*María Corina Machado y el sentido del Nobel de La Paz

Claudia Patricia Rodríguez Dorantes

Alfred Nobel fue un químico e inventor sueco que, a lo largo del siglo XIX, desarrolló diversos avances aplicables a la construcción, la minería y la ingeniería. Entre ellos, la dinamita, cuyo uso revolucionó la industria… y también la guerra. Con los años, Nobel acumuló una enorme fortuna, pero también un profundo conflicto moral ante el poder destructivo de sus inventos.

En un gesto de redención y esperanza, decidió que su legado no se recordara por las armas, sino por el conocimiento. Dejó su fortuna para crear una fundación destinada a reconocer a quienes, con su trabajo, contribuyeran al bienestar de la humanidad. Así nació, en 1900, la Fundación Nobel, encargada de otorgar cada año premios en cinco categorías: Física, Química, Medicina, Literatura y Paz.

Mientras las academias científicas suecas se ocupan de los premios técnicos, el Comité Noruego del Nobel tiene la atribución de conceder el Premio Nobel de la Paz, siguiendo el testamento de su fundador, quien dispuso que este reconocimiento se entregara a quien hubiera hecho “el trabajo más destacado por la fraternidad entre las naciones, la abolición o reducción de los ejércitos permanentes y la celebración y promoción de congresos de paz.” Con el paso de los años, el significado del Nobel de la Paz ha evolucionado. En sus primeros tiempos -hasta la Primera Guerra Mundial- el premio solía distinguir a pioneros del movimiento pacifista organizado. Después, durante el periodo de entreguerras, la mirada se desplazó hacia líderes políticos que buscaban promover la estabilidad y la justicia internacionales mediante la diplomacia. En algunos casos, también se premió la labor humanitaria, como ocurrió con Fridtjof Nansen o el Alto Comisionado para los Refugiados de la Sociedad de Naciones.

Tras la Segunda Guerra Mundial, el Comité Nobel ha reconocido principalmente cuatro grandes vertientes del trabajo por la paz: control y reducción de armas, las negociaciones de paz, la defensa de la democracia y los derechos humanos, y los esfuerzos por construir un mundo más justo y pacífico.

Ya en el siglo XXI, el concepto se ha ampliado para incluir causas globales como la protección del medio ambiente y la lucha contra el cambio climático, entendidas también como condiciones necesarias para la paz duradera.

Este año, el 10 de octubre de 2025, el Premio Nobel de la Paz fue otorgado a María Corina Machado, por su “incansable labor en la promoción de los derechos democráticos del pueblo de Venezuela y su lucha por una transición justa y pacífica de la dictadura a la democracia.”

Nacida en Caracas en 1967, María Corina Machado es ingeniera industrial y profesora universitaria, donde ha impartido cátedra en áreas de Gerencia y Recursos Humanos. Es una de las figuras más reconocidas de la oposición venezolana, cuya trayectoria ha estado marcada por la participación cívica y la defensa del proceso democrático, así como por episodios de persecución y censura política.

Su carrera política ha estado marcada por múltiples inhabilitaciones impuestas por

la Contraloría General de la República, que han limitado su participación electoral:

• 2014: inhabilitación por 12 meses, tras denunciar al gobierno venezolano ante la

OEA.

• 2015: ampliación de la sanción a 12 años, por presuntas irregularidades administrativas.

• 2023: nueva resolución que la excluyó de cargos públicos hasta 2036, bajo acusaciones de “apoyar sanciones internacionales”, “promover el bloqueo económico” y “solicitar intervención extranjera”.

Aun así, ganó las elecciones primarias de la oposición en 2023 con más del 90 % de los votos. Al no poder registrarse como candidata presidencial en 2024 debido a su inhabilitación, respaldó la candidatura del diplomático Edmundo González Urrutia como sustituto.

Las elecciones se celebraron el 28 de julio de 2024, y aunque los conteos paralelos de la oposición y los observadores independientes apuntaron a una victoria de González, el gobierno no reconoció los resultados oficiales, manteniendo en el poder a Nicolás Maduro.

Más allá de los juicios y simpatías, es difícil pasar por alto que la trayectoria de Machado refleja una constante limitación de sus derechos políticos. Incluso en un intento por mantener la objetividad en la narración, resulta evidente que su carrera ha estado atravesada por una persecución política sistemática, reconocida por diversos observadores internacionales.

El reconocimiento a Machado por parte del Comité Noruego del Nobel, más que una distinción personal, se interpreta como un mensaje dirigido al mundo sobre la persistencia pacífica y la defensa de la participación ciudadana frente a contextos de restricción política.

En sus palabras, “las herramientas de la democracia son también las herramientas de la paz.”

En México, el anuncio del premio generó una oleada de reacciones. Mientras algunos sectores celebraron el reconocimiento como un símbolo de resistencia democrática en la región, otros cuestionaron la decisión del Comité Noruego por considerar que el activismo de Machado es también profundamente político. Más allá de la controversia, el debate que ha suscitado pone de manifiesto la vigencia del Nobel como espejo de las tensiones globales entre el poder, la libertad y la paz.

Escribanme a claurodriguezdor@gmail.com

Por Nueva Imagen de Hidalgo

Medio de comunicación impreso que nació en 1988 y con el correr de los años se convirtió en un referente en la región de Tula del estado de Hidalgo. Se publica en formato PDF los miércoles y a diario la página web se alimenta con información de política, policíaca, deportes, sociales y toda aquella información de interés para la población.

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