*Se dice mucho sobre… el T-MEC.

Por Javier Alejandro Maldonado Cedillo

El T-MEC y su revisión o renegociación, se perfila como un proceso complejo en 2026, debido al fortalecimiento de la política comercial proteccionista de Estados Unidos y a las tensiones recientes en la integración económica de América del Norte. Este escenario ha reactivado el debate sobre el equilibrio de beneficios entre los países firmantes, en particular para México y Canadá.

En este contexto, los datos de la Oficina del Censo de Estados Unidos, organismo responsable de la recopilación de estadísticas económicas, evidencian la magnitud de la interdependencia comercial regional. Durante el periodo enero-septiembre de 2025, México concentró el 16.2 % del total de las importaciones estadounidenses en septiembre, superando a Canadá, con 11.6 %, y a China, con 8.5 %. Asimismo, México se consolidó como el principal destino de las exportaciones estadounidenses, con una participación de 14.7 %, ligeramente superior a la de Canadá (14.5 %) y muy por encima de la de China (5 %).

A pesar de estos vínculos comerciales, el proceso de revisión del T-MEC ha sido particularmente riguroso. Desde octubre de 2025, la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos inició consultas públicas para evaluar el desempeño del acuerdo. Como resultado de este ejercicio, el 3 de enero de 2026 se presentó ante el Congreso estadounidense un informe que integra recomendaciones y valoraciones sobre el tratado vigente. Será hasta julio de este año cuando se determine si el acuerdo se mantiene sin modificaciones sustantivas o si se abre la posibilidad de cambios de mayor alcance.

En paralelo, diversos sectores productivos enfrentan retos relevantes en el marco de esta revisión. El sector automotriz destaca por las dificultades para cumplir con las reglas de origen, dado que una parte significativa de sus insumos no se produce en Estados Unidos. La agroindustria, en particular en productos como el tomate y el aguacate, también se encuentra bajo presión. A ello se suma el sector tecnológico y electrónico, cuya dependencia de componentes provenientes de China genera tensiones adicionales, así como las industrias básicas, especialmente acero y aluminio, afectadas por el incremento de costos. En este entorno, los sectores manufactureros, energético y de telecomunicaciones operan bajo un clima de incertidumbre.

Conviene señalar que, si las consultas y la revisión no derivan en un consenso entre las partes, el proceso podría extenderse más allá de 2026 y prolongarse hasta 2027. De persistir las diferencias, el tratado contempla revisiones periódicas durante un plazo de diez años, al término del cual, de no alcanzarse un acuerdo, el instrumento comercial podría darse por concluido.

No obstante, el T-MEC ha generado beneficios relevantes para los tres países miembros. Entre ellos destacan la reducción de costos en el acceso a bienes y servicios, el fortalecimiento del intercambio comercial mediante la eliminación de barreras arancelarias y el incremento de la competitividad empresarial a partir de mayores niveles de especialización e innovación. Asimismo, el tratado ha favorecido la atracción de inversiones al ofrecer un marco jurídico predecible, ha impulsado la modernización regulatoria, ha fortalecido las disposiciones laborales y de protección a la propiedad intelectual, y ha contribuido tanto a la seguridad alimentaria como a la estabilidad de las cadenas de suministro regionales.

A pesar de lo anterior, persiste una confusión conceptual entre revisión y renegociación del T-MEC de cara a 2026. Algunos analistas sostienen que, dada la intención de Estados Unidos de maximizar sus beneficios estratégicos y económicos, el proceso difícilmente se limitará a una revisión técnica y podría derivar en una renegociación de mayor profundidad. Este escenario se ve reforzado por el contexto político de América Latina, particularmente en países como Venezuela, que incrementa la incertidumbre regional y evidencia la disposición de Estados Unidos a ejercer presión para salvaguardar sus intereses estratégicos. En este marco, se observa una diferenciación entre países sujetos a mayores presiones como Colombia, Cuba, Nicaragua, Honduras, México, Brasil, Uruguay y Chile, y aquellos considerados aliados estratégicos, entre los que se encuentran Guatemala, el Salvador, Costa Rica, Panamá, Ecuador, Bolivia, Paraguay y Argentina.

A partir de estos elementos, surgen interrogantes centrales para el análisis: ¿Debe México aceptar una revisión o una renegociación del T-MEC bajo la presión y con una mayor inclinación hacia las necesidades previstas por el gobierno estadounidense?, y ¿Cuáles serían las implicaciones económicas, políticas y estratégicas de optar por uno u otro escenario, es decir, una revisión o una renegociación? *NI*

Por Nueva Imagen de Hidalgo

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