*Conejo Malo.

Por Magda Olguín

El medio tiempo del Super Bowl siempre ha sido algo más que música y luces: es un espejo del poder cultural, una vitrina de quiénes importan y quiénes tienen voz en el escenario más visto del mundo. Por eso, la presencia de Bad Bunny en este evento no fue solo un acto artístico, fue un acto político y simbólico.

No soy fan de Bad Bunny. Su música no forma parte de mis gustos personales y, como a muchos, su estilo me resulta ajeno. Pero los gustos no deben nublar la capacidad de reconocer los hechos: su presentación fue un gran espectáculo y, sobre todo, un llamado de atención hacia la comunidad latina en un país y en un evento cien por ciento estadounidense.

Ver a un artista puertorriqueño cantando en español en el corazón del espectáculo deportivo más importante de Estados Unidos no es un detalle menor. Es una declaración de presencia. Es la confirmación de que la cultura latina ya no ocupa solo los márgenes, sino el centro del escenario. En un contexto donde el discurso antimigrante y la xenofobia siguen encontrando eco en ciertos sectores, este tipo de representación adquiere un peso político innegable.

El simbolismo fue evidente: el idioma español resonando en millones de pantallas, la estética urbana latina, las referencias culturales del Caribe y la diáspora. Todo ello construyó una narrativa clara: en Estados Unidos también se canta en español.

Sin embargo, no faltaron las críticas. Algunos cuestionaron su forma de hablar, su acento, su mezcla de idiomas. Otros descalificaron su español como “incorrecto”. Estas opiniones no son solo debates lingüísticos; son expresiones de xenofobia y clasismo cultural. El español no es una lengua homogénea ni estática: es una lengua viva, atravesada por migraciones, mezclas, historias y resistencias. El español de Bad Bunny es el de millones de latinos que viven entre dos culturas y dos idiomas, y negarlo es negar su identidad.

Más allá del espectáculo, el mensaje fue claro: la cultura latina no pide permiso, se impone por talento, mercado y presencia social. El Super Bowl se convirtió, aunque fuera por unos minutos, en una plataforma de visibilidad para una comunidad que durante décadas ha sido estereotipada, invisibilizada o reducida a cifras migratorias.

Tal vez no me guste Bad Bunny, pero su participación en el medio tiempo fue un momento histórico y un recordatorio de que la representación importa. Porque cuando una comunidad se ve reflejada en los grandes escenarios, también se reconoce como parte de la historia que se está escribiendo.

Y en tiempos donde el odio, la polarización y el miedo parecen dominar la conversación pública, vale la pena recordar el mensaje que la propia NFL ha difundido: “lo único más poderoso que el odio es el amor”. En ese escenario, entre luces, música y diversidad, el amor a la identidad latina se hizo visible, fuerte y, sobre todo, imposible de ignorar.

Mis redes sociales son: Magda Olguín en FB y @malenitaol en X e IG. *NI*

Por Nueva Imagen de Hidalgo

Medio de comunicación impreso que nació en 1988 y con el correr de los años se convirtió en un referente en la región de Tula del estado de Hidalgo. Se publica en formato PDF los miércoles y a diario la página web se alimenta con información de política, policíaca, deportes, sociales y toda aquella información de interés para la población.

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