*Su exhibición culminará el 4 de febrero. 

Por Francisco Villeda 

Aproximadamente 5 mil piezas, algunas de ellas realizadas con material de reciclaje, integran el tradicional nacimiento de Mari Espíndola Ramírez, quien desde hace 50 años lo coloca en su vivienda, situada en Tula de Allende, como agradecimiento a dios por los favores recibidos durante el año. 

Dos meses y medio tarda en colocarlo en el patio de su casa, y cada 1 de diciembre realiza una ceremonia de encendido, misma que cuenta con la visita de un sacerdote para la respectiva bendición, pirotecnia y después de ello se realiza un convivio entre vecinos, en el que este año repartió chilaquiles y bolillo. 

Desde hace 30 años abrió su nacimiento al público, por lo que desde entonces cada año cientos de personas arriban a su domicilio, ubicado en el número 10 de la calle Teodomiro Manzano, en la colonia Jalpa. 

Pero durante el periodo de la contingencia sanitaria a causa de la pandemia de covid-19 el nacimiento estuvo cerrado al público, como medida de precaución para la propia Mari y su familia. 

Sus hijos, ahora de 50 años, crecieron con esta tradición, misma que ya le valió varios reconocimientos, entre ellos uno de parte de la Universidad Tecnológica Tula-Tepeji (UTTT), por preservar y promover las tradiciones mexicanas. 

Relata que desde el 2 de diciembre está abierto al público “para quien guste venir a admirarlo, a verlo, a apreciar esta obra de fe”, de 9 de la mañana a 8:30 de la noche, Mari Espíndola, una mujer de trato amable y fe inquebrantable, explica a los asistentes cómo está conformado el nacimiento y sus detalles, les enseña la primera casa miniatura que construyó para este nacimiento, y la cual está inspirada en la vivienda de su padre, ya finado. 

Cada año le agrega una figura, una nueva pieza por lo menos, pues el espacio que le queda en su patio ya es muy reducido, lo que dificulta que se pueda extender más este mega nacimiento que cuenta con 90 casas construidas con material de reciclaje, las cuales representan a su familia amplía. 

Las casitas están hechas de cáscara de coco, cáscara de caña, varitas, cohetones de cartón, de madera, de tepojal, de piñones, de piñas de pino, de ocote, ventanas de cazuela de barro y demás materiales, además de un cielo azul con tela quirúrgica. 

A pesar de las restricciones de espacio busca la forma de ampliar el nacimiento, el cual cuenta con todo tipo de escenas, desde gente haciendo el pan hasta un volcán que emana humo entre la lava. 

Las labores para el retiro del nacimiento comenzarán el próximo 4 de febrero, y para ello levanta figura por figura, las limpia con una brocha especial y las envuelve en papel de estraza y se guardan en bolsas o cajas, acción que realiza durante un mes completo. 

Algunos asistentes dejan un mensaje en la lista de visitas o registro, mensajes de aliento, de felicitaciones para la labor que Mari realiza para preservar esta importante tradición, la cual hace su casa una de las más visitadas del municipio, pues calcula que anualmente los visitan aproximadamente 3 mil personas. 

Cada año gasta aproximadamente 15 mil pesos para preservar esta tradición, pues ella corre con todos los gastos para colocar el nacimiento, así como para alimentar a los visitantes a la inauguración y también al levantamiento del niño dios. 

Mari señala que continuará con esta tradición hasta que Dios le preste vida y espera que su familia continúe con esta tradición, que ya la ha convertido en un personaje de Tula, un personaje icónico y de buen trato, con una gran fe que cada año crece más y más. *NI*

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