*Semarnat insiste en socializar el proyecto.
*Será un basurero disfrazado, insisten ambientalistas.

Por Marlene Godínez Pineda

Mientras en algunas comunidades de Tula, Tlaxcoapan y Atitalaquia surgen llamados a organizarse para frenar lo que habitantes califican como “un basurero disfrazado de proyecto ecológico”, la Semarnat sostiene que continuará el proceso de socialización del proyecto de parque ecológico y de reciclaje que impulsa en Hidalgo, con miras a la consulta ciudadana a realizarse el 14 de diciembre.
Un mensaje que circula entre pobladores advierte que el proyecto —presentado como de “justicia ambiental y social”— sería en realidad un centro de tratamiento de basura y aguas residuales que otras comunidades ya rechazaron por su posible impacto contaminante. También coincidieron padres de familia de la escuela primaria Benito Juárez de Tlaxcoapan, cuya reunión estaba programada para el martes 25 de noviembre.
Vecinos de Bomintzhá, comunidad de Tula, previo a la reunión que se realizó el sábado 22, llamaron a no dejarse “engañar” con la promesa de empleos y a acudir a reuniones informativas para expresar su oposición. “Que no nos traten como tontos e ignorantes”, se lee en el mensaje, donde también piden que la inconformidad no se desestime como desinformación.
En este contexto, el subsecretario de Desarrollo Sostenible y Economía Circular de la Semarnat federal, José Luis Samaniego Leyva, explicó en entrevista que el gobierno estatal ha sostenido diversas reuniones para socializar el proyecto, incluyendo encuentros con médicos, profesores de educación básica y media superior, grupos religiosos, representantes de la prensa y ayuntamientos de Tula, Tlaxcoapan y Atitalaquia.
El funcionario señaló que el objetivo es que el cabildo y todos los grupos atendidos cuenten con una visión clara del proyecto, cuya propuesta central es un manejo alternativo de los residuos para evitar tiraderos a cielo abierto y reducir la contaminación ambiental. Según dijo, el parque ecológico fungiría como “pulmón verde” para Tlaxcoapan, Atitalaquia y Tula, con una extensión que podría llegar a 150 hectáreas —iniciando con 40—, mientras que la zona de reciclaje abarcaría 20 hectáreas, con opción de ampliarse 10 más.
Aseguró que no se pretende instalar un nuevo basurero, como temen los vecinos, sino transformar los residuos para obtener productos útiles, como biogás, electricidad, aceite derivado de plásticos, además de reciclar cascajo y pulverizar llantas para reincorporarlas a procesos productivos. Para ello, añadió, se requiere garantizar el suministro de desechos por parte de los municipios y de grandes generadores.
Samaniego Leyva reconoció que el proyecto genera preocupación y que existen grupos abiertamente en contra. Sin embargo, insistió en que continuarán dialogando con ellos y participarán en la consulta ciudadana, con el objetivo de que cualquier postura —a favor o en contra— no se base en información incompleta. “Que no sea por estar desinformados”, resaltó.
El subsecretario también recordó que los problemas actuales de manejo de residuos son visibles, como la montaña de basura acumulada fuera del predio donde opera el relleno sanitario regional en Tula, situación que, dijo, se repite en gran parte del país. NI

Por Nueva Imagen de Hidalgo

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