“OREO”. DE JALISCO A MICHIGAN.

Por José Antonio Trejo Rodríguez.

La joven pareja regresaba de un paseo por la costa nayarita, una pequeña feria de una población cercana a la perla tapatía, su lugar de residencia, llamó su atención y pararon a ver qué compraban para adornar su hogar y disfrutar de algún postre típico. Entonces la vieron, la pequeña perrita color blanco con manchas obscuras paseaba en los portales del palacio municipal, les llamó la atención su porte distinguido y su seguridad al caminar de un lado a otro. El muchacho preguntó a un policía si conocía de dónde había salido el animalito, el agente respondió que era vagabundo.

Ambos le hicieron cariños y la perrita los siguió hasta su vehículo y bastó abrir la puerta para que sin chistar se subiera y emprendiera camino hacia una nueva vida, como miembro de una familia amante de los animales. Su color de pelaje le valió el nombre de “oreo”, igual que una famosa galleta. Primer obstáculo: la familia vivía en un segundo piso y Oreo no sabía subir escalones, pero fue aprendiendo y gracias a su diaria convivencia con los gatos de la casa se hizo ágil. Varias ocasiones visitó Tula, lugar de origen de su mamá adoptiva, acompañada de sus parientes felinos y recorrió las calles del centro de la ciudad.

Pasado algunos años, la familia tomó una decisión compleja, aceptar una oportunidad laboral allende la frontera y se mudaron a Detroit, Michigan en los Estados Unidos. Cumpliendo con las reglas de su nueva residencia, Oreo se fue con ellos y vivió un complicado proceso de adaptación: “No entendía el idioma y se ponía nerviosa al acudir a la consulta veterinaria. También se le hacía raro ver personas diferentes a lo que estaba acostumbrada y eso que también son muy cariñosos con los animales, igual que en Guadalajara” comparten sus compañeros de vida.

Actualmente, ya con siete años viviendo en los Estados Unidos, oreo entiende mejor el inglés y aunque su encuentro con las nevadas no fue nada grato, pues sus patitas resentían el frío de la nieve, ha aprendido a manejarse en esas situaciones y hasta las disfruta, lo que demuestra correteando y jugando en ella; incluso persiguiendo ardillas, aunque dice su familia que prefiere la cautela con los venados y los conejos y respeta a los gansos, quizá sabe lo que es experimentar una mordida de esos picos que atemorizan a cualquiera.

Refieren que le encanta jugar con los muñecos de nieve que encuentra en sus excursiones por el campo y retozar sobre camarones crudos, lo cual fue descubierto por un incidente: a sus familiares se les cayó un camarón y en vez de comerlo se recostó sobre de él para impregnarse de su olor durante un par de días. Tiene varios juguetes que ha encontrado en sus excursiones, los colecciona y los lleva a su casa para retozar animadamente.

La mirada de Oreo refleja la seguridad y la felicidad de saberse integrante de una familia que la ama y que, además, escribe cuentos de navidad con ella de protagonista. Su historia de migrante era digna de contarse y de conocerse, hasta ha viajado a vacacionar con su familia a Canadá y pasa periodos en Ohio en la casa del abuelo paterno de la familia con la que se encontró un domingo de hace muchos años en un pueblo de Jalisco y a quienes desde ese momento decidió unirse para ser felices en Jalisco y en Michigan. Muchas gracias a su familia por compartir su historia, fotos y aceptar que se publiquen ¡Saludos Oreo! *NI*

Por Nueva Imagen de Hidalgo

Medio de comunicación impreso que nació en 1988 y con el correr de los años se convirtió en un referente en la región de Tula del estado de Hidalgo. Se publica en formato PDF los miércoles y a diario la página web se alimenta con información de política, policíaca, deportes, sociales y toda aquella información de interés para la población.

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