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*LA CUARESMA.

Por José Antonio Trejo Rodríguez.

Este miércoles 2 de marzo, miércoles de ceniza, da inicio el periodo de cuaresma, que concluirá el jueves 14 de abril, antes de la cena del jueves santo, como preparación para el domingo de pascua. Mucho se ha escrito acerca de que desde los primeros tiempos del cristianismo se fijó la duración de la cuaresma, durante 40 días, en similitud a los 40 días que pasó Jesús en el desierto antes de iniciar su vida pública, a los 40 días de duración del diluvio universal y a los 40 años de peregrinaje del pueblo judío.

Los que fuimos al catecismo aprendimos que es un tiempo de perdón, reflexión, reconciliación; también aprendimos a participar en las expresiones que recuerdan pasajes de la vida y la pasión de Jesús, como es el domingo de ramos; el lavatorio de pies en el jueves santo y el viernes por la mañana el viacrucis: los chamacos caminábamos por las polvosas calles de Jalpa, vestidos con una lustrosa túnica cruzada por una cinta morada, acompañando a nuestro vecino Toño Luján Cerón que año tras año, cargando una cruz de madera, interpretaba el papel de Jesús, visitando las 14 estaciones a lo largo de la carretera, llamada Avenida Lázaro Cárdenas y siguiendo por la entonces terracería de la calle Francisco Noble hasta llegar a la capilla de San Martín de Porres, ubicada en lo más alto de la citada calle; todos guiados por nuestras vecinas: doña María Maqueda a quien llamábamos “doña Mariquita” y doña Clotilde Acevedo a quien llamábamos “doña Cloti”, por cierto que no faltaban los vecinos que hacían de centuriones romanos y quienes con gran comedimiento abanderaron el viacrucis, cuidándonos del entonces escaso tráfico vehicular.

Los adultos se ponían de acuerdo en ayunar el miércoles de ceniza, así como los viernes. Ya en la semana mayor, no faltaban los platillos típicos de la temporada en los que el nopal juega un papel protagónico: charales cocinados envueltos en hoja de maíz; charales con nopales en salsa roja; tortitas de camarón seco con nopales en salsa roja o verde; una deliciosa sardina en salsa de tomate o en aceite con cebolla y chile picado; romeritos en salsa; cuando había modo unas carpas recién pescadas ya fuera guisadas en caldo o bien fritas para que las aletas y los huesos se pudieran saborear; mención honorífica merece la huevera frita de pescado ¡Un manjar exquisito!

De postre la capirotada. Su preparación se realizaba con días de anticipación al comprar los bolillos y ser cortados en rodajas, endurecidas con el paso de los días y fritas para ser ingrediente principal acompañadas de trozos de queso añejo, pasas, jarabe de piloncillo, en algunas ocasiones y si el bolsillo lo permitía: nueces. Una vez se llegó al fallido experimento de ponerle coco rallado.

Los llamados yijis o escamoles, palabra derivada del náhuatl que significa guisado de hormiga, resultaban inalcanzables; su precio va en correlación positiva con la dificultad de conseguirlas y con el delicado sabor que tienen. Varias veces vimos durante nuestras expediciones por el cerro, a varios señores sufriendo para sacar el preciado manjar de los hormigueros.

Si el jueves y el viernes acudíamos a las celebraciones religiosas arriba descritas, el sábado de gloria era día de campo y de darse un chapuzón en el río Tula o en el río Rosas. Los integrantes de las familias salíamos de casita cargando bolsas y canastas rebosantes de comida, agua y refrescos que se ponían a enfriar en la corriente del río; no podían faltar jabón y toallas para, ya entrados en las refrescantes aguas, de una vez bañarse.

El domingo de resurrección acudíamos a la Catedral a escuchar la misa de las 8 de la mañana, que era la misa para los niños. En otras ocasiones íbamos en familia a la una y media de la tarde. Al salir de catedral, el calor imponía saborear una paleta de hielo que vendían señores conduciendo unos carritos que sorteaban las empedradas calles de la ciudad y el atrio de la catedral. De requerirse se pasaba a la “Bonanza” o a la “Espiga de Oro” o al mercado a comprar algo para llevar a casa y comer; aunque muchas personas decidían hacerlo sentadas frente a la tienda del señor García de la Calle Morelos, en cuyos aparadores lucían los pasteles “Ideal” en diferentes tamaños. Los comensales compartían los tacos de crujiente chicharrón de cerdo o calientes chicharrones de res o cabeza o barbacoa o pollo rostizado, acompañados de aguacates, venado, cilantro, rábanos, chiles, trozos de queso, bajados a tragos de Titán.

Posteriormente se organizó el viacrucis de Catedral a San José, era impresionante, por ello lo seguían cientos de personas. En los noticieros de radio y tv, así como en la prensa abundaban notas sobre las actividades del Papa y de los viacrucis más famosos, como el de Iztapalapa en la Ciudad de México; así como de los destinos turísticos y parques acuáticos más populares.

Disfrute la cuaresma y si puede hay que saborear los platillos típicos de la temporada; son deliciosos y nos traen gratos recuerdos. *NI*



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