Por MIGUEL ÁNGELES ARROYO

Como cualquier proceso artístico, el cine, responde a procesos históricos, sociales y culturales. Las historias representadas a través del cine nos permiten comprender mejor dichos procesos, pues nos muestran las complejas relaciones que surgen entre individuos y las historias que se entretejen.

En México, Arturo Ripstein es uno de los directores más reconocidos que ha mostrado, a través de sus cintas, la situación propia de nuestro país. Ripstein ha brindado a la cinematografía mexicana una perspectiva diferente, se tratan de filmes que representan el infierno del día a día en México, personajes atrapados en relaciones familiares enfermizas, estereotipos acuñados en nuestra sociedad que lastiman, las aporías e ironías de la vida.

Sus cintas muestran lo decadente o grotesco que puede llegar a surgir en una sociedad, sin embargo, gracias a la distancia que brinda el cine, nos permite reflexionar sobre ello y hacer visible lo que puede resultar incómodo de ver.

La vida y obra de Arturo Ripstein se encuentra relacionada con el contexto social, cultural y político que se vivía en México en la década de los setenta, sus principales y más reconocidas películas fueron grabadas en estos años. Como menciona en algunas de sus entrevistas, el cine en aquellos años respondía a intereses nacionalistas, pues se tenía la idea de un México idílico, donde había orden y paz. Sin embargo, el trabajo de Ripstein se posiciona como contestatario e iconoclasta.

Una de sus principales películas que da muestra de ello es “El castillo de la pureza” (1972), la historia nos presenta la vida de un padre de familia que, bajo la idea de un ideal humano y de pureza, decide mantener en aislamiento a su familia, alejados de los vicios mundanos de la sociedad. En la cinta podemos ver las relaciones de poder que se tejen en los vínculos familiares, la necesidad de mantener orden y control sobre los otros con discursos de culpa y violencia. El padre, que se dedica a vender veneno para ratas, visita centros nocturnos y acosa a mujeres al exterior de su casa, lo que refleja la doble moral de los humanos. Reflejando, lo compleja que puede resultar la condición humana, principalmente nos muestra el lado oscuro e incómodo de nosotros mismos.

Otra de sus cintas que causó impacto en la crítica mexicana fue “El lugar sin límites” (1978). En la década de los setenta en México, la sociedad respondía a valores conservadores, con roles establecidos de género que debían cumplir hombres y mujeres. Aquí, Ripstein muestra una problemática social en la que la falta de apertura sexual se convierte en machismo, que se da con mayor incidencia en zonas rurales. La historia de “La Manuela” representa a un personaje homosexual y travesti, que se enamora de un hombre 30 estereotípico, considerado macho, pero que en el fondo responde a los sentimientos de Manuela; “El lugar sin límites” retrata el lado del deseo oculto y la represión sexual en la sociedad mexicana, así como la violencia y agresiones machistas que se viven dentro de ella.

Posiblemente, una de las cintas menos reconocidas en la carrera del cineasta mexicano sea “La tía Alejandra” (1980), con la que incursiona en el cine de terror. Con una idea sobre las brujas apegada al imaginario mexicano, la historia comienza con la llegada de una tía misteriosa a una familia, que después de asentarse en casa, inicia una serie de eventos trágicos para los integrantes. La película aborda cuestiones como la brujería y el ocultismo ambientado en México, en la que un hechizo aparece como un suceso fatídico o infortunios.

La propia historia del cine nos ha demostrado que su poder emocional es enorme y contribuye a reforzar, modificar o cambiar nuestro sistema de creencias. Si pensamos en la relación que existe entre el cine y los Derechos Humanos, podemos observar que es difícil encontrar creaciones en las que los Derechos Humanos no estén presentes o implicados de alguna manera.

La filmografía de Arturo Ripstein es amplia, y si bien algunas de ellas fueron grabadas en décadas anteriores, resultan actuales por ciertas problemáticas que continúan permeando a la sociedad mexicana. La perspectiva incómoda y cruda del cine de Ripstein nos permite mirar al infierno que habita entre nosotros, en las sociedades que habitamos. *NI*

Por Nueva Imagen de Hidalgo

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