Por José Antonio Trejo Rodríguez.

Es en el poema de Clement Clarke Moore, publicado en Nueva York en 1823, “Una visita de San Nicolás. La noche antes de navidad.” en donde por primera vez se conoce a Santaclós y a sus ocho renos: “Dasher (alegre), Dancer (bailarín), Prancer (saltarín), Vixen (juguetón), Comet (cometa), Cupid (cupido), Donder (trueno), Blitzen (relámpago)”. El escritor colombiano Jhon Monsalve realizó una traducción del poema y lo publicó en su blog de internet; uno de sus lectores, Juan A. Galán, compartió su excelente versión de la traducción, incluso recibiendo elogios de Monsalve. Aquí la tiene, ese es nuestro regalo de navidad, espero que lo disfrute en compañía de sus seres queridos:

 UNA VISITA DE SAN NICOLÁS

Autor: Clement Clarke Moore.

Traducido por Juan A. Galán.

Era tarde en Nochebuena, nada en la casa se oía,

hasta el ratón de alacena con su familia dormía.

De la repisa colgaban, calcetines en la chimenea,

San Nicolás, al llenarlas, tendría una gran tarea.

Los niños dormían ya y soñaban sutilezas,

imaginando visiones en sus pequeñas cabezas,

Y mamá con su pañuelo, y yo con mi mejor gorra,

antes de una buena siesta, sentíamos la modorra.

Cuando afuera en el jardín, se formó un gran alboroto,

salí de mi cama a saltos, parecía un terremoto.

Corrí y abrí la ventana, levantándola hasta el tope,

las cortinas separé, pues creí oír un galope.

La luz de la luna llena se reflejaba en la escena,

e iluminaba la nieve, como hace el sol con la arena.

Cuando yo vi ante mis ojos, de grata sorpresa llenos,

un trineo en miniatura tirado por ocho renos.

Los controlaba un viejito, ágil y con gran viveza.

“Debe ser San Nicolás”, pensé yo con gran presteza.

Él, aunque eran como águilas, de sus cursos era el guía

¡Silbando y con muchos gritos, sus nombres les repetía!

“iOh, Bailarín! ¡Oh, Alegre, Relámpago y Juguetón!

¡Jala Cupido! ¡Jala Trueno! ¡Jalen Cometa y Saltarín!

¡Suban pronto al tejado y a lo alto por la pared!

¡Suban con brío ahora mismo! ¡Todos, con brío, asciendan!”

Como las hojas ya secas que encuentran algún obstáculo,

se entrelazan con el viento en asombroso espectáculo.

Así subieron al techo, como en sus cursos volando,

en el trineo con juguetes a San Nicolás llevando.

Después de algunos segundos, yo pude oír satisfecho,

ruido de pequeños cascos que golpeaban en el techo.

En la mente estas imágenes y en mis talones girando,

por la chimenea vi a San Nicolás bajando.

Todo envuelto estaba en pieles, de los pies a la cabeza,

su ropa estaba manchada del hollín y la ceniza.

Una bolsa con juguetes de su ancha espalda colgaba,

parecía un vendedor que su mercancía cargaba.

¡Qué alegría en su sonrisa! ¡Qué brillo había en sus ojos!

¡Qué color en sus mejillas! ¡Qué nariz con tonos rojos!

Su boca, en un amplio arco, se abría en sonrisa leve,

y la barba en su mentón más blanca era que la nieve.

Una pipa ya gastada en sus dientes sujetaba,

y alrededor de sus sienes el humo lo coronaba.

Su cara era ancha y redonda, y un vientre grande tenía,

que como la gelatina temblaba cuando él reía.

Era un duende muy alegre, un viejo gordo y bajito,

y me tuve que reír, ¡aunque lo hice muy quedito!

Un giro de su cabeza y un guiño casi secreto,

hicieron que mis temores se esfumaran por completo.

Sin decir ni una palabra, a su tarea se dio,

giró sobre sus talones y los calcetines rellenó.

Tocándose la nariz, con un dedo y por el lado

¡Subió por la chimenea por alguna magia izado!

Saltó presto en el trineo, silbó casi sin aliento,

y los renos se alejaron como plumas en el viento.

Pero oí cuando exclamaba, ya inmerso en la oscuridad

“¡Pasen feliz noche buena y una Feliz Navidad!”

Amigas y amigos, esta es mi última columna del presente año, les agradezco infinitamente el favor de su lectura y de sus comentarios. Deseo sinceramente que su Navidad esté llena de amor y bienestar y que el año 2024 esté colmado de salud, dicha y prosperidad para ustedes y para los suyos. Reciban un abrazo respetuoso y fraternal de su amigo Toño Trejo. Nos leeremos el año que entra. *NI*

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