(7a y última parte)

Ahora a las Basílicas Mayores

Después de la emoción de ver de cerca al santo Papa, seguimos en Roma.  Es jueves 19 y aunque está claro que no vamos a conocer la ciudad, sino apenas una parte pequeña de esta gran metrópoli, salimos del hotel, muy bien desayunados para iniciar nuestro recorrido aquí.

Se trata hoy de conocer las basílicas y comenzamos con la de San Juan de Letrán o del Santísimo Salvador, nos precisa nuestro señor Padre, es aquí la catedral justamente de Roma. Aquí están los restos del papa León XIII, el primer prelado que se refiere a temas sociales, más allá de los religiosos.

Es la más antigua de las cuatro basílicas papales y la de rango más alto. Ya lo dice su fachada en latín “madre y cabeza de todas las iglesias de la ciudad de Roma y de toda la tierra”. La catedral forma parte de un gran complejo fundamental que comprende también el obelisco, el palacio de Letrán y el santuario de la Escalera Santa.

Después de esta primera visita vamos ahora, siempre a bordo del bus, a conocer la Basílica de Santa María Mayor. Es aquí donde el papa Francisco lleva a cabo su primera visita oficial como tal. Se trata de una verdadera joya que conserva en su interior obras de gran valor artístico, cultural y religioso. Es una de las basílicas más entrañables para todos, pero en especial para los romanos pues conserva miles de recuerdos de la vida cotidiana, de devociones populares unidos siempre a la figura de María. Se localiza sobre una de las colinas de la urbe romana y su campanario de 75 metros es uno de los más altos de Europa. A esta Basílica también se le conoce como Santa María de las Nieves, pues un 5 de agosto en el verano, la colina del Esquilino apareció cubierta de nieve.

Ahora vamos a la Basílica de San Pablo, que se localiza en la periferia de la ciudad. Además de ser una de las cuatro basílicas mayores en Roma, es una de las cinco más antiguas y es la segunda mayor apenas detrás de la de San Pedro.

Aquí hubo oportunidad de escuchar -en una de las capillas- misa a cargo del padre José Miguel, quien en el sermón nos habló de quién fue San Pablo, cuyo cuerpo yace en este histórico lugar. Su construcción representa el llamado arte paleocristiano y en 1990 fue incluida en la lista del Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

Hacemos un receso en este tan interesante recorrido, pues hora de ir a comer y prepararnos pues nos falta disfrutar el recorrido a los museos del Vaticano, la capilla Sixtina y   la Basílica de San Pedro. Quisiéramos que nunca se acabaran estas horas, estos días de caminar por estas tierras benditas, mientras nos encaminamos al siguiente punto.

Comimos muy cerca de los llamados museos del Vaticano, de manera que en cinco minutos ya nos estamos formando para ingresar. Por políticas del lugar esta vez del grupo se hicieron dos, con 30 personas cada uno. No pueden ser más numerosos, se nos informa.

El lugar se define como las galerías y el conjunto de estancias de gran valor artístico e histórico propiedad de la iglesia que se encuentran ubicados en esta ciudad del Vaticano. Son ciertamente una extensa colección que cada Papa ha tratado de ir aumentando.

Su origen data de 1500 con la colección del cardenal Giuliano Della, después Papa conocido como Julio II. Benedicto XIV reorganizó las salas en 1740. Para 1880 se tomaron nuevas medidas y 60 años después hubo cambios significativos. Pio XI en 1932 abrió la Pinacoteca y en 1973 con los nuevos criterios del Concilio Vaticano se fundó la colección de Arte religioso Moderno, así como con Paulo VI se abrió el llamado museo de las Carrozas.

Enseguida pasamos a la Capilla Sixtina que fue construida entre 1471 y 1484 en la época del papa Sixto IV, del cual se deriva precisamente su nombre. La decoración pictórica es obra de Miguel Ángel. En el centro de la Bóveda se representan nueve escenas rectangulares sobre la creación y caída del hombre. La composición gira en torno a la figura de Cristo Juez con un gesto de poderosa autoridad y una anatomía atlética.

Las filas para acceder son enormes, y así son todos los días del año nos revela la guía Alexia. En este viaje en grupo, incluye el costo de entrada a lugares como éste, de manera que esta vez no es un tema que nos preocupe.

Para cerrar de la mejor manera este día de visitas tan importantes como las que les hemos referido, entramos ahora a la inmensa Basílica de San Pedro. Vimos el escenario de ayer, igual con miles de personas de todo el mundo, pero ahora sin la presencia del Santo Padre. Aunque sí nos podemos enterar que hoy la Basílica se cierra a las 5 de la tarde en lugar de las 7, porque el Papa va a tener una importante reunión.

Por mientras hemos de saber que este imponente edificio mide 218 metros de largo y 136 de altura, cuenta con una superficie de 23 mil metros cuadrados. Cabe tener presente que la que vemos es la segunda Basílica; la primera la construyó Constantino en el año 319. Sobre los mismos terrenos se hizo la que ahora vemos, allá por los años de 1503-1513, como encargo del papa Julio II.

Al entrar del lado derecho podemos apreciar la escultura de la Piedad, la obra maestra de Miguel Ángel; enseguida la tumba de San Juan Pablo II. No podemos perder de vista que la Basílica de San Pedro es la sede universal de la iglesia católica y además la morada del papa. Caminar nos lleva a un recorrido a través del arte, la fe y la espiritualidad. ¡Una experiencia inolvidable!

Pero son casi las 5 y el personal del lugar nos invita a salir y con ello se terminan hoy las actividades del grupo. Vamos de regreso al hotel y decidimos ir a un lugar muy cerca llamado Trastévere, que significa justamente del otro lado del río Tíber.   Es un barrio en donde los colores, su ambiente, son un destilado de la vida y el sabor en Roma. El regreso y a dormir, porque mañana nos vamos de regreso.

La salida del hotel a las 7.30 ya desayunados y en menos de 30 minutos ya estamos en el aeropuerto de Roma.  Nuestro grupo se ha dividido en tres. El primero con seis de los que el Padre bautizó como los San Francisco. Son mexicanos originarios de Michoacán, pero desde hace años avecindados justamente en San Francisco en Estados Unidos. Son tres hermanos y cada uno con su esposa.

Del segundo nosotros somos parte y ya estamos comenzamos, sin contratiempos, el trámite de manera que estemos listo a las 10.40 para abordar en el vuelo 893 de Air Canadá un enorme avión 777-300ER que en un poco más de ocho horas nos ha de llevar a Montreal, Canadá, ya del lado de América, pero todavía lejos de nuestro México.

La espera es larga, porque de la hora oficialmente programada de irnos 7.20 de la noche, dos horas antes se nos avisa que saldremos a las 9. No hay más que esperar y mientras unos dormitan en algún asiento del amplio aeropuerto Pierre Elliot Trudeau, otros a caminar de aquí y de allá mientras llega la hora de partir.

Finalmente, el avión, es mucho más chico que el primero, levanta vuelo cerca de la 9.30 y cinco horas más tarde estamos aterrizando en la Ciudad de México, de manera tal que con las dos horas de diferencia son las 12.30 ya del sábado 21 cuando pisamos nuestra tierra. De aquí a Tula para el último jalón para arribar a suelo tolteca en un bus de la AVM alrededor de la 3 de la mañana.

Ha sido un viaje intenso, con muy bellos e importantes lugares, sobre todo para los católicos. Agotador, sin duda. Fueron 19 días y salvo en dos lugares, con estadías no mayores a un día. Un ritmo en verdad impresionante. Con la oportunidad de estar en misa casi a diario con el padre José Miguel, nuestro guía espiritual y además a pesar de su juventud, amplio conocedor de estas tierras, de su historia, de nuestra religión, la católica (fin).

Por hoy es todo, nos leemos en la siguiente entrega, pero… En Confianza.

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