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El Mercado Municipal Felipe Carbajal Arcia, uno de los centros de abasto más emblemáticos y tradicionales de Tula de Allende, cumple 77 años de servicio, consolidándose como un espacio histórico de comercio, convivencia y memoria colectiva para generaciones de tulenses. Desde su apertura en 1949, este recinto ha sido testigo del crecimiento social y económico de la ciudad, albergando una amplia variedad de puestos que ofrecen productos frescos, comida típica y servicios diversos, y forma parte de la vida cotidiana de la zona centro del municipio.

Entre los pasillos y voces de este icónico mercado destaca la figura del señor J. Socorro Bárcenas, quien con 86 años de edad y más de 70 años trabajando en este espacio es hoy uno de los comerciantes más longevos y referentes de este lugar. Su historia, marcada por el esfuerzo, la constancia y el arraigo, representa el espíritu del mercado y de quienes han dedicado su vida al comercio local.

“Llegué aquí cuando tenía 15 años, en una época en que este lugar estaba desolado, prácticamente vacío”, recuerda Bárcenas con voz serena. A pesar de no recordar con exactitud el año en que llegó —pues con el paso del tiempo algunos recuerdos se difuminan— estima que sería alrededor de 1955, conforme a sus propias cuentas. Desde entonces, ha visto cómo el mercado cobraba vida, paso a paso, atrayendo a más comerciantes y convirtiéndose en punto de encuentro para familias y visitantes.

Sus primeros años en el mercado no fueron sencillos: comenta que en la construcción del mercado se utilizaron a veces reclusos para ayudar en las obras, mientras que empresas como La Cruz Azul y La Tolteca colaboraban con materiales para la edificación de este recinto histórico. Con el tiempo, el mercado se fue llenando de vida y colores, reflejo de la pujanza comercial de la ciudad.

Bárcenas inició vendiendo barbacoa y más tarde tacos de cabeza, giros que con el tiempo dejó a cargo de sus hijos para dedicarse actualmente a su puesto de carnicería, el cual sigue atendiendo con la misma dedicación desde tempranas horas, abriendo su negocio día tras día a las 7 de la mañana.

Para él, uno de los momentos más especiales que ha vivido en más de siete décadas en el mercado es la convivencia entre comerciantes, especialmente en fechas de aniversario, cuando se solía cerrar la calle frente al inmueble para organizar una gran fiesta comunitaria de armonía, unidad y celebración. “Éramos como una gran familia”, comparte con nostalgia.

Cuando se le preguntó qué consejo le daría a su yo de 15 años al llegar al mercado, no dudó en responder: “No rendirse, trabajar con valores y tener la confianza de que todo va a salir bien”, palabras que se mantienen vigentes en su forma de vivir y trabajar.

De igual forma, Bárcenas expresa que no se imagina su vida sin el mercado. Para él, el hecho de abrir su local y atender a sus clientes es una experiencia diariamente gratificante, algo “bonito e inigualable” que lo impulsa a continuar pese a los años de trabajo.

La conversación se enriquece con la participación de su ahijado, Rubén, quien menciona que lleva más de 40 años trabajando junto a su padrino, y que a pesar de que Bárcenas ha sido animado a descansar, él prefiere mantenerse activo, ofreciendo atención personalizada y cercana a sus clientes.

Finalmente, el señor Bárcenas envió un mensaje a la población de Tula y a los visitantes: invitó a todos a recorrer el Mercado Municipal Felipe Carbajal Arcia, donde encontrarán una gran variedad de productos de calidad y la calidez de su gente, que día a día hace de este lugar un corazón de comercio y tradición.

Sin duda alguna a sus 77 años de su fundación, el Mercado Municipal Felipe Carbajal Arcia no solo celebra el paso del tiempo, sino la permanencia de las historias que lo sostienen. Entre sus muros no solo se comercia: se construyen recuerdos, se forjan amistades y se preserva la identidad de Tula. La figura del señor J. Socorro Bárcenas, abriendo su local cada mañana como lo ha hecho por más de siete décadas, simboliza esa resistencia silenciosa que mantiene vivo el corazón del mercado. En cada aniversario no solo se festeja un edificio, sino la vida de quienes lo han hecho suyo y lo siguen defendiendo con trabajo, dignidad y amor por su tierra. (POR JESÚS GARCÍA)

Por Nueva Imagen de Hidalgo

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