtica y a contribuir positivamente al bienestar de los demás.

Respecto al miedo que le podemos tener a este ciclo de la vida, la muerte a menudo se rodea de miedos y tabúes en la sociedad. Reflexionar sobre estos aspectos puede ayudarnos a superar el temor a lo desconocido y a abordar la muerte de manera más serena y consciente.

Diferentes religiones y filosofías ofrecen diversas perspectivas sobre la muerte. La creencia en una vida después de la muerte o la idea de la reencarnación son aspectos que pueden influir en cómo enfrentamos la idea de morir.

La efimeridad de la vida puede ser vista como algo hermoso. La floración y marchitamiento de las flores, la puesta de sol y otros ciclos efímeros nos recuerdan la belleza en la transitoriedad. Porque al final y al cabo estamos aquí de paso y seremos recordados por esos pequeños detalles que día a día construimos en nuestro entorno.  

La muerte también nos confronta con la pérdida y la despedida. Aprender a lidiar con estas experiencias puede ser un proceso doloroso pero enriquecedor, permitiéndonos crecer y aprender sobre la fragilidad de la existencia. De la noche a la mañana esa persona ya no está, se ha ido y entonces la vida comienza a cambiar y nosotros, los que nos quedamos tenemos que seguir adelante.

Dentro de las cosas positivas de la muerte está que puede unir a las personas en momentos de pérdida. Reflexionar sobre la fragilidad de la vida puede fortalecer los lazos humanos y fomentar una mayor compasión y empatía.

La muerte, en muchos sentidos, sigue siendo un misterio. Reflexionar sobre lo desconocido puede llevarnos a preguntas filosóficas más amplias sobre el propósito de la vida y nuestra existencia. La conciencia de la muerte puede motivarnos a vivir en el presente, a apreciar las pequeñas alegrías y a construir relaciones significativas, ya que el futuro es incierto.

Con estas reflexiones sobre la muerte no pretendo ofrecer respuestas definitivas, ya que las creencias y experiencias sobre ella son personales y varían enormemente. La muerte es parte integral de la experiencia humana, y reflexionar sobre ella, irónicamente puede enriquecer nuestra comprensión de la vida.

Sirvan estas líneas de consuelo para quien ha perdido a un ser querido en este principio de año, un año lleno de esperanza y fe que nos mueve de pies a cabeza, dense un minuto para reflexionar y cuestionar ¿qué estamos haciendo bien en esta tierra para ser recordados después de la vida? Una cosa es segura, nacemos para estar vivos… y eso debemos hacer: VIVIR.

Mis redes sociales son: Magda Olguín en Fb y @Malenitaol en IG.  Nos leemos pronto. *NI*

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