¿Votar o no votar?
Por Magda Olguín
La reforma judicial aprobada en México en septiembre de 2024 representa un cambio sin precedentes en el sistema de justicia del país. Impulsada por el entonces presidente Andrés Manuel López Obrador y respaldada por su sucesora, Claudia Sheinbaum, esta reforma establece que, a partir de 2025, los jueces, magistrados y ministros del Poder Judicial serán elegidos por voto popular. México se convierte así en el primer país del mundo en adoptar este modelo de elección directa para todos sus jueces
A pesar de la magnitud de la reforma, se anticipa una baja participación en las elecciones judiciales. Factores como el desconocimiento sobre los candidatos, la complejidad de las boletas y las restricciones en las campañas han contribuido a una estimación de participación de entre 8% y 18%. Además, la oposición política ha expresado su rechazo al proceso, argumentando que participar equivaldría a legitimar una “farsa democrática”.
La elección de este 1 de junio de 2025 marcará un momento crucial en la historia del sistema judicial mexicano, con implicaciones significativas para la independencia judicial y la confianza ciudadana en las instituciones de justicia.
Entre las razones para no votar este próximo domingo, están las siguientes
1. Pérdida de independencia judicial
Se teme que una elección popular politice aún más al Poder Judicial. Jueces y ministros podrían verse forzados a hacer campaña y depender del respaldo de partidos, sindicatos o grupos de poder.
2. Falta de conocimiento técnico del electorado
El trabajo judicial requiere conocimientos altamente especializados. La mayoría del electorado no tiene los elementos técnicos para evaluar a candidatos judiciales con base en méritos jurídicos.
3. Riesgo de populismo judicial
Candidatos podrían hacer promesas populistas o simplistas para ganar votos, lo que va en contra del espíritu técnico e imparcial de la justicia. El sistema podría premiar la popularidad sobre la capacidad jurídica.
4. Cooptación por partidos o grupos de poder
Aunque formalmente los candidatos puedan ser independientes, en la práctica es probable que partidos políticos o intereses económicos promuevan a sus propios aspirantes. Esto puede agravar la corrupción o el control político del poder judicial.
5. Simulación democrática
Algunas personas podrían ver esta reforma como un intento de “simular” participación democrática para justificar un control más directo del Ejecutivo sobre el Judicial. La ciudadanía puede abstenerse como forma de protesta ante lo que consideran una farsa democrática.
6. Protesta contra el modelo propuesto
No participar (o anular el voto) puede ser una forma de rechazar una reforma que se considera regresiva o mal diseñada. El abstencionismo puede enviar un mensaje político de inconformidad o desconfianza en el proceso.
Sin duda, las elecciones del Poder Judicial que se celebrarán representan un momento histórico y polémico para la democracia mexicana. Se trata del primer proceso en el mundo donde toda la ciudadanía podrá elegir de forma directa a ministros de la Suprema Corte, magistrados y jueces federales, en un intento de “democratizar” una de las instituciones tradicionalmente más técnicas y cerradas del Estado.
La importancia de este proceso es innegable: lo que está en juego no es solo la renovación de cargos judiciales, sino la redefinición del equilibrio entre poderes y la independencia de la justicia en un país con serios antecedentes de corrupción, impunidad y politización judicial.
En comparación internacional, muy pocos países eligen jueces por voto popular, y cuando lo hacen, como en algunos estados de EE. UU., se trata de procesos altamente cuestionados por su tendencia a premiar la popularidad, la imagen pública o el respaldo financiero, más que la competencia jurídica. Estos sistemas han demostrado ser vulnerables al clientelismo, al financiamiento opaco de campañas y a decisiones judiciales influidas por el cálculo político, no por el derecho.
México parece estar repitiendo este camino, pero a una escala mucho mayor y sin precedentes. En lugar de fortalecer la justicia, esta reforma podría debilitarla, si no va acompañada de una ciudadanía informada, un marco institucional sólido y mecanismos efectivos de evaluación técnica. La paradoja es clara: se convoca al pueblo a elegir jueces, pero sin herramientas reales para hacerlo con conocimiento, y bajo un clima de polarización que puede distorsionar profundamente la esencia misma de la justicia.
Así, la importancia de estas elecciones no radica solo en quién gana los cargos, sino en qué modelo de justicia estamos construyendo. Y frente a la apatía o el rechazo, la pregunta clave no es si votar o no, sino cómo evitar que esta elección se convierta en un retroceso institucional, en lugar del avance democrático que promete ser…
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