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*Por la inclusión de las niñas, niños y jóvenes con discapacidad.

Por MIGUEL ANGELES ARROYO

Un Modelo Social de Discapacidad considera que las barreras y las actitudes negativas son algunos de los factores que condicionan la participación activa de una persona con discapacidad en igualdad de condiciones.

Desde esta perspectiva, la causa de la desventaja o restricción no está en el individuo, sino en las limitaciones de la sociedad para garantizar una inclusión plena y efectiva, prestar servicios apropiados y asegurar que sus necesidades sean tenidas en cuenta.

Pero, no a todos los seres humanos nos queda claro que todas las personas somos iguales, sin distinción, gozamos de las prerrogativas que desde 1789 han evolucionado hasta conformar un cúmulo de Derechos Humanos Fundamentales que el estado debe garantizar.

Cualquier individuo es acreedor al respaldo de la Ley y del Derecho, incluyendo aquellos con alguna discapacidad.

Una sociedad que se precie armónica y pacífica, debe mirar a todos sus integrantes por igual, también debe trabajar para superar las amplias desigualdades que motiven la discriminación y, a partir de la educación, formar individuos sensibles ante la adversidad que enfrenten los demás.

Recientemente se publicó en Tula de Allende el primer Reglamento de Derechos Humanos y Atención de las Personas con Discapacidad, el cual plantea, a fin de dar impulso a la educación en derechos humanos, la premisa de que la educación en el Municipio deberá ser participativa y centrarse en los educandos para contribuir a desarrollar conocimientos e importantes competencias para pensar y actuar de forma crítica.

También ayudar a las personas a conocer sus derechos y hacerlos valer con eficacia, y hacer que los funcionarios adquieran mayor conciencia de la importancia de cumplir esas obligaciones.

Por lo tanto, todas las instituciones públicas y privadas deben partir de la necesidad de facilitar las condiciones necesarias para que la igualdad sea posible en cada espacio donde la sombra de la no discriminación se encuentre presente.

En el tema de la discapacidad, condición que padecen miles de niñas, niños y adolescentes, ya que de acuerdo con la UNICEF, en América Latina y el Caribe viven con esta condición 8 millones de menores de 14 años y de ellos, 7 de cada 10 niñas y niños con alguna discapacidad, no acuden a la escuela por lo que se reconoce que la inclusión no solo es una cuestión de derechos y de justicia social, sino también una inversión esencial en el futuro de las sociedades.

En el mismo sentido, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) señala que este grupo de la población, constituye uno de los sectores más marginados y excluidos de la sociedad, cuyos derechos son vulnerados de manera generalizada; según la ONU, en comparación con sus pares sin discapacidad, tienen más probabilidades de experimentar las consecuencias de la inequidad social, económica, y cultural.

Se advierte que todos los días, se enfrentan a actitudes negativas, estereotipos, estigma, violencia, abuso y aislamiento; así como a la falta de políticas y leyes adecuadas, lo mismo que a oportunidades educativas y económicas.

La UNICEF establece que la exclusión social se refleja en costos significativos no solo para el individuo sino para la sociedad en su conjunto; los niños, niñas y adolescentes con discapacidad deben ser el centro de todos los esfuerzos por forjar sociedades inclusivas.

La exclusión conlleva a que estos niños, niñas y adolescentes en la adultez tengan menos probabilidades de trabajar, a que experimenten problemas de salud y sean más dependientes de sus familias y de los servicios gubernamentales.

En lo tocante a las niñas, niños y adolescentes con Discapacidad se reconocen que todas las personas son iguales ante la ley y se adopta el compromiso de prohibir toda discriminación por motivos de discapacidad, se adquiere la obligación de promover la no discriminación.

Por lo que, hace falta, garantizar la inclusión y el ejercicio pleno de los derechos, ningún esfuerzo será menor tratándose de lograr dichos propósitos; la educación es fundamental, pues la formación de individuos sensibles si bien inicia en el hogar con nuestras familias, se debe reforzar en las escuelas.

Sin duda, los parámetros descritos en convenciones internacionales, en leyes y en este Reglamento no tendrán eco, mientras seamos indiferentes, en tanto no incentivemos en nuestros niños el valor de la inclusión, de la libertad y la igualdad. *NI*




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