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*México: tan lejos de la guerra, tan cerca del narco.

Actualizado: 3 mar

Por Magda Olguín

Una anunciada guerra en Europa se desató la semana pasada, según los últimos reportes desde la capital de Ucrania, en Kiev, hasta el cierre de esta columna se hablaba de 198 muertos en 76 horas, la ofensiva militar de Rusia encontró una enconada resistencia de combatientes en la capital de aquel país, donde militares y civiles ucranianos lucharon en las calles desde trincheras para contener el avance de las fuerzas rusas.

Sí, la declaración de guerra de Rusia a Ucrania afectará la economía mundial debido a los globalizados mercados que tenemos hoy en día, pero, lejos de opinar en el aspecto internacional me llama la atención que, el número de muertes registradas en uno de los reportes emitidos por el país en conflicto tan sólo rebasa las muertes por el narco en México en 32 personas acaecidas en el mismo lapso de 72 horas. Es decir, en Ucrania tuvieron 198 muertos mientras que en México 166…

Un rango muy pequeño de diferencia si pensamos que estamos hablando de un conflicto de escala mundial, y es que, la muerte de civiles en México por la llamada guerra contra el narco ha cobrado en los últimos años una cifra que deja mucho que desear bajo la tutela de la tan célebre frase “abrazos no balazos” del Gobierno Federal.

Por otro lado si se le hacía exagerada la afirmación de que “México es el país sin conflicto armado más peligroso para la prensa en todo el mundo”, tal como lo advirtió la organización Reporteros Sin Fronteras (RSF) en su momento, tal vez ahora lo crea ya que la alerta sobre el aumento de la violencia contra periodistas y los altos índices de impunidad crece día y día y corremos el peligro de normalizar los hechos tal como sucede con las noticias sobre huachicol, levantones o fosas clandestinas.

“Pobre gente de Croacia, imagínate tener que dejar sus cosas y ver como destruyen sus casas y el lugar donde han pasado toda su vida”, sin duda es una tristeza, pensé, pero no hay que ir hasta Europa para empatizar con la gente que ha pasado por esa situación, le cuento que, desde marzo del año pasado, la inseguridad se adueñó de Palmas Altas, en Jerez, Zacatecas. El crimen organizado se encargó de desplazar a cientos de habitantes que huyeron para salvar su vida de las garras del narco.

Ahora en Palmas Altas ya no queda nadie y el jueves 17 de febrero pasado quedó despoblado por completo. Los pocos habitantes que seguían en la localidad fueron despertados por criminales que les advirtieron: “o se van antes de la 1 de la tarde, o dense por muertos”. Les dijeron que Palmas Altas era suyo. Las chapas fueron destrozadas a golpes y las puertas de los domicilios, removidas. Los muebles estaban destruidos y la ropa revuelta. Quienes ahí vivían regresaron para encontrar todo tirado al suelo, salvo unos cuantos cuadros que seguían colgados en la pared.

En dicha comunidad quedaron abandonadas 3 mil hectáreas de cultivo y muy pocos lograron sacar su ganado, por lo que consideran la creación de una base militar en la región.

La lucha de grupos antagónicos del crimen organizado ha provocado que, desde el mes de septiembre, habitantes de las comunidades serranas del municipio de Jerez se desplacen hacia otros estados y a la cabecera municipal, abandonando sus hogares y pertenencias.

Decenas de familias de diferentes comunidades de la sierra de Jerez se encuentran ya sin esperanza de poder continuar con sus vidas en lo que alguna vez fue su hogar, “ya perdimos las esperanzas de algún día volver a lo de antes”, ya son meses y esta situación sigue igual.

México es también uno de los países más violentos del mundo para los defensores del medioambiente —entre 2008 y 2020 murieron 153—, confirmó la periodista Elena Reina. Los homicidios, que hace 15 años se concentraban en unos pocos estados, se extendieron en algún momento a lugares turísticos icónicos como Acapulco —convertida en una de las ciudades más violentas del mundo— o Los Cabos, donde llegaron a amanecer seis cadáveres colgados de un puente.

Tal como lo afirmara José Luis Pardo Veiras e Íñigo Arredondo vía Washington post: “Mientras el presidente López Obrador se queja de que los apoyos estadounidenses a las organizaciones de la sociedad civil —muchas de ellas defensoras de los derechos humanos— son una injerencia a la soberanía mexicana, el Departamento de Estado de ese país sigue apoyando al Ejército mexicano para su lucha contra las drogas o la migración.”

“La única constante en esta época de globalización, del tráfico de sustancias ilegales, de soldados, de personas asesinadas y desaparecidas, ha sido que México sigue siendo un gran productor y distribuidor de droga hacia el norte para surtir la demanda de Estados Unidos, el país desde el que llegan las armas —unas 2.5 millones ilegales en la última década— para los combates de una guerra copiada, falsa, fracasada y dolorosa.”

Así la situación en el país que no está muy lejos de cobrar las mismas vidas que cobra un conflicto bélico de escala mundial, ambos temas preocupantes sin duda, pero antes de preocuparnos por una posible 3ra Guerra Mundial recordemos que a la vuelta de la esquina tal como lo pueden leer queridos lectores, podemos empatizar con los cientos de familias que todos los días viven un conflicto armado en sus municipios y pequeñas localidades.

Mis redes sociales están abiertas para usted, Magda Olguín en Fb y @malenitaol en Twitter, FB e IG. *NI*




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