• nuevaimagendigital3

Un tulense en Ucrania

*Roberto Linares tenía cuatro años en ese país ahora en guerra. Agradece al gobierno federal su ayuda para poder regresar a México.

*Allá se casó con Viktoriia, quien desearía ponerle veneno en el agua a Putin para que muriera por tanto daño que ha causado, sobre todo a los niños de su país.

Roberto Linares Martínez es su nombre. Nació en Tula hace 32 años y desde hace cuatro vive en Ucrania, de donde salió de regreso a nuestro país por la guerra que este país sostiene contra Rusia. Allá se casó y está de regreso aquí con su esposa e hija. No sabe por cuánto tiempo, pero su estadía en esta su tierra le permitió a Nueva Imagen platicar con este incansable viajero.

Él vivió hasta el último día de febrero en Odesa, un puerto ucraniano localizado a 600 kilómetros de la capital Kiev, son seis horas de camino por carretera, con cerca de un millón de habitantes. Nuestro entrevistado llegó a este lugar a principios del 2018. Es licenciado en física, pero –nos dice- la falta de oportunidades lo llevó a trabajar en una línea de cruceros y recorrer el mundo que le ha llevado a alrededor de 40 países.

En esos viajes conoció a Viktoriia Palamarchuck que hoy es su esposa y son padres de la pequeña Sofiia. “Varias veces le dije cuando éramos novios, te voy a ir a visitar a Ucrania; no me creyó hasta que un día le dije ya tengo mi boleto de avión, y bueno llegué a Odesa y desde entonces me enamoré también de esta ciudad que es muy tranquila, su gente muy cálida”.

Roberto sale de México en 2014, antes trabajaba en la capital del país en una compañía de seguros y de ahí comienza la inquietud motivante de ir a conocer el mundo. “Lo mío no era trabajar en un cubículo de 8 a 3, y pues vámonos y así comencé a conocer primero a México. Estuve en Campeche, Chiapas, Oaxaca, Quintana Roo. Después a Guatemala y otros países de Centroamérica antes de cruzar a Europa, partiendo desde Colombia”.

Para sobrevivir -prosigue Roberto- yo trabajé de lo que fuera. A mí lo que mucho me ayudó fue el inglés que durante toda la vida lo había estudiado. En esta vida de mochilero he sido traductor, empleado de hotel, entre muchos oficios. Me invitan a trabajar en un crucero y es entonces cuando conozco a la que hoy es mi esposa. Nuestro entrevistado puntualizó que Ucrania es un productor de maíz pero no hay tortillas, le dan otro uso, agrega.

-¿Y la guerra en Ucrania?

-Ha sido una experiencia que no se la deseo a nadie, pasamos momentos muy difíciles. Vivíamos a tres minutos del aeropuerto internacional de Odesa. La mañana del 24 de febrero comienzan los ataques a las seis de la mañana, a las 9. 21 hay una detonación en la torre de control del aeropuerto y al cimbrar todo, se truenan las ventanas de la casa y en ese momento nos decidimos a salir para no poner en riesgo la integridad de mi familia.

Advierte que ciertamente se veía venir este ambiente. Las tropas rusas ya se habían alineado a largo de la frontera con Ucrania y a pesar de estar a 700 kilómetros de distancia vivimos una terrible experiencia, pues atacaron seis ciudades simultáneamente. Agrega que contactó a embajadas. “Me ayudan a poner a mi familia a salvo y salimos de Ucrania a través de Moldavia”.

Mientras nuestro entrevistado se retira brevemente para traer a su esposa, su señor padre don Roberto nos platica de la incertidumbre, la preocupación que vivió al saber que su hijo radicaba en un país que ahora está en guerra. “Fueron noches terribles, estaba espantado. Preocupado de que los ucranianos se llevaran a mi hijo a la reserva militar”, confiesa.

Regresa Roberto chico acompañado de su esposa, y con él haciendo las veces de traductor Viktoriia nos dice de la terrible experiencia de la guerra que hoy vive su país. Pero antes, de su estadía en México reconoce que le cuesta mucho trabajo respirar, por el cambio de altura de Aldova a nivel del mar a más de dos mil metros de Tula.

La joven ucraniana reconoce estar acostumbrada a comer siempre vegetales y ya ve que aquí los alimentos son otra cosa muy diferente.

Y ya de la guerra en sí, ella dice que por el propio ámbito de su trabajo –ella es chef- en los cruceros se convive con gente de muchos países, gente de todo tipo de culturas. Para ella es inaceptable que los rusos entren a su país sin invitación y digan los venimos a liberar, pero a liberar de quién, se pregunta molesta.

-¿Qué le diría a Putin si estuviera frente a él?

-No le diría nada, simplemente haría todo lo posible por poner veneno en el agua que fuera a tomar. Porque lo que más le enoja es que hoy quienes más sufren son los niños. Y alguien que pone en medio a gente para morir, “ es quien debe morir”, sentencia tajante.

Antes de terminar Roberto Linares nos pide le permitamos agradecer al gobierno federal, a las fuerzas armadas, “a todos quienes nos ayudaron a salir con bien de esta pesadilla: Muchas gracias”.

Ya estoy en casa pero no sé qué vamos a hacer. Es traumático, muy complicado. Nos estamos enfrentando a algo muy incierto, dice preocupado. (JOGUARO)








44 visualizaciones0 comentarios

Entradas Recientes

Ver todo