*RELATOS DE TERROR.
Por José Antonio Trejo Rodríguez.
“Qué bueno que me lo encuentro, tengo que contarle lo que me sucedió” dijo la amable señora a su vecina en el camino hacia la carnicería. La señora le puso contexto: “Mire que salimos de viaje al pueblo de la abuelita de mi marido, es la fecha de la fiesta patronal y sus hermanos y sobrinos tienen un conjunto y animan las celebraciones. Allá llegamos, nos dio bastante gusto poder saludar a la familia, recorrer el pueblo y visitar la capilla con respeto y fervor.”
La vecina la escuchaba absorta, imaginándose el panorama que su amiga le describía, a la vez recordaba y añoraba sus propias experiencias cuando sale con su familia a su pueblo de origen. La vecina continuó con su relato: “Los sobrinos son muy amistosos, les encanta comer con sus papás, abuelitos, tíos y se organizan para pasar un largo rato lleno de música, charlas y anécdotas de lo que viven.”
“En esta ocasión salió a cuento, porque son jóvenes solteros, sanos y sin malicia; eso sí, muy novieros ¿Pero qué joven no lo es? Total que, por estar en el relajo se acordó uno de cuando los contrataron para ir a dar serenata en un pueblito como a dos horas de donde viven. Dicen que llegaron, bajaron de su camioneta para preparar sus instrumentos, arreglarse y antes de iniciar el gallo, uno de ellos vio a una muchacha pasar junto al grupo, le saludó cortésmente, pues se le hizo atractiva y le preguntó si la acompañaba, ella dijo que sí.”
La vecina siguió con su relato: “Caminaron por las calles del pueblo, hasta salir de la zona urbana, ya no había casas y al sobrino le iban dando nervios y de plano le dijo que ya no podía continuar, puso como pretexto que tenía que ir a cantar; pero ella le pidió tiernamente que no la dejara sola, que ya mero llegaba a su destino. Él se animó y siguió caminando a su lado hasta llegar a ¡la puerta de un panteón! Ella se metió y le pidió que la acompañara, él sintió que una corriente eléctrica le recorría desde la cabeza hasta los tobillos. No podía ni hablar, sudaba copiosamente. Hizo un esfuerzo y sin mediar palabra echó a correr de regreso con sus hermanos y primos que, le reclamaron por tardar tanto, pues ya iban a comenzar la serenata, lívido les platicó lo que había acontecido. Todos se sorprendieron y hasta se espantaron, recomendando que nadie se apartara del grupo cuando salieran a trabajar.”
La vecina decía compartir el azoro de los hermanos y primos del joven músico espantado, pero aún le faltaba escuchar más de lo que su amiga le quería platicar: “Otro de mis tíos compartió que, cuando era joven le encantaba ir a los bailes a echar novia, hasta que una vez pasó a recoger a su novia a su casa, ya estaba oscuro y de lejos vio su silueta de espaldas, entonces se fue de puntitas para darle un susto, pero el asustado fue él, pues al llegar la silueta medio volteó y tenía cara de caballo. El tío casi se muere de la impresión y peor porque la muchacha salió corriendo con forma de yegua.”
Como relatos ajenos estaba bien, dijo la doña y entonces sí, vino lo más fuerte: “Pues regresamos del pueblo y mi esposo le tocó turno de noche en la empresa, los muchachos se fueron a la escuela a Pachuca y me quedé sola en la casa. Me acomodé para ver una película y después dormir a pierna suelta, estaba cansada y no tardé en pegar el ojo. Como a la media noche escuché un llanto lúgubre, como si alguien llorará. Me sorprendí y puse atención. El llanto sonaba terrible, parecía que era en nuestra calle y entonces los perros comenzaron a aullar bastante feo, aullaban con miedo. Yo no quise abrir los ojos, una voz en mi cabeza me recomendaba que no lo hiciera. El llanto siguió por otro rato y yo espantada, aterrada ¡No podía ni rezar! Todas las oraciones se me olvidaban. Hasta que por fin cesó y aliviada puede descansar.”
La vecina la miraba incrédula y le confió: “Allá por la barranca se oye también ese lamento. Dicen las señoras más viejitas que se trata de la llorona. Ay vecina, que bueno que no salió a ver, capaz que se arrepiente; pero le digo que seguido anda por estos rumbos, que Dios nos ampare”. *NI*
