*EL REGRESO A CLASES.

Por José Antonio Trejo Rodríguez.

Después de un largo periodo en el que las clases iniciaban en agosto, en este año se regresa a clases en el mes de septiembre, igual a como ocurría hace más de medio siglo. Quién sabe si la sensación en los educandos haya cambiado, pero en aquellos tiempos, para quienes iniciábamos el ciclo en una nueva escuela o en otro nivel educativo, era de expectación por conocer el ambiente de la comunidad escolar, al alumnado, al profesorado y sobre todo a la forma en que sería uno recibido.

Aunque el ambiente del nuevo ciclo, se iba sintiendo desde que tus papás acudían a sacar “la ficha”. Se madrugaba para hacer una larga fila en los jardines de niños o en las primarias o en la Tollan, que era la única secundaria pública de la región. Cargando una carpeta llena de papeles oficiales de sus hijos, se realizaban los trámites necesarios, ya sea para inscribirlos o para que hicieran examen de admisión.

De ser aceptados, seguía el proceso de la inscripción, que una vez cumplido aseguraba la adherencia a la institución educativa. Posteriormente la compra del uniforme, del calzado y los útiles. Aunque, salvo la Tollan cuyos uniformes nunca cambiaban: hombres con pantalón, camisola, cuartelera, cinto y corbata en un color verdoso, mientras que las alumnas con una blusa blanca y falda con tirantes de color rosa o azul o guinda de acuerdo a su año escolar; en las escuelas primarias se aguardaba a que las autoridades educativas eligiesen el color de los uniformes que se emplearían en las ceremonias cívicas del año escolar, así como el uniforme para educación física; el resto del año se acudía a clases con la ropa que la familia eligiera.

Era cosa de asentarse en la nueva escuela, conocer a las y los compañeros, saber las rutinas, identificar el vecindario también resultaba importante y lo mejor de todo: interactuar a través de las cascaritas de fut o de básquet a la hora del recreo o participando en las actividades culturales y artísticas o destacando como alumno de excelencia. Con eso tenías andado el camino para contar con la confianza de la comunidad.

Algo sumamente importante, por supuesto, era respetar las jerarquías: la máxima autoridad era el director, enseguida los maestros, una supra autoridad era el inspector, de respeto eran los prefectos y conserjes y entre el alumnado de las primarias mandaban los de sexto y en la Tollan los de tercero. Teniendo eso claro te olvidabas de los problemas y a disfrutar de la escuela y su convivencia.

Era común que, llegada la noche del domingo se acordaba uno de algún encargo o papelería necesaria para ir el día siguiente a la escuela, entonces desde temprana hora las papelerías estaban a reventar, despachando las urgencias de los olvidadizos. Un difícil filtro era pasar la revisión del corte de cabello en todas las escuelas y el porte de la cuartelera y la corbata en la Tollan; de ello dependía de que no nos regresaran a casa y perder las clases y toda la diversión de la jornada escolar que, ya pasadas unas semanas del inicio, se disfrutaba a tope.

Resultaba imperativo no olvidar el uniforme, tampoco los tenis, para las clases de educación física. Era obligatorio salir en short, camiseta, calcetas y tenis del uniforme, de lo contrario se prohibía la entrada a clase con su consecuente falta en la lista de asistencia. Para la hora del recreo había que correr a la cooperativa o a los puestos en los que uno ya sabía que vendían las tortas más sabrosas; también se permitía el ingreso a paleteros con su respectivo carrito para ofrecer paletas, congeladas, sándwiches de galleta.

En esos días en la Tollan se tenían talleres, había de soldadura, de torno, de dibujo, de taquimecanografía, de costura, de tejido. Se brindaban tres horas durante tres días de la semana y era menester llevar los implementos necesarios para cumplir con las tareas que se imponían.

Cada lunes, desde el primero del año escolar que, en este 2025 será el primero de septiembre, se abrían las actividades con los honores a la Bandera, acompañados con la banda de guerra, más la lectura de las efemérides, algún pensamiento o coro ensayado para la ocasión y un mensaje del director. Después de ello, el timbre o la chicharra avisaba que era la hora de que todos entráramos a nuestro salón de clases ¡Que las disfruten! *NI*

Por Nueva Imagen de Hidalgo

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