Presa Endhó: maquinaria vieja, lirio imparable y trabajadores expuestos a aguas negras

Por MARLENE GODÍNEZ PINEDA
TEPETITLÁN, Hgo
.— La maleza cede a golpes de cuchilla, pero no sin resistencia. La máquina avanza lenta, hundida entre lodos y aguas negras que levantan una brisa nauseabunda, capaz de impregnar todo. El operador —ya resignado a la hediondez diaria— trabaja con o sin protección; aquí nadie se salva del contacto directo con uno de los cuerpos de agua más contaminados del país y tal vez del mundo.
En la presa Endhó, cubrirse la boca, la cabeza y bañarse en repelente es apenas una defensa mínima. El lirio acuático sirve de refugio a millones de moscos cúlex, y cada centímetro de piel descubierta se convierte en objetivo. Pero la picadura es apenas la primera amenaza: ojos y garganta arden con frecuencia por la exposición constante a las aguas negras que llegan desde el Valle de México. Y si aparecen infecciones, no hay médico ni institución que responda. Cada quien paga sus propias consecuencias.
A las seis de la mañana, desde el embarcadero de San Mateo La Curva, arranca la jornada más dura. Durante ese primer turno, que termina al mediodía, la meta es triturar hasta 12 hectáreas. A veces lo logran; a veces no. Todo depende de lo que la máquina encuentre en su camino: raíces, tallos, objetos de todos tamaños como refrigeradores, pedacería de autos, troncos de árboles de grandes dimensiones que quedan atrapados en los frentes de corte, dañan las máquinas y, en ocasiones, dejan ver cadáveres.
Hay zonas donde el lirio se alza seco, como si llevara semanas sin moverse, y otras donde renace verde e imparable, alimentado por los nutrientes de un agua que, lejos de morir, parece seguir dándole fuerza. El viento empuja islotes de planta que avanzan como ejércitos convocados. Un paisaje interminable, que vuelve evidente una verdad incómoda: aquí la maquinaria siempre llega tarde.
Las cuatro máquinas estatales —viejas, con dos décadas de servicio y que suelen dañarse con frecuencia— intentan avanzar bajo responsabilidad de la Semarnath. Su tarea prioritaria es abrir paso en la trituración y contener la reproducción, un esfuerzo que apenas logra romper la alfombra densa del lirio.


En medio de ese panorama, las cifras oficiales de la semana del 1 al 5 de diciembre parecen tratar de ofrecer un respiro: Semarnath, en coordinación con Conagua, reportó la trituración de 58.5 hectáreas de lirio acuático en el vaso de la presa. Las jornadas iniciaron a las 6:30 de la mañana y concluyeron a las 18:00 horas; después, entre las 18:00 y 19:00 horas, se abasteció de combustible a las máquinas. Delegados municipales de Michimaloya y Xijay estuvieron presentes para verificar el consumo, como si vigilar el diésel pudiera compensar la lentitud obligada por equipos rebasados.
El número —58.5 hectáreas en cinco días, aunque a veces llegan a las 65— está ahí, registrado. Pero ante un cuerpo de agua cubierto de extremo a extremo, esos avances lucen como pequeñas heridas en un gigante verde que sigue creciendo más rápido que las máquinas pueden triturarlo.
Paradójicamente, las más beneficiadas del paso de la maquinaria son las garzas blancas y negras, que merodean sin miedo entre el ruido. Ellas sí entendieron que los corredores de lirio triturado significan alimento. Algunas llevan años reconociendo de memoria a los operadores, que suman hasta 30 años subidos a esas mismas máquinas.
Con este escenario —vista que comparten autoridades auxiliares de los pueblos ribereños— suena casi imposible que en marzo de 2026 la presa Endhó esté saneada, como lo proclamó el titular de Conagua Hidalgo, Félix Brambila. No lo será —al menos no con tres o cuatro máquinas que suelen quedar fuera de servicio por descomposición— y no por falta de disposición de quienes se parten el cuerpo entre lodo, moscos e infecciones, sino por la magnitud de un problema al que se llega tarde y con recursos insuficientes.
Acciones oficiales: un plan a 12 años para comunidades que ya no pueden esperar
Brambila reconoció que alrededor del lirio y del mosco cúlex hay “distintos intereses”. Aseguró que desde el 27 de octubre la presa comenzó a ser intervenida bajo responsabilidad de Conagua, con plena disposición de Pemex y coordinación institucional.
Explicó que la trituración es una medida mecánica necesaria, pero no la única. Se estudia el uso de control químico, aunque todavía no se define un producto que no represente riesgo para la población. Mientras tanto, otras áreas ya realizan fumigaciones.
El plan de acciones, recordó, forma parte del decreto de restauración ambiental que contempla 12 años de trabajo. Doce años para una presa donde las comunidades exigen limpieza urgente, porque cada día perdido significa más moscos, más infecciones y más riesgo.
Brambila aseguró que Pemex garantiza el suministro de diésel y que habitantes de la zona supervisan diariamente el uso del combustible y los horarios: el arranque se revisa a las 6:00 de la mañana y la carga se realiza alrededor de las 6:07 de la tarde. Dijo también que existe buena coordinación con los delegados, aunque “algunas voces buscan generar conflictos”.
El funcionario reiteró su sensibilidad ante la preocupación legítima por el mosco cúlex y afirmó que el compromiso es mantener la trituración de manera permanente, y no solo por temporada. Pero frente a la realidad de la presa, los trabajadores expuestos y la maquinaria obsoleta, la pregunta persiste: ¿quién responde por un problema que avanza más rápido que las soluciones oficiales?

Por Nueva Imagen de Hidalgo

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