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En el tatami hay respeto y valores: Judoca María Isabel Huitrón

Actualizado: 25 may

*La historia de la joven deportista es verdaderamente inspiradora. A los 9 años se fue de Tula para residir en Celaya, Guanajuato, donde sí le dieron apoyo.

*Es bicampeona de los Juegos Sordolímpicos. Con este deporte dejó atrás el mal trato que le dieron por tener deficiencias auditivas.


Por MARLENE GODÍNEZ PINEDA


Recibió en el 2017 el Premio Nacional del Deporte. Es la primera atleta mexicana en ganar una medalla de oro en unas Sordolimpiadas en 2017, hazaña que repitió en Brasil en este año. Es hidalguense y parte de su niñez la vivió en Tula de Allende. Tiene hipoacusia bilateral severa, pero este padecimiento no le impidió aprender judo primero como defensa personal y después para competir.

Se llama María Isabel Huitrón Ángeles y tiene 26 años; 17 de ellos dedicados al deporte. Vivió en Tula hasta los nueve años y en el marco de su visita a esta ciudad para recibir un reconocimiento de parte del municipio a través del área de Deporte municipal, se pudo saber quién es ella y lo que tuvo que vivir con el llamado bullying.

Pese a cómo la trataron durante la primaria en Tula donde la llamaban “la sorda”, hoy la joven les agradece porque gracias a ese mal trato que le dieron sacó el ímpetu que ya estaba dentro de ella para enfocarse al deporte y dejar en claro que se llama María Isabel Huitrón Ángeles.

La chica, que tuvo que irse a buscar el apoyo que en su entidad no le dieron, nació prematura y sus pulmones no se desarrollaron por completo. La tuvieron en una incubadora por dos meses y padeció dos paros respiratorios; tomó un medicamento que era demasiado fuerte y los doctores advirtieron que no podría caminar ni hablar.

El espíritu ganó y fue creciendo; a la edad de cuatro años una maestra del jardín de niños se dio cuenta que no escuchaba bien y entonces hablaron con sus padres para que le realizaran un estudio de audición y resultó con la enfermedad de hipoacusia bilateral que le produjo el 50 % de pérdida auditiva.

Desde entonces su familia supo que la entonces niña tenía que usar un aparato auditivo. La economía no era boyante y María Isabel recuerda que casi no podía ver a su padre, quien trabajaba de día, tarde y noche para poder cubrir los gastos. Cada uno de los aparatos tenía un costo entonces de entre 10 y 15 mil pesos.

Escuchar la voz de su familia la hace muy feliz

Si bien con los aparatos, los cuales su padre Sergio Huitrón Gómez se empeñó en adquirir, no escucha al cien por ciento, percibir la voz de toda su familia la hace muy feliz. Sabe que con la edad puede ir perdiendo más la audición, pero María Isabel no se amilana por ello, porque puede recurrir al lenguaje de señas o incluso leer los labios.

La joven es muy segura de sí misma, pero sí recuerda con pesar el acoso escolar que sufrió cuando llevaba los aparatos auditivos que eran grandes para su entonces pequeño cuerpo. Hoy esos auxiliares de audición apenas se perciben porque a quien la conoce se distrae con un bello rostro y su bien cuidado cabello.

María Isabel habla con desenvoltura, se sabe triunfadora y que resultó una buena decisión dejar Tula hace ya 17 años para irse a Celaya, Guanajuato, estado que confió en ella y hoy a nadie ha defraudado, mucho menos a sí misma. Desde un principio se planteó un objetivo: estar algún día en los juegos olímpicos.


Gracias a su hermana Estefanía, a quien invitaron a practicarlo, conoció el deporte del judo. “Cuando pisé el tatami sentí que era otro mundo porque había respeto y valores”, recuerda María Isabel, a quien el entrenador defendía y todos sus compañeros la apoyaron.

A los 18 años le notificaron que sería parte de la selección de judo femenil y tuvo que viajar a México; el entrenamiento era más intenso y reconoce que tuvo un momento de flaqueza en el que quería regresar a su casa, pero su madre, la señora Yazmin Ángeles Tapia la animó a continuar recordando que ella se quiso ir y dedicarse a ese deporte.

De mañana y tarde, de lunes a sábado, con el domingo como único día de descanso, así han sido los intensos entrenamientos; pero, aunque le dicen que se perdió fiestas y diversión, ella considera que salió ganando porque pudo asistir a los Juegos Olímpicos. Tuvo que luchar entonces con su metabolismo para subir de peso.


Los Sordolímpicos, en Turquía y en Brasil

En el 2017 acudió a los Sordolímpicos en Samsun, Turquía, donde obtuvo su primera medalla de oro. No fue fácil, en cada medalla siempre hay mucho detrás. Por ejemplo, un equipo, personas que la ayudan a tener una técnica y perfeccionarla. Hay que correr todos los días para tener condición y siempre existe el temor de lastimarte, reconoce.

Los logros de María Isabel son también de su familia, acepta, porque creyeron en ella y siempre la apoyaron. El rechazo que recibió de compañeros de escuela y maestros quedó en el pasado; entiende que viene de lo que recibieron ellos en casa. Los perdona porque gracias a ellos tuvo el coraje de estar en donde se encuentra.

Recuerda otro primer lugar obtenido en Francia y con su medalla en mano dice que siempre hay una piedra en el camino, pero cada uno sabe si la puede romper o esquivar. Porque a ella no la detuvo la pandemia ni tampoco los problemas de quistes que tuvo y por los cuales la operaron.

Su más reciente logro fue en Brasil con los Sordolímpicos, apenas el 3 de mayo de este año, donde obtuvo otra medalla de oro; también tiene una historia porque resultó difícil para la judoca no estar con su familia y en marzo se lastimó en el pecho resultó con fisura muscular.

La galardonada por el Salón de la Fama en el año 2020 también ha competido en el convencional y clasificó para Barranquilla, Colombia, donde obtuvo el quinto lugar, pero como no fue nada fácil está muy contenta por ese resultado. Acudió al judo panamericano en el 2015 y obtuvo el tercer lugar.

Le negaron apoyo

Para su competencia en Tijuana, Baja California, en el año 2015 buscó representar a Hidalgo, ingresó documentos para ello y la rechazaron con el argumento de que no lograría ningún buen resultado. Pedía únicamente la representatividad, porque ya sus padres lo habían pagado todo, pero no recibió el apoyo.

No se desanimó y motivada por su entrenador buscaron otro estado; porque siempre que se cierra una puerta se abre otra. Y se abrió en Guanajuato, específicamente en Celaya.

En este 2022 ya no tiene nada en puerta, pero se preparará para el próximo año, porque viene un panamericano que no será nada fácil; después el mundial y de nuevo los juegos olímpicos.

La joven entrena de lunes a sábado; lunes, miércoles y viernes desde las 5:30 hasta las 8 de la noche y a veces acude al entrenamiento de la mañana y por si cuenta corre. Los martes y jueves va al gimnasio de 4 a 7 de la noche y los sábados entrena seis horas en pista, gimnasio y alberca. Esta es su rutina diaria y se da tiempo de ayudar a sus compañeros para que igual cumplan sus objetivos.

El mensaje

“Mi frase es: la única persona que se debe de motivar eres tú mismo porque nadie lo va a hacer por ti, nadie, no tu mamá, no tu papá, no tus hermanos, no los abuelos, nadie, ni mucho menos los amigos; todo es dependiendo de ti hasta donde quieres llegar”, expresa María Isabel, quien tiene una hermana mayor de nombre Estefanía y un hermano menor, Sergio. *NI*

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