*Dos tiempos, una misma silueta: Xicuco.
Por Claudia Patricia Rodríguez Dorantes
El domingo fuimos al Museo Nacional de Antropología de la Ciudad de México.
Acompañados por una guía —Angelina- recorrimos las salas Teotihuacana, Tolteca y Mexica. Todo transcurría con normalidad hasta que ella supo que éramos originarios de Tula. En ese momento, su emoción se igualó a la nuestra: hablar de la cultura tolteca desde la propia raíz hace que todo cobre otra dimensión.
A la entrada de la sala Tolteca nos recibió una frase hermosa: “Estos toltecas eran ciertamente sabios. Solían dialogar con su propio corazón.” Es una sentencia que conecta la grandeza antigua con una sensibilidad profundamente humana.
Dentro de la sala, hay una pintura que reconstruye cómo debió verse el centro ceremonial de Tula: el Templo de los Atlantes, el Palacio Quemado, el juego de pelota y, al fondo, la silueta del cerro Xicuco. Tan bello, tan distinto, tan característico de Tula.
Pero el dato más sorprendente de la tarde no vino de la guía, sino de mi papá: dijo que uno de los arquitectos de la Basílica de Guadalupe se había inspirado justamente en el cerro Xicuco para su diseño. La idea me atravesó. Recordé ambas imágenes, la del cerro y la del templo, y sí: se parecen. Siempre he visto a la Basílica como una construcción “rara”, distinta… incluso un poco “chueca”; pero nunca había pensado en una posible inspiración tolteca.
La nueva Basílica de Santa María de Guadalupe se construyó entre 1974 y 1976. Participaron José Luis Benlliure, Pedro Ramírez Vázquez, Alejandro Schoenhofer, fray Gabriel Chávez de la Mora, Antonio S. Gómez Palacio y Javier García Lascuráin.
En 2023 comenzó a circular -sobre todo en redes sociales- la versión de que su diseño había retomado la silueta del Xicuco para dar forma a su cúpula. Según esta versión, uno de los arquitectos habría pedido apoyo al escritor Gutierre Tibón —autor de El ombligo como centro cósmico- para identificar alguna figura sagrada prehispánica que pudiera servir como base conceptual. Tibón, profundo conocedor del simbolismo mesoamericano, habría sugerido precisamente el cerro Xicuco.
Sin embargo, al ser entrevistado por México Desconocido, fray Gabriel Chávez de la Mora explicó que la Basílica no tuvo una inspiración simbólica específica. Señaló que el objetivo fue funcional: crear un templo moderno donde la comunidad pudiera rodear el altar.
Descartó, así, la idea del Xicuco como referencia. Pero aun con esa aclaración, me gusta pensar que tal vez sí.
Porque nadie nos dice qué pensar, y porque la intuición a veces completa lo que la historia deja abierto. Y porque, siendo honestos, el parecido está ahí. Y quizá, en algún punto entre la razón y la imaginación, el Xicuco sigue inspirándonos.
Para los toltecas, el cerro no era un adorno del paisaje, sino un referente territorial y simbólico, parte de su forma de organizar el espacio y de entender su entorno. Hoy, aunque nuestra vida sea totalmente distinta, su presencia sigue siendo un punto de referencia para quienes crecimos cerca: lo vemos, lo reconocemos y lo ubicamos como parte de nuestra identidad.
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