*EL CLUB DE FUTBOL JALPA.

Por José Antonio Trejo Rodríguez

José Acevedo en la portería; en la defensa Pancho Ángeles, Sotero Trejo, José María Bustamante y Mundo Ángeles; en la media: Leandro Trejo, Antonio Luján y Agustín Cerón; en la delantera: Facundo Cerón, el tremendo goleador Rutilo Cerón y Lalo Martínez. Esa fue una de las alineaciones originales del Jalpa, club de futbol que irrumpió por vez primera desde la popular Colonia, en el futbol organizado, en la llamada liga de los barrios de mediados de los años 70 que presidía Arturo Cerón Viveros, portando un uniforme muy cruzazulino: short azul, playera blanca o short rojo y playera blanca.

Es pertinente aclarar que la alineación variaba en función de la carga laboral de los jugadores y no era raro observar alineando como titulares a Doroteo Martínez, a Isidro Martínez, a Salvador Ángeles, a Juan Villeda, a Héctor Trejo, a Raymundo Villeda, a Nicolás Ángeles, a Moisés Villeda, a Leonardo Martínez y a un portero conocido cariñosamente como “Toño”.

El cuerpo técnico y la porra que acompañaba semana tras semana al equipo iba uniformado con chamarras en color rojo; su director técnico era Carlos Trejo, además de don Juanito Villeda, Juanito Martínez, don León Villeda, don Enrique Cerón, Ángel Luján, Pepe Cerón y el profe Rafael apodado “el brujo” pues en varias ocasiones adivinó lo que ocurriría en el terreno de juego.

En Jalpa no había campo de futbol, a diferencia de las comunidades y colonias que formaban parte de algún ejido; así que el Jalpa recibía sus partidos como local en el campo terregoso de San José al igual que lo hacían muchos de los equipos de la liga. Y salía a jugar a diferentes campos, todos de tierra, ubicados a lo largo y ancho de Tula: Nantzha, San Andrés, Héroes Carranza, Santana, San Lorenzo (muchos años antes de que se construyera la presidencia y los estadios de beis y de fut de los petroleros) La Loma del Montecillo, La vuelta del Río (frente a la Tolteca), el 61.

Enfrentó a grandes rivales, como los pumas del Nantzha con quien protagonizaron encuentros épicos, casi siempre resueltos a favor de los felinos; también se enfrentaron al Carranza que traía a un gran jugador apodado “el gallo”; al Teléfonos, al Santa Ana, al San Andrés cuyo campo era el más bonito, aunque de dimensiones inferiores a las medidas oficiales y para llegar había que cruzar el río rosas brincando sobre las piedras y en tiempo de lluvias cruzando un resbaloso puente colgante.

Cuando el Jalpa tenía que viajar a visitar al Carranza, los muchachos negociaban con Martín Luján para que llevara al equipo y a su porra en el camión alfalfero de su papá, don Martiniano. La carretera era de terracería, llena de polvo blanco, surcos y zanjas que hacían interminable el trayecto; pero nos divertíamos muchísimo, pues las señoras llevaban taquitos, agua y fruta que convidaban a todos.

Es importante reconocer que quienes organizaron al Jalpa tuvieron el gran tino de aglutinar a jugadores integrantes de las familias más añejas de la Colonia; lo cual permitió una mayor integración de la comunidad; aunque eran tantos que, obviamente, no todos podían jugar y de allí nacieron otros dos equipos: el “León 400” de los hermanos Facundo y Agustín Cerón Gallegos y el “Talleres” de los hermanos Pancho, Mundo, Chavo y Nico Ángeles Maqueda; integrando a más jugadores jalpenses como Cuco Santillán, Andrés Villeda, Eulogio Luján, Fernando Villeda, Mario Villeda, los hermanos Berny: Lorenzo y Paulino, Pepe Rejón, Martín Luján, Juvencio Luján y Partida, por ejemplo; hasta seminaristas que hacían pastoral en Jalpa, como el padre Marciano Reyes, y el padre Víctor, excelentes jugadores.

Otra consecuencia de la creación de más equipos fue que, se abrió la puerta para que los clubes incorporasen a una nueva generación de jugadores jalpenses, como Viviano Cerón, Raúl Villeda, José Luis Trejo, Andrés Martínez y su hermano Arturo, Carlos Martínez, Carlos Espíndola y su carnal Eduardo “el Pelé”, los hermanos Guerrero: Javier, Fernando y Carlos, Jerónimo Jiménez; Luis Villeda, hasta yo jugué un par de encuentros y marqué un gol con el Jalpa y otro par de juegos con el León 400.

En los anales de la historia de la Colonia Jalpa, siempre estará grabado que la camaradería y la amistad cultivada entre aquellos jóvenes de los años 70 gracias a su vecindad, permitió y sirvió como caldo de cultivo para el florecimiento de una de las más hermosas etapas de la vida en la comunidad que, medio siglo después aún se recuerda con mucho cariño y admiración.

Cierro platicando una anécdota ocurrida hace unos 15 años, cuando el Cruz Azul recibió a los gallos del Querétaro en el 10 de Diciembre. Invité a mi sobrinita a ir al partido y gustosa se puso a ensayar las porras que gritaría a favor de la máquina, cuando le hice ver que mi mamá, su bisabuela, les iba a los gallos; curiosa le preguntó si era verdad y mi mamá asintió. Así que, la pequeña decidió cambiar su porra, que ahora repito con gusto y alegría: ¡Jalpa, Jalpa, Rá Rá Rá! *NI*

Por Nueva Imagen de Hidalgo

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