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*55 AÑOS DE LOS ÁNGELES NEGROS.

Por José Antonio Trejo Rodríguez.


Viernes en la tarde, busco comprar algo para merendar y dirigirme a casita para descansar, acudo al centro comercial que luce con un sencillo templete en el que los técnicos instalan instrumentos musicales, micrófonos; pregunto de qué se trata y me entero de que es su aniversario. Continúo con mis planes y de repente escucho los conocidos acordes de “Y volveré” emitidos por una poderosa guitarra eléctrica y la sigue una voz grave: “Amor adiós, no se puede continuar…” ¡Son los Ángeles Negros! Exclamo y me dirijo al centro de la plaza para disfrutar de su música que, desde la infancia conocí; la melodía me remontó a los días en que los bailes populares en Jalpa y en todo Tula, se realizaban en una calle regada, rodeada con malla de alambre.

En enero de este 2021 se conoció del fallecimiento del genial guitarrista chileno Mario Gutiérrez, fundador del icónico grupo Los Ángeles Negros al lado de Germaín de la Fuente, el tecladista Jorge González, el bajista Miguel Ángel “Nano” Concha y el baterista Luis Ortiz. Gracias a ellos la cultura popular atestiguó a partir de 1967 la transición de la ejecución del bolero: de un trío a un grupo provisto con los instrumentos de una banda de rock. Por ejemplo: los acordes de “Reloj”, “Soy lo prohibido” de Roberto Cantoral o “Despacito” de José Alfredo Jiménez, trascendieron con gran éxito generaciones, de padres a hijos, teniendo los Ángeles Negros mucho que ver en ello.

El popular compositor y cantante Rodrigo de la Cadena ha mencionado en su programa de Canal 11 que, fue Juan “el gallo” Calderón quien acuñó el término de “música grupera”. “El gallo Calderón” era un tipo genial, en su programa vespertino en vivo en la XEW hacía gala de su buen humor en el cual solía decir: “Os lo ruego, os lo suplico, Oslo, Noruega”, además cuando alguna radioescucha le llamaba, él respondía cantando; por ejemplo, cuando la persona se llamaba Martha, “el gallo Calderón” le cantaba: “Martha, capullito de rosa” y si era el caso que se llamara Rosa, entonces “el gallo” le cantaba: “Rosa, capullito de Martha”.

El adjetivo de “grupera” fue a raíz del surgimiento en México y Sudamérica de grupos como los Pasteles Verdes, los Terrícolas, Grupo Yndio, Los Solitarios, los propios Ángeles Negros, Los Freddys, entre otros, que llevaron a la ancestral música popular a las nuevas generaciones, incubando un dinámico movimiento musical que continuaron con gran éxito Rigo Tovar y su Costa Azul, Xavier Pasos, Los Yonics, Los Bukis, Bronco, Liberación, Selena, Bryndis y muchos más que han rescatado la música que sus padres y abuelos escuchaban, para con nuevos arreglos, de grupo, ofrecerla al público de su propia generación.

Los teclados y la batería sostienen la melodía que en su momento marcara una época, la guitarra eléctrica le da un toque moderno y enigmático, el vocalista entona magistralmente: “Como quisiera decirte, algo que llevo aquí dentro, clavado como una espina y así va pasando el tiempo, sin atinar a decirte, lo que a diario voy sintiendo, por temor quizás a oírte, cosas que oírte no quiero…” La explanada luce pletórica, los consumidores nocturnos al igual que yo, son atrapados por el arte de Los Ángeles Negros, quienes elegantemente vestidos, entre canción y canción, saludan con amabilidad y sencillez a su público y enseguida el éxtasis: “Voy a contar la historia de un cantante, que entre el público vio, a la que fue su amante y le cantó sin que nadie supiera, su propia decepción, su larga espera…” ¡Supremo! Así lo decidieron los aplausos y gritos de los que estuvimos allí presentes.

Mario Gutiérrez platicaba a su público que el grupo es chileno – mexicano y presentaba a su alineación, de inmediato doctamente recorría sus dedos por su guitarra para escuchar una exclamación del público que reconocía las inolvidables notas de “A tu recuerdo” y al igual que el vocalista el público entonaba: “Tu recuerdo hoy, ha venido a mí, una gran emoción sentí, porque fue si todo pasó…” El público de la atestada plaza derrochaba aplausos y solicitaba, con recaditos y gritos, sus canciones favoritas a lo que los cantantes agradecían y asentían, mencionando la alineación original de fines de los sesenta y enviaban saludos a raudales.

En ese momento me llegó el recuerdo que a mediados de los 70 mi primo Elpidio comentaba con mi hermano Leandro que iría al baile de Los Ángeles Negros y discutían si se trataba de los auténticos Ángeles Negros y concluían que la agrupación que tocaría en Tula era la del primer vocalista de la agrupación y en ese momento ya ex vocalista “Germaín y sus Ángeles Negros” a lo que decía mi primo que valía el esfuerzo, tratándose de la voz original de la agrupación y mi hermano consideraba que el acompañamiento musical era muy importante y daba el crédito a los músicos de la agrupación original. Ya no supe la experiencia de mi primo en el baile citado.

El romántico recital del aniversario del centro comercial al que asistí incluyó “Déjenme si estoy llorando”; “Esta noche la paso contigo”; “Murió la flor”; “Tres palabras”; “Mi niña”; “Y háblame”; “Historia de un amor” composición de 1955 de Carlos Eleta Almarán, originario de Panamá; para cerrar con “A la mujer que tanto amé” con los cambios de ritmo que la agrupación acostumbró en sus interpretaciones. El público hizo que los Ángeles Negros brindaran el pilón y entre aplausos y tumultos se despidieron del escenario conquistado, uno más, en su larga carrera musical a lo largo y ancho del continente y que en 2022 cumplirá 55 años. Ojalá que sean muchos años más. *NI*




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