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*EL MEJOR AMIGO DEL HOMBRE (4)

Por José Antonio Trejo Rodríguez.

A mediados del mes de abril del 2020, un par de buenas amistades compartían un aviso en redes sociales que daba cuenta del ofrecimiento en adopción de unos cachorros schnauzer. Teníamos en casa a un peludo de varios años de nombre “oso” que sufría de ataques, así que por teléfono le comenté a Gabriela la oportunidad de tener un cachorro en casa; mi esposa no se escuchaba muy convencida; sin embargo, al ver las fotos publicadas hasta me urgió a buscar adoptar a uno de los perritos.

Por la tarde nos dirigimos a recoger al cachorro. Muy gentiles las señoras de la casa permitieron que eligiéramos a uno de cuatro machos disponibles, pues la única hembra estaba apartada para uno de sus familiares. Desde la ventana de la casa una pareja de schnauzer ladraban feroces, eran la madre y el padre de los cachorros. Uno de los perritos: grande, con patas gruesas, desplazaba a sus hermanos ante el plato de croquetas y el cubo de agua. Le llamamos y acudió a abrazarnos y a mordernos las manos. Desde ese momento Gabriela decidió que ese perrito negro formaría parte de nuestra familia.

Agradecimos la confianza de la familia por permitirnos adoptar a un integrante de la camada y de inmediato lo llevamos al veterinario para su vacunación, allí supimos que su color era conocido como “sal y pimienta”, lo cual nos hizo mucha gracia. El médico recomendó la medida de croquetas que debería ingerir por día, “Si le dejan un costal es el mismo que se come”, nos advirtió al tiempo que nos extendía su cartilla de vacunación con el nombre que Gabriela eligió: “Sansón”; así como la siguiente fecha de vacunación.

En el interior de la casa le acondicionamos una caja para que durmiera e inocentemente le confeccioné una cerca con muebles y cajones. Todo fue en vano. El barbudo cachorro se salía y se dirigía a jugar con nosotros. Esa noche la pasó chillando, a lo que no hicimos caso. Al día siguiente conoció el patio y a sus temibles habitantes: “el oso”, gallinas, guajolotes, gallos y una pareja de respetables gansos que, a fuerza de picotazos hacen valer su ley entre la comunidad. También fue recompensado con un cómodo tapete, una pechera con su correa y un juguete; aunque él prefería jalar varas y mordisquearlas, tendido de panza en el suelo.

Con el paso de los días “el oso” comenzó a aceptarlo como compañero, las noches de calor lo mandaron a dormir en el patio con su guía. Siendo pequeño nos gustaba llevarlo a visitar a la familia hasta que, un domingo, al descuidarnos devoró por completo la dotación de croquetas que tienen a su disposición cuatro perros. La barriga se le inflamó, produciéndole vómito y diarrea, sin ser obstáculo para que moviendo el rabo buscara más alimento, al momento recordamos la advertencia del veterinario. A partir de entonces decidimos ya no llevarlo a nuestras visitas familiares.

Llegaba la época del frío y mi hermano le construyó una bonita casa con terraza en el techo y una escalera para que trepara. En el tianguis de San Marcos encontramos una cama que solo la utilizaba como almohada. Lamentablemente, “el oso” salió de casa, extraviándose. Salimos a buscarlo por los alrededores un día tras otro sin fortuna. Nuestro sansón se quedó solo, iba creciendo y mi sobrina nos ofreció en adopción a una de sus frenchitas: “la borre”, ya que se peleaba con ejemplares de gran tamaño. “La borre” se apropió de la casa y de la cama y el sansón pasó a ocupar la terraza de su casa, a la que sube y baja de un salto.

Muy pronto se hizo amigo de “la borre” y experimentó una visita que le intrigó: una gran rata caminaba por el patio chillando, el sansón la veía con curiosidad sin saber de qué animal se trataba. Le arrojé una piedra para correrla, el roedor se escabulló por una alcantarilla. A partir de ese momento se dio cuenta de que su trabajo era ahuyentar a los ratones de la casa, lo cual ha cumplido a cabalidad, correteando, espantando y cazándolas. Nuestro perro ya era un guardián de su casa.

Sin descanso dirigió su objetivo a correr a unas ardillas que gustaban de pasear por el patio para hurtar los alimentos de las aves de corral. Corría sin descanso tras las ardillas; vigilaba la barda por donde las veía llegar y algunos agujeros en donde se escondían, hasta que les dio cacería. Además de cuidar el hogar, contribuye a mantener la paz entre las aves de corral: cuando hay pelea entre ellas, acude presuroso a separarlas y de ser necesario las guía a su corral. Claro que también les ayuda a terminar con su comida.

Por las tardes acostumbrarnos ejercitarnos y a ambos les encanta correr junto a nosotros; aunque en ese contexto “sansón” ha reventado varias correas al querer correr más rápido y jalarse para echar pleito a los perros que se encuentra, aunque las consecuencias son impredecibles: algunas veces los potenciales rivales huyen y en otras buscan el enfrentamiento; pero nunca permitimos que se pelee y los calmamos para llevar las cosas en paz.

El 22 de noviembre se celebra el día mundial del Schnauzer, veo en las publicaciones al respecto que esta clase de perros son apropiados para las granjas, que les gusta cuidar su casa, que son celosos y territoriales, que su nombre proviene de sus largos y gruesos bigotes y largo hocico, que hay tres tamaños de ejemplares. Solo puedo decirles que las publicaciones tienen razón, que nuestro amigo es eso y mucho más, que sin duda la convivencia diaria con “sansón” nos hace a Gabriela y a mí, más grata nuestra estancia en el mundo. *NI*



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