Por José Antonio Trejo Rodríguez.

Me encuentro al “chino” en San Marcos subiendo al pesero, su pelo ensortijado le hizo ganar ese mote entre propios y extraños; muy contento enfrenta la tarde con una gran bolsa llena de pan dulce y bolillos crujientes que lleva para la merienda de sus seres queridos. Cruzamos algunas palabras, suficientes para comentarme que, al llegar al centro de Tula, aún tendrá que tomar otro transporte para llegar hasta su hogar en la segunda del Llano.

Una llamada le interrumpe, responde y enseguida se nota que lo buscan para hacer varias chambas; lo respalda su fama de experto en colocar paredes falsas a excelentes precios y calidad. Irremediablemente el pesero se va llenando y al cruzar por el puente del libramiento ya no levanta a más pasajeros, porque ya no caben, no porque piense en la comodidad de quienes vamos dentro de la atiborrada camioneta. El chino solo comenta, con la mochila de un parroquiano sobre sus rizos: “Ojalá y hubiera un camión que corriera por el libramiento, tanta vuelta que me ahorraría para llegar a la casa.”

La parada de la Elektra está al tope: camionetas, camiones, taxis, autos particulares, luchan por un espacio que les permita bajar a sus pasajeros. La acostumbrada dinámica se acrecienta por las maniobras que realizan los trabajadores del río Tula. “El chino” resignado cruza la calzada y enfila sus pasos hacia el frente del ex IMSS para tomar su pesero a la segunda; al ver el tráfico, las filas de personas que esperan en la esquina del Lizbeth dicen que pretendía bajarse en la parada de la presidencia, pero estaba tan lleno su transporte que no pudo hacerlo.

La tarde va cayendo y la calle Xicoténcatl, carente de lámparas de alumbrado público dificultan ver cuál ruta se acerca; la banqueta está repleta de personas indocumentadas que buscan llegar a Nopala para tomar el tren hacia el norte; San Pedrito y Teocalco no son opción para ellos, allí el tren pasa corriendo a buena velocidad ¡Imposible colgarse de sus carros!

Sus voces son alegres aún en la adversidad del largo viaje. Algunos preguntan cómo llegar a Huichapan, otros a Bojay. Todos con el objetivo de llegar a los Estados Unidos, para tener mejor calidad de vida. El frío decembrino comienza a calar, ellos llevan cobijas en los hombros, gorros, chaquetas; lejos quedaron sus acostumbradas ropas ligeras y chancletas.

“En 10 minutos” responde el “despachador” a la pregunta de un viajero que inquiere sobre el paso del que va a “Atitalaquia”, mientras informa al chofer del Tepeji que delante de él va una camioneta hacia Pueblo Nuevo. Las personas suben y pacientes aguardan a que el camión reanude su marcha ¿Por qué tardará tanto en hacerlo? Nadie lo sabe, Mientras, atrás del camión, aguardan camionetas y autos ansiosos de avanzar hacia la Melchor Ocampo.

“¡Hola, tío!” Me saluda con jovial alegría “Isra”, me platica que viene del CETis de Nantzha y ahora ya se dirige a su casa en San Lorenzo. A pregunta expresa explica que debe madrugar para tomar un transporte que lo deje en el Centro y después camina hasta el cine Lindavista para abordar una camioneta que lo deja frente a su escuela. Al salir de clases y de sus entrenamientos de básquet vuelve sobre sus pasos: un pesero de Nantzha al Centro y de allí otro a San Lencho.

Le acompaña su primo Luis Ignacio, Ingeniero egresado de nuestra máxima casa de estudios, que radica en El Canal, “Mira, yo tomaba el camión en El Carmen y atravesaba caminando de San Marcos por La Tolteca, pues no me convenía tomar dos transportes, una por el pago de doble pasaje y otra por el tiempo. Al salir de clases hacía lo mismo, pero de regreso”. Pero aún no habíamos conocido otro caso, “Mi muchacho estudiaba en la UT y salía hasta las 10 de la noche ¡Imagínese Toñito! Muchas veces teníamos que ir a encontrarlo porque ya no había transporte para regresar hasta Tlahue”, me comparte su tía doña Rosita.

Los peseros hacia Achichilco pasan reventando de tanto pasaje, ya ni siquiera hacen por detenerse, sería imposible subir a alguien más. Las personas, más resignadas que desesperadas, quedan esperando a la siguiente unidad, a ver si hay suerte. “Toño, vámonos caminando; échenos un raid me dice la prima Caro, acompañada por su marido Many, muy risueños” Respondo con aplomo que sí, que sirve que nos compramos una cerveza en la tienda para irla sorbiendo al platicar y caminar.

Me toman la palabra y allá vamos a pincel. Entramos en la primera tienda que nos hallamos, por cierto, bien surtida de bebidas hechas con cebada bien heladas. Elijo una que lleva el nombre de un océano, Many una de barril y la prima prefiere un yogurt y unas botanas. La plática hacia la casa se aligera, el clima está más que fresco, pero el calor de la caminata nos hace sudar y tomar con avidez nuestra refrescante bebida.

Vamos llegando a casita y en broma les digo a la prima y al primo que en la esquina me bajo. Sonreímos de buena gana y hacemos votos por encontrarnos más seguido para repetir la experiencia de una caminata aderezada por una buena plática y una refrescante bebida. Por la calle solo vemos pasar a los peseros rebosantes de pasaje. No nos puede, ya llegamos y con bien, a Dios gracias. *NI*

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *