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*DOMINGO DE RAMOS EN EL MONTECILLO.

Por José Antonio Trejo Rodríguez.


Es la mañana del domingo 10 de abril, el sol está radiante, su calidez es atenuada por una suave brisa que hace pensar en usar alguna prenda más abrigadora. Vecinas de la localidad regresan a toda prisa de las tiendas con bolsas de bolillos, huevos, tamales para el desayuno; otros muy arreglados caminan con la guitarra en la mano, son integrantes del coro de la capilla de San Isidro Labrador, que desde temprano se preparan para celebrar el más grande misterio de la fe católica, explicaría más adelante el diácono Renato Hernández Trejo: la pasión, muerte y resurrección de Jesús.


Es El Montecillo, colonia ubicada en las partes altas de las colonias que en la época colonial se conocieron como San Lorenzo Quepachtli y Tazaí o San Marcos Iztlatlali (tierra blanca traduce mi querido amigo José Sánchez Santander de Huazalingo, Hidalgo), vecino de San Pedro Alpuyeca o Undehé, según se narra en el “Catálogo de Bienes Religiosos del Estado de Hidalgo” del cual podrá encontrar una reseña en “Relatos de Tula” en la página www.nuevaimagendehidalgo.com.mx


La cita para realizar la procesión del domingo de ramos es una tienda ubicada entre la capilla de San Isidro Labrador y el sifón. En el camino se tiene oportunidad de saludar a las personas que atienden en sus negocios, unas barren, algunas trapean y otras atienden a sus clientes; todas saludan afectuosamente a los viandantes mencionando sus nombres. Aún se puede observar una lona que la noche anterior albergó una fiesta de quince años en la calle Independencia; muchas vecinas caminan aprisa para llegar a la cita, pospuesta dos años a causa de la pandemia.


El ajetreo se incrementa a medida que se aproxima al lugar indicado para la salida: autos repletos de personas que acompañan a un pequeño ataviado para representar a uno de los apóstoles; un señor cargando una canasta llena de arreglados ramos de palma y flores para su venta, no se da abasto para despachar; los integrantes del coro de la capilla ataviados de blusa o playera en color rojo, dos de ellos con la guitarra terciada; más niños vestidos de blanco; un pequeño en silla de ruedas, otros en carriolas, acompañados de sus madres, abuelas, tías.


Al filo de las 10 de la mañana la concurrencia quizá rebase las 100 personas, que ordenadamente aguardan el inicio de la procesión a un costado de la avenida principal de la comunidad, que cruza desde el libramiento hasta la carretera a Cruz Azul. El comité de la capilla dispuso otro puesto de ramos compuestos por palmas, ramas frescas de romero y flores recién cortadas; tienen dispuesta el agua que ha de ser bendecida y esparcida entre los presentes.


La llegada de un auto pone en alerta a todos, llegó el diácono Renato y de inmediato es apoyado por el equipo de liturgia de la capilla mientras lee y explica el significado del domingo de ramos; toma un grueso manojo de ramas de romero y lo sumerge en un cubo de agua para rociar generosamente los ramos que sostienen quienes lo rodean; las personas se alegran y ríen de buen talante al roce de las frescas gotas que les bañan.


Enseguida se giran indicaciones: la cruz alta y ciriales irán al frente, seguidos por los infantes personificando a los apóstoles, el coro y el resto de los feligreses caminará detrás de ellos. La calle es ocupada por unos 150 vecinos iniciando la marcha hacia la capilla que se encuentra a unos 400 metros de distancia, en medio de cantos y con ramos que, con alegría, adornan las manos de los parroquianos. Un par de canes atraídos por la algarabía se asoman por la barda de su casa a ladrar, más asombrados que molestos. Llegan más personas a sumarse a la procesión, otras esperan a la entrada de la capilla.


Durante la pandemia la feligresía y autoridades de la iglesia católica siguieron estrictamente las medidas de prevención y contención sanitarias: aforo reducido e incluso suspensión de servicios presenciales migrando a los virtuales, uso de cubrebocas, aplicación de gel, sanitización de los recintos. Felizmente se observa que las medidas siguen vigentes, que la feligresía no se confía y responsablemente se continúa utilizando el cubre bocas, que los comités continúan con filtros sanitarios que aplican gel al ingreso y hasta con apoyo de cubre bocas para quien no lleve y en el interior se mantiene una sana distancia que se extiende hasta el exterior ¡Qué gran ejemplo!


Al final de la celebración de la palabra, se comparte el programa de semana santa en la comunidad: el jueves a las 6 pm se tendrá se tendrá la celebración de la palabra y a las 7 pm el rosario y adoración del santísimo en la capilla. El viernes a las 8:45 de la mañana será el viacrucis con punto de salida en la esquina del libramiento y la avenida principal; a las 10 am la celebración de la palabra; a las 7 pm el rosario del pésame y a las 8 pm la procesión del silencio con salida en el sifón hacia el libramiento y vuelta a la capilla se pide a los asistentes que lleven velas. El sábado a las 6 pm se tendrá la bendición del fuego nuevo y el encendido del cirio pascual, pidiendo a los asistentes llevar cirios y agua para bendecir.


La fe y las tradiciones son para vivirlas, si tiene oportunidad hágalo y disfrútelo en donde usted guste. Si no tiene plan definido puede visitar y acompañar a nuestros amigos de El Montecillo en las celebraciones de la semana mayor. Al concluir puede darse el gusto de disfrutar de unas sesadillas, unas enchiladas, unas hamburguesas, unos tacos, unas tostadas y todo tipo de sabrosos antojitos que los vecinos ofrecen en venta y bajarlos con una fresca agua o si lo prefiere con una refrescante cerveza, una michelada o un refresco ¡Feliz Semana Santa! *NI*






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