*El primer podólogo que se instaló hace 30 años en Tula habla de su experiencia en esta rama de la medicina.
*”Los pies son la parte del cuerpo más lejana del corazón” y por eso casi no se cuidan, reflexiona José Ricardo Serrano Tabla.
Por MARLENE GODÍNEZ PINEDA
En un consultorio con camilla, instrumentos médicos y la calidez del trato humano, se revela una profesión frecuentemente malinterpretada: la podología. “Muchos creen que solo cortamos uñas”, comenta el podólogo José Ricardo Serrano Tabla; “pero la podología es una rama de la medicina que estudia y trata de forma integral al pie”.
Con estas palabras inicia una conversación que lanza luz sobre una práctica fundamental para la salud general del cuerpo. En palabras del experto, la palabra “podología” proviene del griego podo (pie) y logos(estudio), y define a quienes se dedican a entender y atender todas las afecciones que pueden presentarse en esta parte del cuerpo.

Más allá del síntoma: el pie como reflejo del cuerpo
“Para poder entender por qué una uña se encarna, necesito hacer un estudio biomecánico”, señala el podólogo. Esto incluye analizar el peso del paciente, su estatura, cómo camina, el calzado que usa, sus hábitos de higiene y sus actividades cotidianas. Cada uno de estos factores puede contribuir a desencadenar patologías como uñas encarnadas, callosidades, micosis, resequedades y más.
Además de las condiciones dermatológicas y biomecánicas, el especialista subraya que muchas afecciones podales son consecuencia directa de enfermedades sistémicas como la diabetes, problemas circulatorios o inmunodeficiencias. “Por eso tratamos al paciente de forma integral. No se puede ver el pie como algo aislado”, añade.
Las afecciones más comunes
De acuerdo con su experiencia, hay cinco patologías principales que atienden en consulta: uñas encarnadas, hiperqueratosis o callosidades, alteraciones musculares por biomecánica o calzado inadecuado, deformidades estructurales del pie e infecciones dermatológicas como la queratolisis punctata, muy común en temporadas de calor. Esta última, causada por bacterias, provoca olores intensos y requiere tratamiento especializado.
Formación y lucha contra la improvisación
Contrario a la creencia popular, la podología es una carrera profesional que exige una licenciatura de cuatro años. “Es como estudiar para dentista, con materias médicas pero enfocadas totalmente al pie”, explica el profesional.
Sin embargo, el sector enfrenta un problema persistente: la improvisación. Personas sin formación adecuada ofrecen servicios podológicos, poniendo en riesgo la salud de los pacientes. “Lamentablemente, las autoridades de salud no cuentan con el personal ni el tiempo para supervisar”, denuncia. “Hace 30 años solicité que me visitaran para certificar mi consultorio… aún lo estoy esperando”.
El proceso para abrir un centro podológico formal implica presentar la cédula profesional y demostrar experiencia mediante constancias de actualización, diplomados y participación en congresos. Aun así, admite con preocupación que muchas veces la licencia llega automáticamente por internet, sin verificación exhaustiva.
La ética como base de la profesión
Consciente de la responsabilidad que implica su labor, José Ricardo Serrano cierra con una reflexión: “Yo siempre he creído que cada uno puede dedicarse a lo que quiera, siempre y cuando no ponga en riesgo la salud de la gente”.
Así, este testimonio abre una ventana a un campo que, pese a su relevancia médica, continúa luchando por reconocimiento y regulación. Un llamado urgente no solo a las autoridades, sino también a la conciencia de quienes buscan atención en salud: en los pies también comienza el bienestar integral.
Treinta años de servicio podológico en Tula: entre el estigma, la prevención y la educación
Hace tres décadas, el 26 de septiembre de 1994, el podólogo llegó a Tula con una misión clara: atender la salud de los pies en una comunidad donde, en ese entonces, ni siquiera se conocía el término “podólogo”. Su experiencia no solo ha sido de atención médica, sino de lucha constante por educar a una población que históricamente ha considerado a los pies como “la parte más lejana del corazón”, como él mismo lo expresa.
En entrevista, Serrano Tabla compartió una de las experiencias más tristes de su carrera. Un paciente diabético, extrabajador de la fábrica Cruz Azul, solía acudir con él usando botines charros que le provocaban severas lesiones en los pies. A pesar de las advertencias reiteradas del podólogo, el hombre minimizaba los riesgos, confiando en que siempre sería atendido a tiempo.
Un día, sin embargo, regresó del hospital con una noticia devastadora: le iban a amputar un pie. “No lo puedo ni debo tocar”, recuerda haberle dicho al ver el estado de la herida. Meses después, lo encontró en una silla de ruedas, con ambos pies amputados. “Fue tristísimo”, relata con pesar.
Más allá de los casos extremos, el podólogo insiste en que lo más difícil de su labor ha sido cambiar la percepción cultural sobre el cuidado de los pies. “Desde niños nos dicen que los pies son feos, sucios, que huelen mal. Todo eso va formando una idea que nos hace ignorarlos hasta que ya es muy tarde”, explica. A esto se suma una resistencia generalizada hacia la prevención. “Si hoy me duele el oído, mañana voy al doctor. Pero si me duelen los pies, mañana espero que se me pase”, ejemplifica.
A su llegada a Tula, enfrentó también el desconocimiento de su profesión. “La gente pensaba que era un lujo, pero parecido a ir a la estética. Y cuando veían la diferencia de precios entre un podólogo y un servicio de pedicure, preferían lo más barato, aunque no fuera seguro”, comenta. Para cambiar esa visión, realizó una intensa labor de difusión: entrevistas en radio, distribuyó volantes, ofreció pláticas en hospitales, clínicas del IMSS, escuelas primarias y clubes de diabéticos.
Hoy, tres décadas después, aunque reconoce avances en la conciencia colectiva, sigue viendo con preocupación cómo muchas personas acuden con él solo cuando el dolor ya es insoportable, y luego desaparecen hasta el siguiente episodio. “Nuestra labor principal es educar y concientizar. La prevención es la mejor medicina”, concluye.
La historia de este pionero de la podología en Tula no solo revela los desafíos de una profesión poco comprendida, sino también el esfuerzo silencioso de quienes, desde su trinchera, trabajan por cambiar hábitos profundamente arraigados para mejorar la salud y la calidad de vida de su comunidad.
Uno de sus primeros pacientes
Hace tres décadas, el podólogo llegó a Tula motivado por una necesidad detectada por uno de sus primeros pacientes, don Fernando Moctezuma, a quien conoció mientras trabajaba en una clínica en Atizapán de Zaragoza, Estado de México. “Él fue el que me dijo: ‘No hay un podólogo en Tula, por eso yo vengo hasta acá’. Y fue así como llegué aquí”, rememora José Ricardo Serrano Tabla.
También recuerda a doña Carmelita, una de sus primeras pacientes, que tenía un acuario sobre la avenida Zaragoza. Y no olvida a quien le sugirió ponerle el nombre de Clínica del Pie a su consultorio, en lugar de “podólogo” con el que lo identificaba, para que los pacientes supieran qué tipo de atención podrían recibir.
En sus inicios, la situación no fue fácil. Durante seis meses solo atendía a un paciente diario. Aun así, decidió quedarse, instalándose en un local del edificio Emperador, donde dormía en un catre y calentaba agua con una parrilla eléctrica para bañarse. “Algo me decía que me tenía que quedar aquí y no desistir”, comparte.
Hoy, con décadas de experiencia, recuerda cómo ha evolucionado la podología: desde los tiempos en los que algunos colegas creían innecesaria la anestesia, hasta el uso de láser, ultrasonido, órtesis con memoria, brackets para uñas y calzado especializado para diabéticos. “Tenemos muchas herramientas para brindarle salud a los pies”, afirma.
José Ricardo Serrano señala que, aunque la mayoría de sus pacientes son adultos, actualmente ha aumentado la atención a jóvenes, incluso a recién nacidos. El pacientito más pequeño que ha atendido tenía apenas 16 días de nacido. “Era por su uñita. A veces la posición fetal hace que la uña se encarne”, explica.
Insiste en la importancia de la prevención y el cuidado adecuado: aseo diario, uso de calzado correcto y revisión periódica, especialmente en adultos mayores o personas con diabetes. “No todo lo que hace las uñas gruesas es hongo. Hay muchas patologías que aparentan serlo”, advierte, y critica el hábito de autorrecetarse productos por televisión, lo que puede agravar la situación.
Finalmente, recomienda a los pacientes tomar fotografías de sus pies con regularidad para comparar posibles cambios. “Todo eso sirve para prevenir cualquier enfermedad que pudiera ser más grave en los pies”, concluye. *NI*
