*El presidente austero que dignificó la política.

La muerte no siempre llega con estruendo. A veces se posa, serena y definitiva, sobre los hombros de los justos. Así partió José Mujica: sin alardes, sin ruido, como vivió. Dejó el mundo con la misma humildad con la que solía hablar desde su modesta chacra, acompañado de su compañera de toda la vida y de sus perros, bajo la sombra terrosa de los árboles, sin más protocolo que la verdad. 

José “Pepe” Mujica, expresidente de Uruguay, falleció el pasado martes 13 a los 89 años, tras una batalla contra el cáncer de esófago. Con su partida, no solo se despidió a un líder político sino a un símbolo de coherencia, austeridad y transformación profunda que traspasó las fronteras de la Banda Oriental. 

Mujica gobernó Uruguay entre 2010 y 2015 bajo el sello del Frente Amplio, un período que marcó un antes y un después en la historia reciente de aquel país. Bajo su mandato, Uruguay fue noticia mundial por un milagro económico sin sobresaltos, por legalizar el cannabis como medida para combatir el narcotráfico, y por aprobar el matrimonio igualitario, consolidando una democracia de derechos sin precedentes en la región.

Lejos del estereotipo del líder populista que se asoció a otros líderes de la izquierda iberoamericana, Mujica lideró uno de los procesos económicos más sólidos y justos de América Latina. Durante su presidencia, el PBI creció un 75%, el desempleo cayó a un histórico 5,6% y la pobreza se redujo del 40% al 12%. “No fue magia”, dirían algunos. En el caso de Mujica, fue parte de una estrategia cercana a su base electoral, que consistió en aumentar el salario mínimo, expansión del gasto social, impulso a la inversión pública y un modelo de redistribución que convirtió al Estado en protagonista del bienestar.

Mujica, que donaba el 85% de su salario como presidente, encarnó la convicción de que la política debía “servir a la gente, no para hacer plata”. Desde su chacra, en vez del palacio presidencial, gobernó con una cercanía inusual y una ética a contracorriente del poder tradicional. 

Quizás su decisión más audaz —y también la más debatida— fue la legalización del cannabis en 2013, marcando un precedente a nivel mundial. Mujica hizo que Uruguay se convirtiera en el primer país del mundo en regular la producción, distribución y venta de marihuana a través del Estado. ¿El objetivo? Restarle mercado al narcotráfico, y tratar el consumo como un problema de salud pública, no desde una perspectiva criminal.

La estrategia fue integral: acceso controlado a través de farmacias, clubes de cultivo y registros voluntarios. Años después, el balance fue claro: caída del mercado ilegal, mejor control de calidad, desarrollo de la industria del cannabis medicinal y apertura de nuevos nichos laborales y científicos. “La política es asumir riesgos por el bien de la sociedad”, dijo en su momento, desafiando a los sectores más conservadores. Para Mujica, pelear contra el narcotráfico no era militarizar los barrios, sino romper sus fuentes de financiamiento.

El segundo gran legado de Mujica fue haber empujado a Uruguay a la vanguardia en derechos humanos. En 2012, se legalizó la interrupción voluntaria del embarazo (IVE) hasta la semana 12 de gestación. Su política tuvo como resultado cero muertes por abortos clandestinos y la tasa de mortalidad materna más baja del continente. 

Ese mismo año, el país aprobó la ley de Matrimonio Igualitario, reconociendo el derecho de las parejas del mismo sexo a casarse en igualdad de condiciones. Mujica lo justificó con su estilo directo: “Hemos decidido aceptar la existencia de la realidad”. Para muchos, estas reformas consolidaron a Uruguay como un faro progresista en la región. Para otros, fueron muestras de un liderazgo valiente, que no buscaba el aplauso sino el avance social. 

Mujica también sembró políticas de largo plazo. Impulsó el Plan Juntos, que construyó más de 15.000 viviendas para personas en situación crítica. Promovió la creación de la Universidad Tecnológica (UTEC), permitiendo el acceso a la educación terciaria en el interior del país, lejos de la capital. Además, transformó la matriz energética: más del 90 % de la electricidad de Uruguay comenzó a provenir de fuentes renovables durante su gobierno. El país pasó a ser un ejemplo global en energías limpias, reduciendo su dependencia del petróleo y exportando excedentes eléctricos a países vecinos. 

La figura de Mujica traspasó fronteras, en parte por su estilo austero. Su vochito celeste, su casa rural, su lenguaje sencillo y sus frases filosóficas hicieron de él un fenómeno global. Pero esa imagen nunca fue impostada: era la expresión visible de una coherencia interna. “El poder está en el corazón de las grandes masas”, solía decir, dejando en claro que el liderazgo verdadero se construye desde el servicio y no desde el privilegio. 

Su legado no fue solo económico o legislativo. Fue, sobre todo, ético. Gobernó como vivió: íntegro hasta la médula que dejó lecciones de humildad y verdadero trabajo al servicio de las poblaciones vulnerables. Demostró que la política puede ser una herramienta de transformación, siempre que se ejerza con honestidad. *NI*

Por Nueva Imagen de Hidalgo

Medio de comunicación impreso que nació en 1988 y con el correr de los años se convirtió en un referente en la región de Tula del estado de Hidalgo. Se publica en formato PDF los miércoles y a diario la página web se alimenta con información de política, policíaca, deportes, sociales y toda aquella información de interés para la población.

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