*JOSÉ ALFREDO

Por José Antonio Trejo Rodríguez.

El cine ópera retumbaba de arriba abajo por los acordes del poderoso rock de la emblemática banda californiana Los Lobos, esto que les narro ocurrió en los años 90s, el grupo acostumbra cambiar de ritmos: va del rock al son huasteco, a la polka, al son jarocho, al bolero, al ranchero y de vuelta al rock. En una de esas, César Rosas, guitarrista y una de las voces principales, dijo en un claro español; “Esta va dedicada al más mero mero de los compositores de México, al gran José Alfredo Jiménez” y el público comenzó a gritar como en película ranchera al compás de los acordes de “La pistola y el corazón” de la autoría de los también integrantes de la banda: Louie Pérez y David Hidalgo.

Es tal la popularidad del gran compositor y cantante que, no hay mexicano que no conozca, al menos, alguna de sus letras, permítaseme citar algunas del álbum “Las 100 clásicas de José Alfredo Jiménez” y quizá empiece usted a tararear, silbar y hasta cantar: “Camino de Guanajuato”; “Paloma querida”; “El jinete”; “Tu enamorado”; “Amor del alma”; “El perro negro”, melodía que mi papá gustaba cantarle a mi sobrino Gilberto Daniel cuando era bebé y viajábamos en tren para vacacionar en verano; “Un mundo raro”; “La noche de mi mal”; La enorme distancia”; “Cuando nadie te quiera”; “La estrella”; “La mano de Dios”; “Virgencita de Zapopan”; “Un pedazo de luna”; “Se acabaron las palabras”.

Son imperdibles las aportaciones de su hija, la Doctora Paloma Jiménez Gálvez, a la historia y el análisis de las canciones de José Alfredo que, de manera periódica publica en un diario de circulación nacional. Y cómo olvidar las crónicas que, la gran Chavela Vargas y el gran Pepe Jara “el trovador solitario” regalaron a sus seguidores a través de entrevistas y hasta en libros, sobre su amistad con el gran José Alfredo.

Sigamos con el ejercicio de recordar su obra: “Las botas de charro”; “Extráñame”; “A la luz de los cocuyos”; “La malagradecida”; “Que te vaya bonito”; “La estrella de Jalisco”; “El siete mares”; “Llegó borracho el borracho”; “A punto de llorar”; “La que se fue”; “Ella”; “El hijo del pueblo”; “La media vuelta”; “Cuatro caminos”; “Amanecí en tus brazos”; “Al pie de la montaña”; “Esta noche”; “Retirada”; “El coyote”; “Cuando llegue el momento”; “Arrullo de Dios”; “Declárate inocente”; “Dame un poco de ti”; “Cuando vivas conmigo”; “El cantinero”; “Llegando a ti”; “No me amenaces”; “Te vas o te quedas”; “Corrido de Mazatlán”; “María la bandida”. Muchas de esas grabaciones se publicaron en un disco doble y uno con videos que, mi amigo Fer Larios Sánchez me permitió escuchar, ya que él lo recibió como obsequio de la mano de los amigos de José Alfredo, hace quizá unos 15 años.

“Cuántas luces dejaste encendidas. Yo no sé como voy a apagarlas…” dilucidaba, con intentos de filosofar, mi amigo y colega Antonio “búho” Morales, al recordar las letras de las canciones de José Alfredo y se seguía con otras como: “Que me sirvan de una vez pa´todo el año…” y hasta “El rey”. Yo no me quedaba atrás y presumía un casette que compré en Monterrey, grabado por Ramón Ayala y los Bravos del Norte allá en los lejanos años 80, con canciones como: “Cuando el destino”; “La que se fue”; “Sin sangre en las venas”; “Cuando juegue el albur”; “Ni el dinero ni nada”; “El silencio de la noche”, ciertamente una de las más hermosas melodías compuestas por José Alfredo; “Tu y la mentira”; “La enorme distancia”; “Que suerte la mía”; “Muchacha bonita”. Los arreglos para grupo norteño son maravillosos, a eso súmele los solos de acordeón de Ramón y las melódicas voces de Eliseo Robles y del mismo Ayala: Le recomiendo buscarlos y disfrutarlos, no se arrepentirá.

Y todo lo anterior vino a colación porque, el pasado 19 de enero se cumplieron 100 años del nacimiento de José Alfredo y jamás se podrá obviar una efeméride tan importante para la música popular mexicana. Por mi parte disfruté escuchando al más mero mero con “Mi tenampa” y de pasadita me puse a recordar algunas más de sus maravillosas letras que, cabe señalar nacieron acompañadas de un mariachi muy dinámico, muy poderoso que, logra que el orgullo por nuestra música tradicional siempre esté a flor de piel. NI

Por Nueva Imagen de Hidalgo

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