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*A qué nos referimos cuando hablamos de Felicidad.

Por Miguel Angeles

Desde 2013, cada 20 de marzo la ONU promueve la celebración del Día Internacional de la Felicidad para reconocer el papel importante que ésta tiene en la vida de las personas alrededor del mundo.

Un día en familia, un viaje a la playa, tener salud, salir con amigos, el día de “quincena” la felicidad puede ser descrita por algunas personas como un momento del día, aunque para la Organización de las Naciones Unidas es más que eso, se trata de una “meta humana fundamental”.

Y es que el concepto de felicidad es quizás una de las cuestiones humanas más complejas, pues poco sabemos sobre ella y es difícil tratar de definirla, además sería limitado reducirla a momentos de satisfacción efímeros que solo hacen que surjan más interrogantes sobre lo que significa ser feliz.

Algunos filósofos se han referido a ella como el fin propio de la vida humana; una búsqueda a lo largo de la vida que requiere esfuerzo, paciencia y perseverancia. Pero la mayoría de ellos coincide en que la felicidad no se trata de un anhelo individual, sino del buen vivir y el actuar ético con los demás; esto puede sorprendernos si pensamos que la sociedad actual nos repite hasta el cansancio que la felicidad se trata de una cuestión personal y un aspecto privado.

Uno de los primeros filósofos en plantear que la felicidad es colectiva fue Aristóteles en su obra Ética a Nicómaco, en ella cada individuo debe esmerarse en construir un ethos, es decir, una forma de vida que forje una actitud social modesta con los otros que viven en su comunidad, pues todos contribuyen de algún modo a conformar una buena vida. Para el filósofo griego, las preocupaciones materiales no tienen un lugar central en su definición de felicidad, ya que importaba más el reconocimiento ante los demás, pero hubo un intelectual que decidió abordar la felicidad desde los deseos que imperan en los hombres.

Baruch Spinoza entendió que la esencia del ser humano era el deseo, se desea lo que no se posee y se esfuerza por alcanzarlo. Sin embargo, el sentimiento de felicidad se encuentra unido a la idea de libertad y, esta a su vez, sólo es posible alcanzarla si tenemos ideas adecuadas o que han pasado por el uso de la razón. Por lo que resulta esencial que nuestros deseos y aspiraciones sean racionales y coherentes con nuestra realidad, pues son esos deseos los que nos impulsan y motivan de forma positiva en nuestra vida, incluso si no los alcanzamos podremos obtener de ellos enseñanzas.

Por el contrario, si deseamos algo que de antemano sabemos que es difícil de conseguir, el sentimiento de tristeza será el que domine en nosotros llevándonos a estados de impotencia y pasividad. Esta definición de felicidad resulta compleja porque nos recuerda que en ocasiones los estados pasionales pueden llevar a enajenarnos, nos convertimos en esclavos de nuestras propias proyecciones o ideales, nos alejamos de la realidad en la que vivimos, y aceptarla es más difícil de lo que se cree. “La felicidad no es un premio que se otorga”, nos recuerda el filósofo; más bien consiste en disfrutar la vida mientras somos conscientes y responsables de nuestros propios sentimientos. La felicidad es un camino que se va construyendo, incluso si se viven episodios amargos.

Con la llegada del COVID-19 y las tragedias de la inundación, la felicidad toma dimensiones sociales importantes, no podemos suponer que es posible alcanzar un estado de bienestar si no se cubren las necesidades básicas en una comunidad. Las condiciones de vida de las personas son diversas y en ese sentido la búsqueda de la felicidad es distinta. Pensadores y filósofos contemporáneos ahora defienden una idea donde la felicidad también engloba la distribución de forma equitativa de derechos, garantías públicas y riqueza para sociedades más justas. La felicidad también implica ejercer una vida digna en sociedad, la dignidad humana consiste en elegir cómo vivir y, para ello, necesitamos cubrir lo mínimo para desarrollarnos.

La filósofa española Victoria Camps en su obra La búsqueda de la felicidad, concluye que la felicidad no es una tarea fácil, se trata de una manera de vivir, una actitud frente a las situaciones que puede depararnos la vida y una forma en la que vemos a la realidad y a nosotros mismos. Parafraseando a Dostoievski, no es posible fundamentar la felicidad sobre el sufrimiento de los demás, a la larga solo sería un engaño hacia nosotros que nos impediría alcanzar un estado de dicha.

Lo que distintos filósofos nos han dicho sobre la felicidad, nos arroja luz para lo que muchos de ellos entienden como “el arte del buen vivir”, la apreciación de todos aquellos fragmentos de vida, relaciones humanas que formamos a lo largo de ella y, al final, sea lo que dote de sentido nuestra transitoria estancia en el mundo. *NI*






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