*No habrá tercera Guerra Mundial.

Por Magda Olguín

En medio del reciente aumento de tensiones en Oriente Medio entre Israel e Irán —dos fuerzas militares clave en la región— muchos se preguntan si estamos al borde de una Tercera Guerra Mundial. Sin embargo, la respuesta es negativa. Actualmente, ninguna potencia mundial parece dispuesta a involucrarse, al menos a corto o mediano plazo, en un conflicto de gran escala, especialmente considerando la enorme cantidad de armas nucleares almacenadas en diversas naciones.

Un conflicto de esa magnitud tendría consecuencias catastróficas para la humanidad. Basta recordar que la Segunda Guerra Mundial terminó para Japón —integrante del Eje junto a Alemania e Italia— tras la devastadora bomba atómica lanzada por Estados Unidos. Hoy, el uso de armamento nuclear sería más un factor disuasivo que un incentivo bélico.

Israel justifica sus acciones al sostener que Irán ha estado cerca de fabricar un arma nuclear, lo que amenaza la estabilidad regional. También está en juego el dominio judío en la zona, un objetivo central del primer ministro Benjamín Netanyahu, quien será recordado por su papel en la promoción del conflicto, la violencia y por sobrepasar los límites hasta rozar el genocidio. Su legado político está en declive.

Una lógica similar usó Rusia con respecto a Ucrania. Vladimir Putin advirtió que la entrada de la OTAN al territorio ucraniano pondría en riesgo la seguridad y la hegemonía rusa. Ante esa posibilidad, optó por invadir, lo que resultó en numerosas muertes civiles.

Israel, por su parte, no piensa quedarse atrás y ha usado los ataques inhumanos del grupo Hamás como justificación para intensificar su ofensiva. Su intención es reescribir la historia de Oriente Medio, posicionándose como la fuerza dominante sin oposición significativa.

En este nuevo contexto global, caracterizado por un orden multipolar, las potencias medianas están siendo empujadas a confrontar a sus vecinos. En ese escenario, Irán busca acelerar el desarrollo de su arsenal nuclear, con el fin de proteger su identidad islámica frente al avance del sionismo.

Hace seis días, Israel lanzó una ofensiva estratégica contra Irán, eliminando a militares y científicos clave en su programa nuclear. Ayer mismo, el Organismo Internacional de Energía Atómica reconoció que Israel ha logrado debilitar parte de la infraestructura nuclear iraní, lo que parecía ser uno de sus objetivos centrales. No obstante, Netanyahu y su aliado Donald Trump podrían tener planes aún más ambiciosos.

La repentina salida de Trump de la cumbre del G-7, debido a la situación en Oriente Medio, sugiere que su objetivo sería provocar la caída del régimen de los ayatolás, en el poder desde hace más de cuatro décadas y actualmente liderado por Alí Jamenei.

Jamenei es un personaje clave para entender la Irán posrevolucionaria. Tras la Revolución Islámica de 1979, que puso fin al régimen prooccidental del Sha Reza Pahlavi, Jamenei asumió como jefe de Estado y comandante supremo del ejército, incluyendo a la Guardia Revolucionaria. Su figura concentra poder religioso, político y social, siendo reverenciado casi de forma mística, especialmente por los jóvenes iraníes.

Antes de él, solo hubo otro ayatolá: Ruhollah Jomeini, fallecido en 1989. Sin embargo, la línea dura se ha mantenido. Jomeini, por ejemplo, emitió una fatua ordenando la muerte del escritor Salman Rushdie. Con Jamenei, se profundizó el rechazo a Israel, a la democracia occidental y se fomenta el apoyo a grupos como Hezbolá y Hamás.

Aun así, desmantelar la República Islámica no será sencillo. En primer lugar, porque el pueblo iraní podría levantarse en defensa de su nación; en segundo, porque la imagen internacional de Netanyahu está gravemente dañada. Además, los grupos extremistas podrían aprovechar el caos para fortalecerse, generando una nueva ola de inestabilidad más allá de la región.

Una vez más, el multilateralismo se ve retado y el actual sistema multipolar enfrenta desafíos cruciales. Si bien ninguna gran potencia desea una Tercera Guerra Mundial, muchas de ellas —como China, Rusia, Estados Unidos o Europa— no están dispuestas a ceder su influencia global, incluso si eso significa usar métodos confrontativos.

Por otro lado Trump ha utilizado sistemáticamente el conflicto en Medio Oriente como plataforma política, apelando al miedo y a la narrativa del “enemigo común” para consolidar apoyos, especialmente entre sectores conservadores y proisraelíes. No obstante, reducir un conflicto tan complejo a una simple lucha entre el “bien” y el “mal” es irresponsable y peligroso. En lugar de promover un diálogo multilateral y apoyar soluciones pacíficas, sus declaraciones avivan tensiones que pueden tener consecuencias impredecibles a nivel global.

Además, su retórica agresiva contra Irán no considera la diversidad y complejidad del pueblo iraní, ni el riesgo de fortalecer a grupos extremistas ante una eventual desestabilización del país. El colapso del régimen actual no garantiza la llegada de una democracia, sino que podría abrir la puerta a una crisis regional aún mayor.

En un contexto donde el uso del poder militar puede desencadenar consecuencias nucleares y humanitarias, la postura de los líderes internacionales debe ser mesurada, basada en el derecho internacional y en la búsqueda de la paz. Las declaraciones de Trump, lejos de aportar soluciones, parecen motivadas más por intereses políticos que por un genuino compromiso con la estabilidad mundial.

El conflicto entre Israel e Irán representa una de las tensiones geopolíticas más peligrosas del escenario internacional actual, con implicaciones que trascienden las fronteras de Medio Oriente. Aunque ambos países justifican sus acciones bajo el argumento de defensa nacional, lo cierto es que la confrontación amenaza con desestabilizar aún más la región y arrastrar a otros actores globales. Ante este panorama, la comunidad internacional enfrenta el reto de frenar la escalada mediante la diplomacia y el diálogo, antes de que las acciones unilaterales y los intereses ideológicos deriven en una guerra de consecuencias irreversibles. Se espera que los organismos multilaterales, junto con las potencias globales, actúen con responsabilidad para evitar que este conflicto se transforme en una crisis de gran escala que ponga en riesgo la paz mundial.

Mis redes sociales están abiertas para usted Magda Olguín en FB y @MalenitaOl en IG. *NI*

Por Nueva Imagen de Hidalgo

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