*Gasolina barata hoy, decisiones caras mañana.

Por Magda Olguín

En tiempos donde la inflación aprieta y el bolsillo se vuelve cada vez más sensible, mantener bajo el precio de la gasolina parece, sin duda, una decisión acertada. El gobierno federal ha optado por recortar el gasto público para destinar miles de millones de pesos a subsidios que eviten aumentos significativos en los combustibles. A simple vista, la medida se percibe como un acto de respaldo a la economía familiar. Sin embargo, detrás de este alivio inmediato se esconde una discusión mucho más profunda: ¿hasta qué punto es sostenible esta estrategia?

No se puede negar que el impacto del precio de la gasolina es transversal. Afecta el transporte, la cadena de suministros, los alimentos y prácticamente todos los servicios. Un aumento en el combustible suele traducirse en una escalada de precios generalizada. Por ello, contenerlo tiene efectos positivos inmediatos: frena la inflación, reduce la presión social y da un respiro a millones de familias. En ese sentido, el subsidio cumple su función.

El problema surge cuando se analiza el origen de los recursos. El dinero no aparece por arte de magia. Si se destina una cantidad considerable a subsidiar combustibles, necesariamente debe retirarse de otros rubros. Y es ahí donde la incertidumbre comienza. ¿Qué áreas están siendo sacrificadas? ¿Se está reduciendo la inversión en infraestructura, salud, educación o seguridad? La falta de claridad en este punto es preocupante, porque podría estar comprometiendo el desarrollo del país a mediano y largo plazo.

Más aún, este tipo de medidas suelen convertirse en soluciones temporales que terminan prolongándose indefinidamente. El subsidio, diseñado como un mecanismo de contención en momentos críticos, corre el riesgo de transformarse en una política permanente. Y cuando eso ocurre, se vuelve extremadamente difícil retirarlo sin generar descontento social o impactos económicos abruptos. Es, en otras palabras, una solución que crea dependencia.

A esto se suma un contexto internacional complejo. El precio del petróleo y los combustibles está sujeto a factores globales que escapan al control nacional: conflictos geopolíticos, decisiones de producción de grandes potencias, fluctuaciones del mercado. Pretender estabilizar precios internos mediante subsidios frente a estas dinámicas es, en cierto modo, nadar contra corriente. Se puede lograr por un tiempo, pero el costo será cada vez mayor.

También es importante reconocer el componente político de esta decisión. Mantener la gasolina en niveles accesibles genera una percepción positiva inmediata. Es una política visible, tangible, que la ciudadanía experimenta todos los días. En ese sentido, resulta rentable en términos de aprobación. No obstante, gobernar implica más que atender lo urgente; exige también prever lo que viene y tomar decisiones que, aunque impopulares, sean responsables.

México enfrenta desafíos estructurales que requieren inversión constante: mejorar su sistema de salud, fortalecer la educación, impulsar el desarrollo regional, garantizar la seguridad. Cada peso cuenta. Destinar recursos significativos a subsidiar combustibles implica dejar de invertir en alguno de estos rubros. Y esa es una decisión que debe evaluarse con cautela.

Además, existe una contradicción de fondo. Mientras el mundo avanza hacia la transición energética y la reducción del uso de combustibles fósiles, apostar por mantenerlos artificialmente baratos puede enviar una señal equivocada. Lejos de incentivar alternativas más sostenibles, se refuerza la dependencia de un modelo que tarde o temprano tendrá que cambiar.

Esto no significa que el subsidio sea, por sí mismo, una mala decisión. En contextos de crisis, puede ser una herramienta válida para proteger a la población. El problema radica en su uso prolongado, en la falta de transparencia sobre su financiamiento y en la ausencia de una estrategia integral que atienda las causas del problema.

Al final, la discusión no debería centrarse únicamente en el precio de la gasolina, sino en el modelo de país que se está construyendo. ¿Queremos soluciones inmediatas que alivien el presente, aunque comprometan el futuro? ¿O estamos dispuestos a asumir costos hoy para garantizar estabilidad mañana?

Mantener la gasolina barata puede ser una buena noticia en el corto plazo. Pero si no se acompaña de una visión clara, responsable y sostenible, podría convertirse en una de esas decisiones que, con el tiempo, resultan mucho más caras de lo que parecían. Porque en economía, como en la vida, lo que hoy parece ahorro, mañana puede ser deuda.

Mis redes sociales están abiertas para usted Magda Olguín en Fb y @malenitaol en X e Instagram. Nos escuchamos el viernes a las 8 pm por www.grupoagsradio.com/pop-interactiva    *NI*

Por Nueva Imagen de Hidalgo

Medio de comunicación impreso que nació en 1988 y con el correr de los años se convirtió en un referente en la región de Tula del estado de Hidalgo. Se publica en formato PDF los miércoles y a diario la página web se alimenta con información de política, policíaca, deportes, sociales y toda aquella información de interés para la población.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *