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*¡YO SOY LA REVOLUCIÓN!

Por José Antonio Trejo Rodríguez.

¡Venustiano Carranza el pacificador! Se lee en una gran pared mientras cuatro personajes caminan hacia el paredón, el sol cae a plomo. En la plaza de los que nos enteraremos un poco más adelante es Tlaxcala, los espera un pelotón de “rurales” con su impecable traje de faena en color gris y sombrero del mismo tono; un grupo de mujeres suplica por las vidas de los sentenciados, uno de ellos grita “Morimos porque queremos tierra y libertad. Viva México”, otro más se cubre la cara con un pañuelo, los otros dos se abrazan a modo de despedida. El sargento da la orden y una descarga acaba con las vidas de tres, uno queda herido y exige a uno de sus verdugos que acabe con su vida, un tiro certero termina con su agonía.

Una voz en italiano, con subtítulos en español indica: Un millón de muertos. Este fue el trágico resultado de la sangrienta revolución mexicana. Por un lado, estaban los generales del ejército conservador. Y por el otro una masa desordenada de peones a las órdenes de los generales revolucionarios”.

Es el inicio de la película italiana de 1966, inscrita en el género conocido como “Spaghetti western” con el raro título de “El Chucho ¿Quién sabe?” que a nivel internacional se conoció como “A bullet for the general” y en Latinoamérica como “Dios perdona ¡Yo no!” y que en las redes sociales especializadas en el género y hasta en YouTube se conoce como “Yo soy la revolución”. Dirigida por Damiano Damiani, con musicalización de Luis Bacalov y Ennio Morricone.

De acuerdo con especialistas del género, la cinta se filmó en España, en los paisajes áridos de Almería, con cerros de caliza; lo cual es corroborado al observar a la máquina de vapor de la Red Nacional de los Ferrocarriles Españoles (RENFE) que aun cuando lleva las siglas “N de M” y un número en el costado, su plataforma en color rojo y sus tres faros al frente la hace inconfundible. Un carro de pasajeros porta la leyenda “Nacionales de México”, en el resto se lee “N de M”, les faltaría el escudo con el águila y la leyenda “Unir - Servir”.

La historia versa sobre un joven pistolero “Bill Tate” encarnado por Lou Castel, que ofrece al gobierno eliminar al general “Elías” interpretado por el gran actor mexicano Jaime Fernández, hermano de los también inmensos Emilio “indio” Fernández y Fernando Fernández “El crooner de México”. Jaime Fernández viste un elegante traje de charro en las pocas escenas en las que aparece.

Bill Tate se encuentra con “Chucho” interpretado por Gian María Volonté y su pandilla de facinerosos formada por “Pepito”, “Adelita”, “El pícaro”, “Eugenio”, “Matías”, “Vicente” y un rubio vestido como fraile: “Santos” interpretado por el gran actor Klaus Kinski, padre la gran actriz Natassja Kinski.

A Klaus se le puede admirar al lado de Helena Rojo en “Aguirre. La ira de Dios” y en una de las grandes cintas del género: “La muerte tenía un precio” del inmenso Sergio Leone, haciendo el papel de “Juan el salvaje”, junto al propio Volonté que interpretó a “El indio”, ambos compartiendo junto a los clásicos del género Lee Van Cleef y Clint Eastwood que hicieron historia en “El bueno, el malo y el feo”. De Natassja pueden buscar una película clásica que les va a encantar: “¡Tan lejos, tan cerca!” con el título original de “Faraway. So close!

El encuentro entre “Bill Tate” y “Chucho” se da cuando la pandilla asalta un tren pasajero con pertrechos en el que viaja “Bill” que comedidamente ayuda a los truhanes para luego unírseles y es cuando se gana el apodo de “El niño” haciéndose muy amigo de “Chucho”. El grupo de vale de artimañas para asaltar guarniciones militares, robar las armas y luego venderlas a los revolucionarios, aunque solo “Santos” cree que luchan por los ideales revolucionarios y ante la pregunta de “El niño” el festivo “Chucho” responde “Yo soy la revolución” portando una bandera envuelta en un tambor que hace sonar mientras comete sus fechorías, grita que ya empezó la fiesta y canta “Soy Chucho el del tambor, el azote del gobierno, vengo dispuesto a mandar, malditos a los infiernos”, tal como canta la gran Chavela Vargas “El corrido de Heraclio Bernal”, el llamado “Rayo de Sinaloa” que vivió durante el siglo XIX y cuya autoría se atañe a Cuco Sánchez, aunque también se puede localizar en Internet otro corrido de la autoría de Luis Hernández y Leonardo Sifuentes.

La banda se ve inmersa en la reorganización de un pueblo de nombre “San Miguel” y “Chucho” en compañía de un líder local nombra jefe político a “Pedrito”, previamente habían fusilado al hacendado. Ante el inminente ataque de los federales, “Chucho” intenta sin éxito entrenar militarmente a los habitantes de San Miguel, mientras su grupo se prepara para seguir su camino, abandonándolo a él y a Santos. “Chucho” se da cuenta de que la pandilla le robó una ametralladora y sale a buscarlos para recuperarla y venderla al General Elías, pero en el camino se enfrentan a un numeroso grupo de rurales a quienes pueden derrotar gracias a la ametralladora, pero con la pérdida de sus compañeros, quedando solo vivos él, “Adelita” y “el niño”.

Ella dice estar harta de la guerra y se marcha. Ellos siguen su camino hasta llegar a la guarnición del “General Elías” quien recrimina a “Chucho” haber dejado indefensa a la población de San Miguel que ha sido retomada por las fuerzas federales y lo condena a la pena capital que ejecutará su hermano “Santos” quien, al fin ha visto que “Chucho” es un pillo. Sin embargo “El niño”, apostado en una loma con un rifle de precisión ataca al “General Elías” matándolo con una bala de oro, de allí el título en inglés de la película y después dispara a “Santos”. En medio del alboroto “Chucho” y “El niño” huyen cada uno por su lado y se reencuentran en Ciudad Juárez.

“El niño” viste un elegante traje en color claro y un sombrero del mismo tono, “Chucho” lo encuentra en el lobby de un hotel y lo amenaza con un revólver. “El niño” le entrega 50 mil pesos en oro, la mitad de la recompensa que ha cobrado por matar al “General Elías”, ahora son ricos, visten con elegancia y gozan los placeres de la vida. Se disponen a marchar en tren hacia los Estados Unidos para hacer negocios, pero “Chucho” no tolera la actitud grosera y prepotente de “el niño” hacia las personas y antes de abordar el tren lo baleó. “El niño” colgado del vagón pregunta a “Chucho” el porqué de su decisión. “Chucho” responde ¿Quién sabe? de allí el título de la película. “Chucho” arroja la maleta con dinero a un bolero y le aconseja no comprar pan, sino mucha dinamita y a carcajadas corre en medio de los trenes hasta perderse.

“Yo soy la revolución” puede disfrutarla en el siguiente enlace https://www.youtube.com/watch?v=T2boaZ5dAEM ¡Pase un feliz 20 de noviembre! *NI*




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