*José Guadalupe Jiménez Garrido habla de lo ocurrido hace siete años en una toma clandestina de combustible.
Por Lupita Rodríguez Ordaz
TLAHUELILPAN, Hgo.- A siete años de la explosión de una toma clandestina de combustible en Tlahuelilpan, ocurrida en 2019 y que dejó 137 personas muertas y decenas de heridos, José Guadalupe Jiménez Garrido, uno de los sobrevivientes, relata las dificultades físicas, económicas y sociales que enfrenta desde entonces.
“Ha sido bastante difícil el camino en estos años, sobre todo en lo económico. Nos han tachado de lo peor. Con el apoyo de mi mamá fue que se buscaron los medios para poder asistir nuevamente al Estado de México, al hospital”, expresó Jiménez Garrido, habitante de Tlahuelilpan.
Recordó que, tras la tragedia, el gobierno federal les prometió apoyo médico, psicológico y económico. Señaló que recibió atención en Xochimilco, en el Instituto Nacional de Rehabilitación, pero con el paso del tiempo la situación se volvió más complicada, principalmente para encontrar empleo. “Por la condición en la que estoy se me dificulta mucho trabajar, sobre todo por mis manos. Después de tres años empecé a salir y hasta la fecha todo se me hace difícil”, dijo.
Jiménez Garrido indicó que ha sido sometido a 110 cirugías y que aún le faltan varias, entre ellas la reconstrucción del rostro, el ojo, la colocación de una prótesis, así como intervenciones en oídos, cabello y dedos de las manos. Explicó que estos gastos los solventa en ocasiones con trabajos de limpieza y, principalmente, con el apoyo de su madre, ya que actualmente no recibe ayuda gubernamental. “Al principio sí contábamos con el apoyo del gobierno, pero después de dos o tres años dejaron de apoyarnos y hasta ahora no hemos recibido nada”, afirmó.
Añadió que han ingresado documentación para acceder a becas por discapacidad, sin obtener respuesta. “El gobierno federal dice que nos apoya, pero desde hace tiempo ya no lo hace. Tampoco el gobierno municipal nos ha brindado apoyo; nos hemos quedado en el olvido”, señaló.
El sobreviviente también compartió lo difícil que resulta acudir a la llamada “zona cero” durante los aniversarios, ya que en la explosión perdió a su hermano. Relató que en ese entonces su hermano tenía 17 años y trabajaba ayudando en el campo a su abuelo, mientras que él, a sus 22 años, se desempeñaba como chofer de un camión de volteo.
Narró que el día del siniestro acababa de llegar de trabajar cuando les informaron que uno de sus tíos se encontraba grave por el contacto con el combustible. Intentaron auxiliarlo, pero todo ocurrió con rapidez y sobrevino la explosión. “Mi hermano entró por mí y ahí murió”, recordó.
Finalmente, Jiménez Garrido pidió comprensión y solidaridad. “Que se pusieran en el lugar de uno, que antes de hablar supieran la verdad del motivo por el cual cada persona estuvo ahí. No todos éramos rateros o huachicoleros, como dice la gente. Los verdaderos huachicoleros siguen libres, y uno, sin deberla ni temerla, por querer ayudar, pierde todo. No queremos que el gobierno federal nos olvide y que nos siga apoyando. En lo personal, lo que quisiera es la reconstrucción de mi ojo para facilitarme conseguir algún trabajo, ya que lo perdí completamente y mis manos carecen de movilidad”, concluyó. *NI*
