ÁNGEL FERNÁNDEZ
Por José Antonio Trejo Rodríguez.
Se acerca el campeonato mundial de futbol en el que nuestro país será sede, junto con Canadá y los Estados Unidos. Una gran fiesta deportiva que también es turística, cultural, social, comercial. Ante la magnitud del tercer mundial que México recibirá como sede, es menester hacer memoria de uno de los grandes cronistas deportivos que tuvo el deporte mexicano que, además el año pasado se celebró un siglo de su nacimiento, el gran Ángel Fernández.
Afortunadamente existen entrevistas y documentales del popular cronista, es cosa de buscarle en varios canales de YouTube y a disfrutar de ellos. Gracias a ello, sabemos que, aunque se le recuerda como un gran narrador de futbol, de reconocida afición por el América, Ángel Fernández inició como narrador de béisbol, mudando al balón píe por iniciativa de los dirigentes de reconocida televisora que deseaban tener a los mejores elementos entre sus filas y en las de su equipo, de tal forma que contrataron a don Panchito Hernández como directivo y a don Nacho Trelles como director técnico, llegados ambos del Zacatepec y a Ángel Fernández para las narraciones televisivas.
Su estilo inigualable le abrió de par en par las puertas en las narraciones futbolísticas, en los programas de radio y televisión. Cada domingo se presentaba en “Siempre en Domingo” el programa estelar de la televisión mexicana, al lado de Raúl Velasco, para informar los resultados de la jornada del fin de semana. Era todo un showman, salía bailando alegremente, siempre dueño de la situación y creando una atmósfera de fiesta y algarabía entre el público en el estudio y por supuesto entre los televidentes.

Llegado el momento de informar el resultado del partido del América decía con voz fuerte, por ello lo llamaban “Angelgrito” Fernández: “Y el América, … el América…”, dando pausas para incrementar la inquietud que el público reclamaba con chiflidos y gritos, hasta que soltaba el marcador; si lo hacía risueño es que su equipo había ganado y si lo hacía triste es que había perdido.
Hombre lleno de inventiva, ocurrente, renombraba a los jugadores, por ejemplo “el gato y el supermán” a Miguel Marín, mítico portero del Cruz Azul equipo al que llamó la máquina celeste. Entre sus anécdotas sobresale su narración en un partido de la selección nacional de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) cuya playera portaba las siglas “CCCP” que, en un instante Ángel Fernández tradujo para la posteridad como: “Cucurrú Cu Cú Paloma” y en otra ocasión cuando los soviéticos enfrentaban a la selección de Brasil decía que significaba: “Camaradas, Cuidado Con Pelé”.
Pude ver a Ángel Fernéndez en 1988, durante la celebración del medio maratón Rotter de Coatzacoalcos al que me invitaron mis amigos Alberto y Rogelio Luna López; atestigüé la entrega del público hacia él mientras viajaba en la camioneta de una radiodifusora local narrando las vivencias de la carrera en la que participaba lo más granado del atletismo de fondo mexicano de aquella época: José Gómez, Jorge Frías, Salvador García, entre otros; atletas que habían corrido en diferentes pruebas internacionales representando a México. Ángel Fernández narraba magistralmente las acciones en las que el halcón García triunfaba por segundo año consecutivo. El público se le acercaba a saludarle y a pedirle autógrafos y él complacía a todo mundo, como corresponde a una celebridad sencilla y con los pies en la tierra.
A principio de los años 90, compartía micrófono con otro grande del espectáculo como Héctor Lechuga en un programa matutino lleno de anécdotas, en los que ambos personajes entonaban una cancioncilla titulada “el pirata moñoño”. En cierta ocasión uno de los mejores futbolistas extranjeros que jugaban en México estuvo envuelto en un escándalo y Ángel Fernández no se anduvo con rodeos para fustigarlo públicamente desde el programa de radio, dando ejemplo de que todos teníamos que hacer lo que es correcto, sin importar que fuera, decía él: “la cosa más bella de su equipo”. NI
