*De San Carlos a otro Carlos.
Por Claudia Patricia Rodríguez Dorantes

Ayer, 4 de noviembre, la liturgia recordó a San Carlos —Carlos Borromeo—, arzobispo del siglo XVI que dedicó esfuerzos a la reforma y la educación del clero para responder a la crisis que abrió la Reforma protestante; de él suele citarse una frase sencilla y exigente: “asegúrate de predicar primero por la forma en que vives”: la autoridad que no es coherente con la propia conducta pierde su poder moral.
Hoy, al cerrar la página del día siguiente, pienso en otro Carlos: Carlos Alberto Manzo Rodríguez, nacido en Uruapan en 1985, formado en Ciencias Políticas y Gestión Pública en el ITESO; auditor del IMSS en Michoacán (2017–2018), diputado federal (2021–2024) y, desde septiembre de 2024, el primer presidente municipal independiente de Uruapan. Fue abatido a balazos el 1 de noviembre de 2025 durante el Festival de las Velas, mientras convivía con vecinos.
Su figura creó adhesiones y rechazos pronunciados. Se vestía con el sombrero que lo identificó públicamente y gobernó con una fórmula de confrontación frente al crimen organizado —frases como “delincuente que se tope que ande armado… hay que abatirlos” o “no puede haber abrazos para los delincuentes” formaron parte de su retórica pública—, discursos que le valieron comparaciones con gobiernos que priorizan mano dura y, al mismo tiempo, críticas y advertencias sobre el límite del uso de la fuerza por parte de autoridades civiles.
La violencia que terminó con su vida abrió, enseguida, dos trayectorias previsibles: la del duelo y la de la política. Por una parte, está el dolor concreto e inmediato: una familia rota, amigos y vecinos que lloran a un hombre —valiente para muchos, temerario para otros— que murió público y violentamente; por otra, las disputas en redes y en los micrófonos sobre culpables, responsabilidades y estrategias. La política del reproche fácil corre el riesgo de convertir el duelo en espectáculo.
El luto trae consigo preguntas inquietantes. ¿Qué resultado distinto ofrecía la retórica del enfrentamiento armado?, ¿Qué decir frente a una escena en la que un servidor público se toma una foto con niños (sus hijos) y, minutos después, muere por un disparo? Son preguntas que no admiten respuestas simples.
La otra lectura es institucional: al cierre de esta edición, el Movimiento del Sombrero y actores políticos locales proponen a Grecia Quiroz, su viuda, como sucesora en la alcaldía. Es un gesto político —y humano— que busca continuidad y consuelo, pero también una señal de la rapidez con la que la política intenta ocupar el vacío que deja la muerte.
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