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Urge rehabilitar el Puente Colgante

* Comunicaba a la col. 16 de Enero con el centro de Tula

*Se lo llevó la inundación hace ya nueve meses

*Lo que quedó del puente es hoy objeto de la rapiña. Sobre todo de los indocuementados, revela vecino.

Por MARLENE GODÍNEZ PINEDA


Es una vereda que ya pocos utilizan, al menos no como hace años cuando no existía el puente Benicia y los recién llegados trabajadores petroleros, y sus familias, tenían la necesidad de caminar de la Unidad Habitacional Pemex al centro de Tula, a través del puente colgante.


Ahí hay perros guardianes y un vecino se apura a advertirnos que pueden resultar peligrosos. Y sí existe el antecedente de ataque a un joven que caminaba por esa calle que vecinos aseguran se llama Tlahuizcalpantecutli, perteneciente a la colonia 16 de Enero.

Son apenas unas cuantas casas ubicadas en ese camino, donde vive el señor Liborio Aguilar Paredes, quien lleva ahí prácticamente toda su vida. Por ello sabe de la necesidad de que repongan el Puente Colgante que la crecida del río Tula se llevó y que dio como consecuencia la peor inundación que haya visto en sus 67 años de vida.



Dice que no sólo ellos como vecinos de la calle Tlahuizcalpantecutli requieren del puente sino prácticamente toda la colonia 16 de Enero, porque ahora tienen que caminar más y hasta correr para llegar a sus destinos. Advierte también de la rapiña de la que está siendo objeto el puente. Indocumentados, asegura, ya le cortaron los cables y arrancaron las anclas, seguramente para venderlos como fierro viejo. Y también buscan alhajas que la inundación arrastró.

Don Liborio dice que no se metió el agua a las casas donde él vive, pero sí subió mucho el nivel del río y arrancó árboles, por lo que tuvieron que reforzar la orilla del río con neumáticos. Cerca, a orilla del Tula, se observa un lavadero de ropa que apenas se sostiene .

Vivir en la ribera del río ya se hizo costumbre, reconoce; después de tantos años con la contaminación, reconocen los olores que por la noche y madrugadas son más intensos; gracias a Pemex sale mucho líquido oloroso, es decir residuos, comenta don Liborio Aguilar.

“Nuestras honorabilísimas autoridades permitieron esto”, dice el hombre que recuerda cuando el río era limpio; “iba a la escuela y de regreso nos aventábamos al agua para agarrar peces, sobre todo carpas, que se iban hacia lo calientito, a la entrada de las charcas que se formaban”.


“Había mucho pescado cuando estaba limpio y en Semana Santa venía mucha gente, porque además había un islote cerca del Puente Colgante, rodeado por ahuehuetes, pero cuando dragaron el río todo lo tiraron y desaparecieron ese islote; permitieron que se echara a perder el río”, comenta con cierta tristeza.

No hay vuelta atrás de esa destrucción, porque el Estado de México y la Ciudad de México pagan dinero para permitir esa contaminación, al igual que las industrias como Pemex, CFE, la carbonera y hasta Cruz Azul, sostiene don Liborio. Sin embargo, reconoce que no se ve que hagan nada con esos recursos producto de los impuestos.



Ya estamos aquí y así vivimos, dice Liborio, quien advierte que no hay voluntad de los señores, refiriéndose a las autoridades, para evitar que vuelvan las crecidas del río. Porque estaba programado inundar a Tula y es lo que ocurrió, comenta mientras estamos parados a orilla del río putrefacto. *NI*

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