*En 100 días el Mundial.
Por Magda Olguín
Faltan 100 días para que el balón comience a rodar en la Copa Mundial de la FIFA 2026 y México vuelva a colocarse en el centro de la conversación global. No será únicamente un torneo de fútbol; será un examen político, social y económico frente a millones de espectadores que observarán cada detalle, cada acierto y cada error. La magnitud del evento rebasa lo deportivo: se trata de la oportunidad de proyectar un país moderno, seguro y capaz, o de confirmar las dudas que aún persisten en el imaginario internacional.
Las sedes mexicanas —Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey— concentrarán a miles de visitantes que no sólo acudirán a los estadios, sino que recorrerán calles, consumirán en comercios locales y compartirán en tiempo real sus experiencias en redes sociales. En la era digital, la reputación de un país puede fortalecerse o deteriorarse en cuestión de horas. Por ello, la organización no puede limitarse a lo protocolario ni a la ceremonia inaugural; debe ser integral, coordinada y, sobre todo, preventiva.
El principal reto es la seguridad. Garantizar la tranquilidad de los asistentes es una obligación indeclinable del gobierno federal y de las autoridades estatales y municipales. No basta con aumentar la presencia policiaca; se requiere inteligencia estratégica, coordinación efectiva entre corporaciones y protocolos claros ante cualquier contingencia. México ha demostrado en el pasado capacidad organizativa, pero hoy el contexto exige mayor rigor. La percepción de seguridad será tan importante como la seguridad misma, porque en el escenario internacional la imagen pesa tanto como los hechos.
A la par, la derrama económica promete ser significativa. Hoteles llenos, restaurantes a máxima capacidad, transporte saturado y un comercio dinamizado pueden representar ingresos millonarios. Sin embargo, el verdadero desafío radica en que esos beneficios no se concentren en unos cuantos. El Mundial debe ser una oportunidad para fortalecer a pequeñas y medianas empresas, impulsar el turismo sostenible y transparentar cada peso invertido en infraestructura. La modernización de aeropuertos, vialidades y sistemas de transporte no puede ser un gasto efímero para lucir durante un mes; debe convertirse en legado tangible para la ciudadanía.
También está en juego la narrativa internacional de México. Cada transmisión mostrará paisajes, tradiciones y hospitalidad, pero también revelará nuestras carencias si no se atienden con anticipación. El gobierno federal tiene la responsabilidad de articular una estrategia de comunicación clara y veraz, capaz de reaccionar con oportunidad ante cualquier eventualidad. La improvisación sería el peor adversario.
En cien días el mundo no sólo verá goles y celebraciones; observará cómo un país enfrenta el desafío de organizar uno de los eventos más importantes del planeta. El marcador final no se medirá únicamente en resultados deportivos, sino en la confianza que México logre consolidar ante la comunidad internacional. El balón está por rodar y, con él, una oportunidad histórica que exige responsabilidad, visión de Estado y un compromiso real con la seguridad y el desarrollo.
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