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Apuntes sobre las dimensiones políticas de las fake news. (Segunda parte)

Actualizado: 14 ene

Por MIGUEL ANGELES ARROYO


La segunda entrega, en un primer momento, contrapone la idea de las fake news y la posverdad como libertad de expresión, y en el segundo tiempo se exponen algunas medidas de regulación sobre éstas. Por último, se ofrecen unas reflexiones finales en el intento de aportar a la concientización del manejo de la información sobre la cual nos vemos envueltos y tentados a participar.


II. Fake News y Posverdad, ¿libertad de expresión o atentado contra la democracia?

¿En qué momento y por qué las fake news dejan de ser un acto de libertad de expresión que atenta contra la democracia? ¿Se debe regular jurídicamente el tema de las fake news para evitar la multiplicidad de veracidades? Si coincidimos en que las fake news son una noticia falsa deliberada que desprestigia o daña a una o varias personas o entidad, habría que distinguir la diferencia entre mentira y posverdad. La primera reconoce que hay una realidad dada, pero que se falsea a partir del cómo y con qué fines se presenta, mientras que la segunda prescinde de la verdad en su totalidad, su uso es, por así decirlo, pragmático, no importa la verdad en sí sino el impacto del discurso (MacIntyre, 2016).


Al manipular la verdad, los gobiernos democráticos reducen los reproches directos por sus inconsistencias (MacIntyre, 2016). “La posverdad no es tanto la afirmación de que la verdad no existe, sino la de que los hechos están subordinados a nuestro punto de vista político” (MacIntyre); es decir, no se trata de la verdad, más bien es el hecho mismo de que las noticias falsas producen desinformación, y esto no pone en jaque a la libertad de expresión sino a la democracia.


Las fake news no se pueden considerar como libertad de expresión, porque sobrepasan la obligación de un manejo responsable de la información. Un sabotaje político a través de éstas tiene como finalidad que la gente esté en una condición de desinformación y actúe desde ese punto (MacIntyre, 2016). Así, en el momento en que las fake news tienen implicaciones en contra de algo o alguien dejan de ser un medio de expresión y pasan a ser un mero acto de desinformación que altera a la democracia.


El problema de la falta de educación mediática e informacional se acompaña del problema para delimitar leyes que regulen las noticias falsas. Si dejamos la problemática en compañías privadas, como Facebook, Twitter o Google, conlleva a que se bloqueen los contenidos anticipadamente para evitar la multa (Ciréfice, 2018). Por tanto, cada País debería definir sus propias legislaciones en materia de noticias falsas dependiendo de su capacidad en torno al uso y a la transmisión de este fenómeno.

Reflexiones finales

Las fake news no son actos de libertad de expresión, más bien son una especie de manipulación ciberpolítica que afecta no sólo nuestros actos cara-a-cara en el ámbito político, sino que llega a nuestro nivel cognoscitivo. Por tanto, los mecanismos de regulación son un tema clave que debería estar en la agenda política de todo Estado, ya que al romperse las barreras espaciotemporales, las noticias falsas que atentan contra la democracia de una nación pueden provenir incluso de otras naciones.


Las multas y el acompañamiento de la empresa privada son necesarias como en cualquier otra política pública. No obstante, debemos tener en cuenta que si bien la educación mediática e informacional es fundamental para que los ciudadanos accedan y naveguen por la internet, ésta no debe limitarse al simple manejo de las tecnologías de la información y comunicación (TIC) como si fueran simples herramientas; es decir, acciones como verificar las fuentes aportan mucho a la contención de las fake news, porque muchas veces no tienen un autor o una institución como responsables sino provienen de páginas web que cualquier persona puede crear. Denunciar/reportar dichas páginas y su contenido malicioso comparando la información, es parte de la perspectiva crítica que como Espectactores debemos ejercer.


Asimismo, problematizar los fenómenos sociales distinguiendo a quién puede afectar dicha noticia y a quién beneficia, permite tener una perspectiva más amplia sobre el por qué estas noticias se han difundido. De igual forma, y quizá lo más difícil, es no aceptar información sólo porque ésta se apega a nuestro criterio del deber-ser, ya que como se ha dicho, las fake news y la posverdad tienen su poder principal al influir sobre nuestras emociones. En este sentido, recordemos también que estamos en una sociedad digital que nos impulsa a querer estar visibles en el espacio virtual y, por tanto, estamos proclives a compartir información para adquirir likes o retweets; sin embargo, a veces es mejor no compartir una noticia si no se ha verificado previamente, porque aun cuando la intención personal sea la de informar podríamos estar haciendo lo contrario. *NI*







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