*En su homilía ante el altar de la Virgen de Guadalupe en la Basílica en su honor, el obispo de Tula Juan Pedro Juárez pidió también reconstruir el tejido social.

*Ante miles de feligreses que acudieron muchos de ellos a pie desde diversos municipios de la Diócesis, oró para que la fe del pueblo pueda producir frutos de vida; de vida digna en Cristo Jesús.

En el marco de la sexagésima segunda peregrinación de la Diócesis de Tula a la Basílica de Guadalupe, el obispo Juan Pedro Juárez Meléndez, acompañado de la mayoría de los sacerdotes, ofició solemne misa al pie del magno altar consagrado en honor de la Morenita del Tepeyac y ante miles de feligreses venidos –muchos de ellos a pie- de varios   de los municipios que en el estado de Hidalgo forman parte de este obispado.

Al comenzar su homilía el Obispo dio gracias a Dios por los 60 años de peregrinación de la parroquia de Lagunillas en Ixmiquilpan y por los 95 años de la de San Francisco en Tlahuelilpan y recordó a quienes fallecieron hace cinco años en la tragedia ocurrida precisamente en ese lugar.  Asimismo, reconoció la participación hoy del Coro de la Catedral de Tula.

Juan Pedro Juárez recordó las palabras que el pasado 12 de diciembre el Papa Francisco emitió en Roma en el aniversario de la aparición de la Virgen en el ayate de San Juan Diego. Añadió que el mensaje guadalupano no tolera ideologías de ningún género. Por ello en 1979 cuando el ahora santo Juan Pablo Segundo se postró ante este altar dijo que “la Virgen de Guadalupe era el ejemplo perfecto de la inculturación del evangelio; de cómo el evangelio se hace cultura y pasa a forma parte de la forma de modo de pensar y sentir de un pueblo”.

El Obispo dejó claro que “hoy más que nunca necesitamos de la Virgen porque queremos construir un México más justo, más fraterno y en paz. Queremos reconstruir desde nuestras familias el tejido social que se sigue destruyendo”. Pidió dar gracias a Dios porque no abandona a esta nación y desde este cerro del Tepeyac intercede por todos.

Juan Pedro habló de la necesidad de que en México se respeten los derechos fundamentales, a la vida y a la libertad de las personas, a la libertad de expresión, a la libertad de los padres de educar a sus hijos, a tener un trabajo honesto, digno y bien remunerado, a una vivienda digna, a que el bien común sea una realidad para todos y al mismo tiempo para que cada uno asuma la parte que le corresponde.

Pidió por los miles de migrantes que atraviesan Hidalgo, por los que no tienen en donde pasar la noche, por los niños y adolescentes, huérfanos y abandonados. Pidió también por las parroquias y pequeñas comunidades para que la fe se manifieste en las buenas obras y tengan impacto en la reconstrucción del tejido social.

Recordó que “nuestro destino no es el odio, sino la armonía; no la guerra, sino la paz”. Refrendó la fe de los católicos, porque a veces los acontecimientos la ponen a prueba. El Obispo pidió por las mujeres que han sido víctimas de la violencia en nuestra tierra como hijas, hermanas, esposas y familiares.

La Basílica de Guadalupe, el templo católico más grande de América se vio a su máxima capacidad, esta vez incluso fue necesario colocar cientos de sillas ya en el atrio. Adentro y afuera todos atentos escuchando el mensaje del líder espiritual de la Diócesis de Tula.

De manera especial Juan Pedro Juárez pidió por el éxito en el proceso de canonización del Padre Javier Hernández quien fuera párroco en Progreso, Hidalgo y murió en fama de santidad. Pidió para que “la fe de nuestro pueblo pueda producir frutos de vida; de vida digna en Cristo Jesús que impacten en la construcción de una sociedad más justa, fraterna y en paz”, terminó diciendo. (JOGUARO)

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