*Conciencias y valor cívico.
Por Esteban Ángeles
El oficialismo enfrenta la circunstancia más crítica de su mandato: el escándalo del huachicol fiscal. Este fraude monumental constituye el mayor saqueo en la historia del país, ha exhibido la corrupción estructural del régimen; ha provocado una indignación ciudadana que recorre todos los sectores sociales y ha pulverizado la credibilidad moral del gobierno derrumbado la narrativa oficial de “honestidad’ frente al hartazgo de millones que ya no toleran la impunidad ni el doble discurso.
Esta coyuntura, en tiempos de asedio a las libertades cuando el poder busca silenciar voces críticas y uniformar el pensamiento, lejos de ser un obstáculo, abre una oportunidad histórica para que la sociedad organizada fortalezca la resistencia civil y acelere la Restauración de la
República.
En este contexto, la irrupción de Ricardo Salinas Pliego con el Movimiento Anticrimen y Anticorrupción (MAAC) no se puede pasar por alto. No es un gesto mediático ni una defensa personal frente a la persecución política; es en esencia, más allá del controvertido personaje, una convocatoria a la sociedad civil para recuperar su lugar en la vida pública.
Las preguntas planteadas por Salinas Pliego son tan directas como incómodas: ¿ queremos vivir bajo la vida o bajo la muerte?, ¿apostar por la libertad o resignarnos a la esclavitud?,
¿defender la propiedad o aceptar el despojo? Cada una de ellas nos obliga a reconocer la disyuntiva que enfrenta México: prosperidad o miseria.
El valor de este planteamiento no está solo en el diagnóstico —ya compartido por analistas, académicos y periodistas—, sino en la propuesta de construir un frente cultural, intelectual y ciudadano que anteceda a cualquier competencia electoral. Antes que votos, se requieren conciencias; antes que urnas, se necesita valor cívico, resistir y organizarse. La democracia no se defiende únicamente en las urnas, sino en la capacidad de la sociedad para articularse, vigilar, exigir y proponer.
El gobierno de partido único que hoy padecemos ha demostrado su intolerancia, su uso faccioso de la justicia y su afán de callar a quien disiente. Frente a esa maquinaria autoritaria, el llamado a resistir no es un capricho empresarial ni un eslogan pasajero: es la única vía para evitar que México termine atrapado en un modelo similar al de Cuba o Venezuela.
Apoyar este movimiento significa respaldar la defensa de principios básicos: vida, libertad, conciencia, innovación, competencia y prosperidad. Principios que no pertenecen a un hombre, sino a toda sociedad que se niega a vivir de rodillas. De ninguna manera significa endosar una candidatura presidencial, como algunos intentan caricaturizar.
Hoy más que nunca debemos reconocer que la sociedad civil no es un actor decorativo, sino la fuerza determinante para devolver a México al cauce democrático. El MAAC abre una ruta para sumar esfuerzos con la oposición política, con organismos independientes y con todos aquellos que creen que el futuro no se construye con miedo, sino con dignidad.
El tiempo de la neutralidad ha terminado. Callar es complicidad, y la complicidad allana el camino de la dictadura. Resistir es ya una obligación moral. México no puede esperar a que otros decidan por nosotros: ha llegado el momento de elegir con firmeza de qué lado queremos estar y demostrar que aún existen ciudadanos dispuestos a defender la patria como sociedad civil en resistencia, con coraje, sin miedo y sin tregua. Ese es el mandato de nuestra hora: impulsar, sin reservas, la Restauración de la República, porque la historia no absuelve a los pueblos que se rinden, sino a los que resisten. *NI*
