*La nueva ley contra una vieja amenaza

Por Claudia Patricia Rodríguez Dorantes

El Día Internacional de la Mujer también es un momento para revisar, con datos y con historias, la realidad que viven millones de mujeres.

De acuerdo con la Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (ENDIREH) 2021, elaborada por el INEGI, el 70.1% de las mujeres mexicanas de 15 años o más ha experimentado algún tipo de violencia a lo largo de su vida.

Dentro de ese universo, la violencia psicológica ocupa un lugar central. Amenazas, control, celotipia o manipulación emocional han afectado al 51.6% de las mujeres. Son conductas que muchas veces se minimizan o se normalizan, pero que suelen ser la antesala de otras formas de violencia más graves. Entre esas conductas se encuentra el acecho.

Durante mucho tiempo, este tipo de comportamientos quedaba en una zona gris del derecho: demasiado invasivos para ignorarlos, pero insuficientes para que las autoridades actuaran. Muchas mujeres podían denunciar que alguien las seguía, las vigilaba o monitoreaba sus movimientos, y aun así recibir la misma respuesta: no se puede hacer nada.

Eso fue lo que ocurrió en 2017 con Valeria Macías, quien denunció a uno de sus alumnos por conductas persistentes de acecho. Las autoridades no pudieron actuar porque el delito, simplemente, no existía en la legislación.

Años después, ese vacío legal empezó a cerrarse.

El mes pasado, la Cámara de Diputados aprobó la llamada “Ley Valeria”, que incorpora el acecho como delito dentro del Código Penal Federal. La reforma reconoce como acecho conductas repetidas como vigilar o seguir constantemente a una persona, observar o monitorear sus movimientos, o realizar actos que alteren su tranquilidad, su intimidad o su

vida cotidiana.

La lógica de esta legislación es sencilla pero importante: proteger la dignidad, la seguridad y la privacidad de las víctimas antes de que la situación escale a formas más graves de violencia.

La pena prevista es de dos a cuatro años de prisión, y aumenta cuando la víctima es menor de edad, adulta mayor o se encuentra en situación de vulnerabilidad, o cuando existe una relación de poder o control entre la persona agresora y la víctima.

México no es el primer país en reconocer esta forma de violencia. En Nueva York, por ejemplo, el acecho está tipificado desde hace años, y en Canadá se persigue como acoso criminal cuando las conductas generan un temor razonable en la víctima.

Las leyes llegan tarde muchas veces, pero llegan porque las experiencias acumuladas terminan por revelar lo evidente.

Recuerdo que alguna vez, una persona con la que existía una clara relación de poder me dijo, casi con ligereza: “Tú no sabes, pero te tengo más vigilada de lo que te imaginas.”

Dicho así puede parecer una frase menor, incluso casual. Pero hay algo en esas palabras que se queda dando vueltas. No es fácil explicar por qué. Solo sé que en ese momento no me sentí cómoda… y que todavía hoy, cuando la recuerdo, tampoco.

El acecho tiene justamente esa característica: invade sin tocar, amenaza sin golpear, controla sin necesidad de decirlo abiertamente.

Por eso su reconocimiento legal importa.

Lo que resulta difícil de entender es que, mientras el país avanza lentamente en reconocer nuevas formas de violencia, algunos actores políticos parezcan empeñados en trivializar el problema.

Nuestro flamante diputado Cuauhtémoc Blanco anunció recientemente que presentará una iniciativa para sancionar las “acusaciones falsas”, con el argumento de proteger a hombres que -según dice- han sido víctimas de denuncias injustas, como él mismo afirma haber padecido. Vaya sinvergüenza.

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Por Nueva Imagen de Hidalgo

Medio de comunicación impreso que nació en 1988 y con el correr de los años se convirtió en un referente en la región de Tula del estado de Hidalgo. Se publica en formato PDF los miércoles y a diario la página web se alimenta con información de política, policíaca, deportes, sociales y toda aquella información de interés para la población.

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