*Claudia y el G7.
Por Magda Olguín
La asistencia de Claudia Sheinbaum, presidenta de México, al G7 celebrado en Kananaskis (Canadá) del 15 al 17 de junio de 2025 significó un hito diplomático: por primera vez México, sin ser miembro permanente del G7, tuvo una voz directa en un foro conformado por las siete mayores economías del mundo. Invitada por el primer ministro canadiense Mark Carney, esta participación subrayó la creciente relevancia de México y su papel activo en la agenda internacional.
Carney impulsó la invitación a Sheinbaum para facilitar conversaciones paralelas sobre temas esenciales como aranceles, el futuro del TMEC y la política regional frente a un Estados Unidos con una agenda proteccionista bajo Donald Trump.
La presencia de México buscaba: Defender la vigencia del TMEC, amenazado por la retórica de Trump sobre revisiones o aranceles además de consolidar el comercio y las cadenas de valor en Norteamérica, ante posibles fricciones bilaterales así como reforzar el rol del sur global en un foro tradicionalmente euro‑estadounidense.
Durante el evento, Sheinbaum centró su atención en cuatro pilares fundamentales: Abogar por el reconocimiento de los trabajadores mexicanos en EE. UU., su aporte económico y su dignidad, frente a un endurecimiento migratorio. Participar en diálogos con Mark Carney, Trump y otros líderes para asegurar estabilidad en el tratado trilateral y evitar imposiciones arancelarias unilaterales. Así mismo, en línea con su posterior propuesta al G20, se pronunció por una transición energética justa, cumplimiento de objetivos climáticos y solidaridad internacional, por último, aprovechó la reunión para subrayar cooperación contra el narcotráfico y fortalecer seguridad fronteriza en conversatorios informales
La participación de Sheinbaum proyectó varias repercusiones como una de las 10 mayores economías, su presencia como interlocutora directa con potencias nacionales reforzó su status geopolítico La coordinación trilateral (Can–Mex–EE. UU.) redujo el riesgo de divisiones bilaterales y mejoró la defensa del TMEC Su inclusión ilustró la voluntad del G7 de abrir su agenda a economías emergentes, especialmente latinoamericanas y el acercamiento directo con Trump en foro neutral permitió exponer objeciones mexicanas sobre aranceles y remesas, sin embargo, el retiro abrupto de Donald Trump por la crisis Irán‑Israel impidió una reunión bilateral esperada.
Cabe destacar que como invitada y no miembro, su voz tuvo alcance limitado; el documento final fue un “chair’s summary” en lugar de un comunicado conjunto y es que tensiones previas como las llamadas acusaciones falsas de apoyo a protestas en EE. UU. complicaron el ambiente.
Sin embargo podemos decir que la participación de Sheinbaum en el G7 representó: Una ventana diplomática única para México, facilitando diálogo sobre comercio, migración, seguridad y clima, además de ser un acontecimiento simbólico en su posicionamiento como actor global, al ser incluida en foros de alto nivel.
Su intervención significó una estrategia proactiva para proteger el TMEC, canalizar tensiones comerciales y elevar el perfil de América Latina en plataformas tradicionales. Aunque limitada por su condición de invitada y por circunstancias inesperadas como la salida de Trump, su acción fue un paso decisivo hacia una diplomacia más ambiciosa e influyente para México en el siglo XXI.
El G7 se conformó en 1975 como una reunión informal de potencias industriales occidentales. En su apogeo, representó más de dos terceras partes del Producto Interno Bruto global. Aunque hoy su peso económico ha disminuido, sus miembros siguen concentrando buena parte del capital tecnológico, militar y financiero del planeta.
Por primera vez, una presidenta mexicana —Claudia Sheinbaum— participó en la cumbre como invitada, sin duda, esta participación marca un cambio en la política exterior mexicana. A diferencia de López Obrador, Sheinbaum ha entendido la importancia de la diplomacia activa. Este fue un foro ideal para hablar de migración y comercio, aunque no estuviera al centro del escenario; la cumbre 2025 podría confirmar si el G7 logra adaptarse a los cambios o si seguirá siendo un club exclusivo que observa el mundo desde la nostalgia de su propia historia. Mientras tanto, nuevos actores, nuevas alianzas y tecnologías ya están escribiendo las reglas de un orden global que se mueve —cada vez más— fuera de su órbita.
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