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*MEDIO SIGLO CELESTE DEL GATO MARÍN.

Por José Antonio Trejo Rodríguez.

El pasado jueves 30 de diciembre se cumplieron 30 años del fallecimiento de un súper héroe de la Máquina Celeste: Miguel Marín, portero de cualidades asombrosas que lo llevaron a ser popularmente conocido con los sobrenombres de “el gato” y posteriormente como “el Supermán” gracias al comentarista Ángel Fernández.

Muy importante efeméride es también que el pasado 26 diciembre se cumplieron 50 años de su debut defendiendo el marco del Cruz Azul ante las Chivas rayadas. En esa temporada se coronó por primera vez campeón del futbol mexicano, lo cual repitió en otras cuatro ocasiones en la misma década: logrando ser tricampeón (71-72; 72-73 y 73-74) y bicampeón del balompié en México (78-79 y 79-80) y en una ocasión Campeón de Campeones (73-74) y Campeón de la Concacaf (71) por eso es el máximo ídolo de la Máquina Celeste.

El diario deportivo Esto publicó el jueves 30 una gran foto de portada, correspondiente a la temporada 1973-1974: una salida espectacular de Marín ante su excompañero cementero de las anteriores tres temporadas y seleccionado nacional, el popular Octavio “el Centavo” Muciño, que esa campaña pasó a jugar en el Guadalajara.

Ver jugar al “gato” Marín era un deleite, al salir a calentar gustaba de marcar el césped con cinta adhesiva y tallándolo con los tacos, a la altura de las áreas chica y grande, alineando sus marcas con los postes del marco a defender, aunque muchas veces los árbitros lo reprendían y ordenaban cesar, claro que cuando el nazareno se descuidaba, Marín volvía a realizar sus marcas. Al principio de su carrera usaba suéter clásico a un solo tono, con el glorioso escudo de la Máquina al pecho; posteriormente revolucionó la moda y usó el suéter a rayas con el que la comunidad futbolera lo identifica. En las cascaritas del barrio o a la hora del recreo en la primaria me gustaba ser el cancerbero entre el par de piedras que servían como portería y realizar salidas al estilo del “gato” Marín, sin importarme quedar lleno de tierra o pasto, lo que contaba era impedir el gol de los rivales.

Miguel Marín, al igual que el mundialmente popular tenista mexicano Raúl Ramírez, apareció en un comercial de la longeva crema acondicionadora para el cabello “Wildroot”: la escena aparentaba darse en las gradas de un estadio, un par de jovencitas aplaudía los lances del “gato” Marín, quien ni se despeinaba en sus míticas salidas, enseguida se enlistaban las cualidades del producto. Por supuesto que los seguidores de Marín, yo entre ellos, queríamos usar Wildroot al igual que nuestro ídolo, lamentablemente se agotaba muy pronto de los anaqueles de las farmacias de don Coco Salgado y de don Octavio Cisneros.

El buen compañero de trabajo, ya desaparecido, Marco Guerrero “Nachis”, nos deleitaba a la hora del lonche con anécdotas de su paso como futbolista profesional en la Máquina, los Tigres y el Potosino y su experimentado punto de vista sobre el acontecer futbolístico. Contaba que siendo un joven futbolista fue invitado por el mismísimo Miguel Ángel Cornero a vender libros, él sin saber a ciencia cierta de qué se trataba acudió a la invitación en una cafetería ubicada en la parte norte del periférico y para su sorpresa se encontró a los estelares de la Máquina, quienes en sus ratos libres vendían enciclopedias casa por casa; decía Marco que las ventas eran muy altas, gracias a que los vecinos de los fraccionamientos del norte de la ciudad acudían gustosos a las exhibiciones de los libros y por supuesto, organizaban más ventas entre sus familiares y amigos, pues quien no quería tener de invitados en la sala de su casa a estelares del futbol profesional como Marín o Cornero.

Para medir la popularidad de los futbolistas, baste recordar que a inicios de los años 70 los arqueros del futbol nacional rivalizaban con los galanes del mundo de la actuación, así veíamos a Nacho Calderón y al “Wuama” Puente apareciendo estelarmente en “Fotonovelas” como “Cita”, “Fiesta”, “Novela Musical”, “Ternura”, las fotonovelas eran revistas que contenían historias románticas narradas con base en fotografías, al lado de bellísimas actrices como Lorena Velázquez, Estela Piquer, Ana Martín, Martha Fuentes y de jóvenes galanes como Salvador Pineda.

Los martes y jueves de las vacaciones nos dirigíamos en tropel, acompañados por algunos familiares adultos, al mítico 10 de Diciembre para ver el entrenamiento de la Máquina Azul. A veces llegábamos temprano y éramos testigos de cómo Quintano, Vera, Gómez, estiraban los músculos y de cómo “el gato” Marín se ponía tela adhesiva en los dedos antes de colocarse los guantes. Ese momento era aprovechado para pasarles una libreta y recolectar el ansiado autógrafo. Enseguida veíamos el calentamiento, los ejercicios, el entrenamiento de los delanteros, de los defensas, de los arqueros con Marín, Meza, después Pepe Gómez y Julito Aguilar; para culminar con el interescuadras y aguardar la salida de nuestros ídolos que, con la melena mojada salían de los vestidores a toda prisa.

En una ocasión en que fui recogedor de balones en el Azteca, al término del partido de despedida de Fernando Bustos y al estar esperando a mi hermano Daniel para marcharnos a su casa, alcanzamos a ver al “gato” Marín saliendo a rápidamente del túnel que conduce a los vestidores y a la cancha, llevando de la mano a dos pequeños, dirigiéndose a un auto estacionado muy cerca de allí, seguido por decenas de aficionados que al reconocerlo quisieron ir a saludarlo y a pedirle un autógrafo. En ese momento me sentí afortunado de haber sido parte de los pocos seguidores de la Máquina que habían estado al ras de la cancha, cerca de nuestros ídolos y también de tener la oportunidad de verlos cada martes y cada jueves en la mítica cancha del 10 de Diciembre ¡Muchas gracias por contribuir durante medio siglo a la felicidad de tus admiradores, gran, enorme y muy admirado Miguel Marín! *NI*



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