*A tres en Centroamérica

4/6.

En El Salvador.

Después de algunas opiniones entre el grupo decidimos que hoy haríamos tres visitas:  el sitio arqueológico de San Andrés, el mirador en el lago Coatepeque y al volcán el Boquerón o San Salvador.

El plan es no ir con prisas, y por la mañana -toda vez que en paquete no está contemplado el desayuno en el hotel- nos fuimos a almorzar unas pupusas, que no es otra cosa que lo que en México conocemos como las gorditas. Es una tortilla gruesa que puede ser de varios tamaños, rellena de frijoles, queso, chicharrón o de lo que quieran.

Nos recogen a las puertas del hotel y nos encaminamos al sitio arqueológico de San Andrés. Para no variar el tráfico es por momentos a vuelta de rueda, pero en una hora y 10 minutos ya estamos en lugar, fueron tal vez no más de 30 kilómetros, pero lo bueno es que ya llegamos.

El lugar está ubicado en el valle de Zapotitán  y fue un centro administrativo de la cultura maya. Investigadores de este sitio lo ubican en el periodo clásico. Ellos consideran a San Andrés como uno de los asentamientos mayas ubicados en la zona sur de Mesoamérica.

Son pocos los visitantes, con el nuestro son siete vehículos, vemos que  hay cobro de acceso para los extranjeros, o sea nosotros, y por la camioneta. Son extensas áreas verdes que suben y bajan, todas muy bien cuidadas. Aquí y allá monumentos arqueológicos.

Las fotos de rigor y por supuesto que entramos a un pequeño museo  que contiene objetos varios que hablan de la grandeza de este pueblo. La sala explica algunos fenómenos naturales que afectaron al  Valle de Zapotitán, azotado principalmente por las erupciones volcánicas de toda la zona.

Son casi la una y 30 de la tarde, con su sol que está muy duro, ya estamos de vuelta al aparqueadero y ahora nos enfilamos rumbo al mirador del Lago de Coatepeque. Aquí el trayecto no es largo -apenas 25 minutos- y aprovechamos para compartir dos temas importantes y ahora que hemos recorrido varios kilómetros de estas carreteras, tanto de Guatemala como del Salvador.

Uno, no hemos atravesado ninguna caseta de cobro, y eso lo hemos visto tanto en Guatemala como El Salvador; y dos, sorprendidos con la buena calidad de las carreteras. Si la economía de estos dos países es inferior a la de México, pues aquí nos parece al contrario, sus vías de comunicación en excelentes condiciones y sin casetas de cobro.

 Poor mientras hemos llegado a un mirador que hace las veces de restaurante. Está con poca gente, nos recibe un hombre bajito y ya entrado en años. Al tiempo que nos pone las cartas para ordenar, nosotros nos sentamos a la mesa y le aclaramos que no vamos a comer, “sólo queremos admirar el paisaje tan bello y si acaso le pedimos agua, cerveza y refresco, para todos los gustos.

Vemos el hermoso lago a unos 200 metros abajo y el guía nos habla de su posible origen volcánico. Ya no hay más tiempo porque la hora apremia y ahora nos dirigimos a unos de los puntos que me convencieron para venir a estas tierras y poder  ver de cerca un volcán y en este caso el que los lugareños llaman el Boquerón.  

El camino es de regreso y con  rumbo a la ciudad del Salvador para buscar el camino al volcán localizado dentro del  llamado  “Parque Nacional el Boquerón”. Se trata de subir 15 kilómetros en una carretera  también en  buenas condiciones que ya hemos platicado.

Comenzamos a subir y más a subir. Nos dice el guía que son 15 kilómetros. De pronto ya casi para llegar, una escena que nos impacta.   El tráfico es pesado, en su mayoría autos que  suben y bajan. Bajan tres motociclistas, lo hacen en medio de ambas filas de autos, su carril es apenas la  línea blanca central. De pronto el de la moto de en medio titubea un instante, tiempo suficiente para que golpee por el lado del conductor  a la camioneta blanca y con el golpe la moto va a dar a un auto azul que sube, justo delante de nosotros.

Fueron instantes de angustia, la moto terminó desecha y el piloto tirado  al lado  del vehículo nuestro por el lado del chofer. Nos imaginamos lo peor pero el piloto se levantó como si nada hubiera pasado, en un movimiento instintivo se puso a buscar las piezas de su unidad. Dicen que mucho ayuda el que no estorba y después de dar gracias a Dios que lo que pudo haber sido un accidente mortal todo quedo en el tremendo susto y en el fin de la moto. De manera que nosotros   reanudamos nuestro camino cuesta arriba

Por fin llegamos a la cima del cerro, a pesar de la hora que son las cuatro de la tarde, todavía hay mucho turismo en el parque nacional del Boquerón, reza un gran letrero en madera. El guía paga el acceso, reportando que vamos cinco extranjeros y un nacional.

Del lugar en donde se quedó el vehículo todavía subimos a pie unos cien metros más, hasta llegar a un punto en donde se puede disfrutar de una maravillosa vista que permite admirar un enorme cráter y dentro uno más pequeño que el guía nos comenta le dicen el Boqueroncito por razones fácilmente entendibles.

Caminamos de aquí para allá. Hay un mirador con piso de cristal, que nos permite ver a nuestros pies un vacío calculado, de acuerdo con el guía, en unos 500 metros. “se siente la adrenalina”, comenta él mismo.

Ya de bajada hacemos una parada técnica obligada, ya hace hambre. El lugar es un restaurancito   que se ve pequeño pero agradable. La comida nos tardó fácil una hora, pero coincidimos en que valió la pena; y ahora, vámonos rumbo al hotel, no sin antes comprar un agua o algo muy ligero. *NI*

Por Nueva Imagen de Hidalgo

Medio de comunicación impreso que nació en 1988 y con el correr de los años se convirtió en un referente en la región de Tula del estado de Hidalgo. Se publica en formato PDF los miércoles y a diario la página web se alimenta con información de política, policíaca, deportes, sociales y toda aquella información de interés para la población.

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