*Lo mínimo no es mérito.
Por Iván Hernández Mendoza
¿Un gobierno que no está preparado para las crisis puede ser llamado gobierno?
Los últimos días han sido caóticos en las calles de nuestro municipio. Hay desorden por todas partes: calles encharcadas, pavimento erosionado que provoca socavones, y un deterioro constante de la infraestructura, agravado por las lluvias incesantes. Lo he dicho muchas veces, pero de pronto la frase “el municipio se está cayendo a pedazos” empieza a adquirir un sentido literal.
Mientras tanto, el discurso oficial permanece inamovible, presumiendo cifras millonarias destinadas a la “transformación de Tula”. Ya empiezo a creer que esa transformación está pensada para una futura movilización en canoas y lanchas.
A esta situación se suma la falta de transparencia en las decisiones de la presidencia municipal, una problemática que ha sido denunciada en repetidas ocasiones durante las sesiones del cabildo. La opacidad solo alimenta las sospechas de que estamos frente a una administración cuyos intereses no terminan de quedar claros. Todo se respalda en un discurso viejo, heredado de periodo en periodo:
“Si el pueblo quiere saber, que me lo demande.”
Porque claro, cuando se trata de asumir responsabilidades, es más fácil evadir que aceptar. ¿De qué tienen tanto miedo si, como presume el alcalde Cristhian Martínez Reséndiz, todo se hace conforme a los lineamientos del Instituto de Transparencia, Acceso a la Información y Protección de Datos Personales del Estado de Hidalgo (ITAIH)? Incluso se jactan de haber recibido un reconocimiento de este organismo.
Pero ¿qué tan extraviados estamos como sociedad si ahora se condecora a los funcionarios por simplemente cumplir las reglas mínimas de su cargo?
Insisten en que hay un plan. Dicen que existen proyectos para evitar que lo vivido esta temporada de lluvias se repita. Eso sí, advierten que dichos proyectos no ofrecen soluciones completas, pero que representan “un avance”.
Traducido: otro parche temporal que apenas resistirá hasta las próximas lluvias. Para entonces, los actuales funcionarios ya no estarán en sus cargos, y la responsabilidad volverá a caer en quienes lleguen a ocupar sus lugares. Como siempre. Como parece que seguirá siendo.
Tal vez la salida a este eterno ciclo de negligencia esté en una mayor participación ciudadana, en la construcción de un frente común ante las necesidades reales de nuestro municipio. Porque todo apunta a que la actual administración no tiene claras sus prioridades… o simplemente no creyó que gobernar fuera tan complicado.
No puedo evitar recordar una imagen muy clara: el actual presidente municipal, cuando aún era candidato, tembloroso, nervioso, visiblemente superado por la presión durante aquel lejano debate electoral.
Tal vez, fuera de cámaras, ese mismo individuo rebasado por las responsabilidades del cargo sigue ahí, escondido tras el traje del funcionario. *NI*
