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*¡Qué hacemos con el PRI!

Desde su fundación seguramente el Partido Revolucionario Institucional no había pasado por una crisis como la que hoy vive. Y en estas condiciones saber qué viene resulta muy aventurado. Mi paso por la arena política siempre lo hice bajo sus colores -lo que nunca he negado, porque nada tengo de qué arrepentirme y menos avergonzarme- pero a la hora de ejercer el periodismo la razón e imparcialidad se debe imponer sobre la afinidad, de manera que hoy escribo en primera persona.

Surgen opiniones en todos los sentidos. Desde quitar a la dirigencia nacional hasta cambiar de nombre al partido tricolor. Amén de que hoy ya hay una iniciativa en el legislativo que pide quitarle a su emblema los colores patrios. Tal vez no les falta razón a unos y a otros, pero sin la guía que por muchos era el presidente de la República, a nivel nacional, el gobernador en el plan estatal y el alcalde en el municipio, ¿y ahora qué hacemos?

Si en mis manos estuviera tomar una decisión de esta naturaleza, yo resumiría en cinco acciones:

1.-Dejar la dirigencia nacional hasta que termine su periodo, en el entendido de que Alito deberá tener un órgano de consulta con quien trabajaría muy de la mano a la hora de tomar las decisiones importantes como hacer o no una alianza, nombrar un candidato a gobernador, etc.

Este cuerpo colegiado bien lo pueden integrar los expresidentes del CEN que así lo deseen; gobernadores o exgobernadores que hayan dado señales de no haber cambiado de bandera; los líderes de la fracción partidista en el Senado y en San Lázaro y líderes de la iniciativa privada que siempre se hayan identificado con el tricolor. Todo ello sin violentar los estatutos que hablan de un Consejo Político o de una Asamblea Nacional.

2.-Mantener actividades desde los seccionales hasta el CEN, para que ello permita estar en contacto con la gente. Hoy al ser oposición y con tantos yerros del actual gobierno comenzando con el presidente, pues hay mucha tela de donde cortar.

Si lo anterior, pero sin caer en extremos de oponerse a todo y estar a favor de nada. Por ejemplo, la pretendida “parálisis legislativa” no me parece apropiada. Si así conviene a México, vamos a echar abajo sus propuestas de reforma, pero con argumentos y no con una necia y rotunda negativa.

3.-No meter las manos por priistas que, en el desempeño de un cargo público, resultaron unos verdaderos corruptos. Quien la deba que la pague, aunque sea del PRI. Creo que si algo nos ha dañado es el de los priistas deshonestos, cuyos delitos han quedado impunes. Por suerte hoy muchos de este perfil ya están en otro partido. Ya saben en cual.

4.- Perfilar nombres de mujeres y hombres que tengan legítimas aspiraciones -y sobre todo con posibilidades y carrera que lo avalen- de ser candidato del PRI a la presidencia de la República en el 2024. Y que se dediquen a recorrer todo el país para presentar su oferta política y ver la respuesta de la gente. De los resultados, la lista se tendrá que ir depurando en automático.

5.- Renovar la estructura del partido desde los más profundo. A nivel seccional, hay muchos que se siguen hoy ostentando como dirigentes y desde hace tiempo no hacen tarea alguna y no los quieren ni en su casa, mucho menos los vecinos porque nunca han sido buenos ni siquiera para barrer el frente de su domicilio.

En los sectores las cosas son muy parecidas. Hablamos siempre del nivel local que es lo que podemos ver y conocer, pero sabemos que más arriba las cosas no están mejor. En el sector popular nombran a alguien que no tiene trato ni identificación alguna con quienes en su momento fueron importante fuerza del PRI: comerciantes, taxistas, artesanos, etc.

En los sectores obrero y campesino por las mismas. Gente extraña, ajena se convierte en su “genuino” representante. Sin identificación alguna, sin mayor mérito que ser amigos del dedo que decide, llámese gobernador, dirigente nacional o presidente municipal.

Aparte de estos tradicionales sectores que hoy están deshechos, otras organizaciones como la de mujeres y la de los jóvenes, andan por las mismas o muy parecidas. No hay trabajo, o el que hay es insuficiente y los líderes fueron impuestos y no emergieron de los grupos que se dicen representar.

Por otro lado, ¿ir o no en alianza en el Estado de México y para presidente de México al año siguiente? Se tiene que hacer un verdadero análisis y decidir si conviene o no. Si en este momento se tratara de tomar la decisión, es increíble, pero en el PRI no veo uno con los tamaños. Y no porque no los haya, los que pueden (y quieren) no asoman la cabeza porque saben que hoy AMLO no deja títere con cabeza desde el púlpito de la mañanera. Verbigracia Alejandro Moreno, Alito.

Pero sí hay gente en el PRI con tamaños suficientes y con la cola corta para enfrentar las andanadas del partido en el gobierno y en su momento aspirar primero a la candidatura y luego a ganar.

No descarto la alianza, sobre todo con el PAN, si ellos y no nosotros tienen a una figura –mujer u hombre- con tamaños para aspirar a la victoria, pero no se puede rechazar de tajo ni aprobar en automático. Pero debemos tener presente que no siempre las cuentas son como lo dicen los números.

Por ejemplo, si el PRI tiene seis votos y el PAN 4, al hacer la alianza ya tenemos 10. Pues no, porque en este sumar varios azules y rojos prefirieron emigrar, y en este tiempo, casi siempre para Morena como lo hemos visto.


Pocos saben o se atreven a anticipar el futuro del PRI, a pesar de que hoy estamos a ras de piso, si somos capaces de corregir y apoyados en mucho –insisto- en el mal gobierno y en caminar al lado de la gente, sinceramente no creo que una historia tan llena de aciertos y gente valiosa, un sólo personaje termine con ella.

Por hoy es todo, nos leemos en la próxima entrega, pero…En Confianza. *NI*

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