*Hoy la libertad de expresión.

Consagrada en el artículos sexto y séptimo de la Constitución de nuestro país, la libertad de expresión se celebra en México cada 7 de junio a partir de 1951 en la época del presidente  Miguel Alemán Valdés, “con el fin de destacar la trascendencia de una prensa libre e independiente por la democracia mexicana”. El artículo 19 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos también lo consagra.

Hoy el ejercicio periodístico está convertido en una de las profesiones más peligrosas particularmente en nuestro país. El número de comunicadores asesinados, secuestrados o cuando menos  amenazados es uno de los más altos en el mundo; si acaso superado por naciones en guerra.  

Justamente es el mandato de AMLO cuando la tarea periodística comienza a vivir una crisis que el propio presidente inicia cuando desde el púlpito de la mañanera denostó en decenas de ocasiones  contra medios de comunicación y periodistas cuya línea informativa no le satisface su ego.

Chayotero fue el término que más utilizó para agredir a quienes se atrevieron a no someterse a sus presiones . Claro que no comenzó en el 2018 el peligro para los periodistas en México, pero sí alcanzó desde entonces un nivel francamente peligroso e inaceptable con el aval -como nunca- desde la presidencia de la República.

Así la relación entre la prensa y el gobierno es diferente que antes de ese año. Para bien o para mal pero ya no es igual. Veamos casos por ejemplo del diario La Jornada que vivió años de crisis económica al grado tal de casi desaparecer (aunque hoy en día vive otra crisis que ahora parece no es por dinero), pero llegó AMLO con quien su directora Carmen Lira Saade  le une lazos ideológicos que le tiene convertido en periódico oficial de Morena  y la crisis terminó.

Es un hecho que salvo algunas excepciones en México, en las entidades y en los municipios se terminaron las épocas de las grandes comilitonas del presidente de la República, los gobernadores o los alcaldes con los periodistas y/o con los dueños de los medios de comunicación.

Hoy el escenario ha cambiado, para empezar los periódicos impresos parecen a punto de desaparecer, la radio y la televisión también hoy hace un  periodismo diferente al de hace digamos diez años. Y a todo lo anterior hoy debemos agregar a decenas de  medios de comunicación digitales. Total para crearlos sólo se requiere de ciertas habilidades en las llamadas redes sociales y ¡ya está!

Hace poco se pretendió tener una ley a modo en México para regular esta actividad y otras parecidas a través de un marco legal que cuando menos y de momento no prosperó pero cuidado, no sabemos qué puede venir en los tiempos futuros y no tan lejanos.

Al margen de lo anterior, hoy en día y en mucho a consecuencia del agresivo estilo de Obrador para con la prensa, es de lo más común que la gente y el gobierno en cualquiera de sus niveles, denigra la actividad periodística, muchas veces sin razón alguna.

En un rápido recuento mental no me atrevo a decir el nombre de un medio, estatal o regional, que goce de buena reputación entre los internautas. Insisto en gran parte por la directriz de la descalificación que creó AMLO.

¿Cuál es la realidad? Primero hay que recordar que un medio de comunicación como cualquier otra actividad de rubros tan diferentes como el de un campesino, un empresario, un comerciante, un taxista, un maestro, etc., toda actividad -incluida la de un medio de comunicación, de un periodista-  va encaminada a generar  un ingreso económico.

Claro, no es el caso del gobierno o  de la iglesia, por ejemplo. Sus objetivos son otros. Ya en cuanto a  los medios de comunicación, cada uno va construyendo su imagen con el tipo de información que publica, y aquí viene la disyuntiva en el trato, en la relación con el gobierno en turno.

No es extraño de medios que viven  “al día”, es decir con sus ingresos muy limitados y sólo a expensas de lo que el gobernante en turno les pague. En muchas ocasiones el pago es no por lo que pueda informar, sino más bien por  lo que deban callar. 

Lo complicado para el gobierno es cuando el medio no vive (o no solamente) de los acuerdos gubernamentales. Su dueño es un personaje de dinero y el medio es apenas un pasatiempo, o bien tiene una cartera de clientes que no le exige más que publicitar su negocio y nunca tratar de dictarle “su línea” informativa.

Aquí es cuando se puede hacer -según mi óptica y experiencia- un mejor periodismo. No estar supeditado a una buena relación con el gobernador o con el alcalde en turno para la subsistencia del medio. Es un poco como la máxima que hace años escuché y comprobé en la actividad del servicio público. “Un político pobre, es un pobre político”. 

Así un periódico o un periodista que vive  a expensas del gobernante en turno, nos va a llevar irremediablemente a hacer un periodismo sesgado, parcial, que poco tiene que aportarle a la sociedad.

Por el lado del gobierno –en diferentes momentos me ha tocado  ser parte de ambos- hay desde quienes gobiernan como se los indica el sentido común, y no como se lo “ordenen” los medios y quedar supeditados a ellos. 

Creemos que si un gobernante está haciendo bien las cosas, no le debe preocupar  lo que se diga o escriba de él en los medios. Lo que sí  debe procurar es una buena relación, de respeto no de complicidad con los comunicadores. Amigos sí; cómplices no. Porque unos y otros nos necesitamos, siempre, siempre.

Por hoy es todo, nos leemos en la próxima entrega, pero…En Confianza.    *NI*

Por Nueva Imagen de Hidalgo

Medio de comunicación impreso que nació en 1988 y con el correr de los años se convirtió en un referente en la región de Tula del estado de Hidalgo. Se publica en formato PDF los miércoles y a diario la página web se alimenta con información de política, policíaca, deportes, sociales y toda aquella información de interés para la población.

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